No se quién me dijo una vez que en la vida de un estudiante siempre hay un momento en que conoce a un profesor especial, un profesor que le hace cambiar la manera de ver las cosas en la vida, que le abre los ojos y le enseña al ver el mundo desde una nueva perspectiva que nunca se había planteado y desde ese momento en que contacta con él uno lo recuerda el resto de su vida como un punto clave en su desarrollo como ser humano. Supongo que el mío debió de ser la profesora de párvulos que me hacía comer los phosquitos llenos de basura que yo tiraba a la papelera a la hora del recreo, porque a parte de ésta (zorra) no recuerdo haberme encontrado con ese profesor mítico.
"Tus ojos son dos luceros, tu mejilla, dos manzanas, qué linda ensalada de frutas, haríamos con mi banana" "Ohhh profesor, es preciosa" "profesor, nos ha hecho descubrir la belleza de la vida""¡Nada volverá a ser igual profesor!"
Y las películas. Esas películas donde el joven universitario con problemas en su aprendizaje y en su vida personal conoce a ese profesor, al principio serio y distante, pero que cuando lo conoce más a fondo se convierte en un guía espiritual como ninguno que hace que el pupilo supere sus problemas. Esa Michelle Pfeiffer que es capaz de luchar contra veinte pandilleros drogadictos para hacerlos encauzar, ese profesor de poesía gay que hace reuniones clandestinas con sus alumnos mientras les enseña el arte de la vida, ese profesor al que le falta un brazo y se transforma en lagarto para convertirse en tu archienemigo, ese profesor que viaja contigo a los años cincuenta para que tus padres se besen en el baile del encantamiento bajo el mar. Yo no he tenido nada de eso (salvo un cura que me metió un puñetazo en la cara por decir que el colegio era una mierda, gracias padre).
"Y hasta aquí el tema de hoy" "profesora no he entendido bien el último punto" "Calla y fóllame tonto"
No puedo negar que los profesores que me encontré durante la carrera también te dejaban marcado de por vida, el problema es que no era precisamente positivamente, si no que te dejaban traumatizado de por vida.
No recuerdo cual de ellos fue el que nos recibió el primer día de clase, ni quién nos explicó el funcionamiento de la facultad, ni siquiera la primera clase que tuve, lo cual demuestra que mucha mella no dejaron en mí. Aun así les guardo el suficiente rencor como para acordarme de ellos por aquí.
El Sheriff que va de chulo : El profesor pedante, el Risto Mejide de la puta facultad, alto, con el pelo corto para disimular su calvicie en la coronilla y perilla para crear un escudo invisible entre él y el alumno. No es el profesor que te marca y te cambia la vida, aunque dentro de su cabeza el tenía el convencimiento de que sí lo era. El típico profesor que te pide madurez mientras que te trata como a un crío y a cada pregunta te humilla y te demuestra lo rematadamente tonto que tu eres comparado con él (no lo digo por experiencia propia, ojo, yo ni pregunto en clase ni me hace falta una pregunta para humillarme soy capaz de hacerlo con la boca cerrada).
Píntale una perilla a esta roca y tendrías un clon más asertivo de mi profesor
El típico que en cuanto cruza el umbral de la puerta se olvida de tu cara, tanto da que acabes de hablar con él, si te lo cruzas por la calle no te saludará, si te lo cruzas en la cafetería de la facultad, no te saludará, si te lo cruzas en cualquier cosa que no sea el estricto cerco de la clase, ni te mirará, aunque le hayas pisado el escroto al pasar. Como nota curiosa, el muy cabrón, el primer año de facultad, nos hizo leernos un libraco monumental sobre el funcionamiento de los sentidos, el cerebro, neuronas, neurotransmisores y demás mariconadas que se nos atragantó a toda la clase, primero por su complejidad (muchos éramos de letras), segundo por su longitud (algo así como una versión extendida y con notas a pié de página de El señor de los Anillos) y tercero por el poco tiempo que nos dio para leerlo. La gracia: a pocos días del examen nos dijo que aquel tocho no entraba, que solo lo había hecho leer para hacernos tener algún conocimiento básico sobre el tema. Todos se cagaron en él. Lo que hace más gracia todavía: Yo no me lo había leído porque soy el tío más vago sobre la capa de la tierra.
Este chico se leyó los seiscientos venticinco libros que componían la bibliografía obligatoria, al día siguiente de enterarse que la asignatura se aprovaba solo con asistencia lo encontraron ahorcado en su cuarto
Lo bueno de este profesor, es que iba tan de adulto y nos trataba tan como a críos y sub-seres inferiores es que el día del examen, ante la mirada atónita de sesenta personas sacó una estrella de Sheriff y se la puso en la solapa mientras decía no se qué mariconada de que éramos unos inmaduros y nos tenía que vigilar como en un colegio o algo así. Vivan las incongruencias, nos llamas infantiles y te pones a jugar a pistolitas.
Complicadas y modernas técnicas de recuperación de datos nos han permitido conseguir la imagen mental que tenía de su papel para con nosotros
El vagabundo: Imagínate por un momento un sapo ¿lo tienes? Ok, ahora humanízalo como si evolucionase durante un millón de años, dale una calva y el pelo largo por detrás y ahora aparéalo con el profesor de música de Lisa Simpson y en el resultado tendrás a mi profesor. Buen hombre, por supuesto, con montones de conocimientos, desde luego, pero un muy mal docente, hablando a tan pocos decibelios que un perro necesitaría una trompetilla para captar algo de lo que decía (¿mencioné ya lo inmensamente grandes que eran algunas clases y como se perdía el sonido en ellas verdad? Pues bien, su sonido era el puto Ryoga de las voces). Además el hombre acostumbraba a ir bastante desaliñado, camisa medio por dentro medio por fuera, greñas despeinadas y levantadas y barba de varios días (el típico científico loco que acaba de cruzar una cebra con un orco en su despacho antes de ir a dar la clase).
Ummm, algo así, pero con más pintas de vagabundo, el típico tío del que no te extrañarías viendolo hurgar en tus basuras
Lo bueno: Teníamos una técnica con él que era infalible para hacer descansos entre clase longevos de verdad –eran de dos horas las asignaturas y se hacían cinco minutos de pausa para el cigarrillo- y era enviarle alguien a preguntar algo de la mitad de la clase que llevaba y como no tenía mucha capacidad de síntesis el hombre se podía pasar hasta cinco minutos contestándole la pregunta y claro, hasta que él no se fumaba su cigarrillo no consideraba que el descanso había acabado. Otra curiosidad de este hombre es que en un par de ocasiones nos lo encontramos rulando por la ciudad como un vagabundo, la primera, en una estación de tren, totalmente desaliñado y dando vueltas al azar por allí, y la segunda en las barracas que se hacen en mi localidad por ferias y fiestas (una especie de macro botellón que organiza el ayuntamiento y lleva grupos a tocar y tal en un descampado chungo). Obviamente cuando le dijimos que le habíamos visto pululando por allí lo negó por lo que o tenía graves problemas de retención de memoria o algo turbio debía estar haciendo por allí.
"¿Oye Pit, te vienes a buscar unas colillas?""Lo siento Joe, tengo que subir a la facultad a dar unas nociones sobre genes recesivos, vigílame el carro de mientras"
A destacar que de todos los años que nos dio clase, el único conocimiento que se ha quedado grabado en mi cabeza ha sido que si a la mosca Drosophila se la rocía con unos gases chungos le crecen un par de alas extras. Apasionante a la vez que utilísimo para un estudiante de psicología.
Si yo quiero, puedo mutarla, hasta ahí alcanza mi poder, buahahahaha
En fin, espero continuar otro día repasando grandes docentes de mi facultad, y si puedo haciendo una crítica de la formación que se nos dio a toda mi promoción de energúmenos.