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El Blog del Mapache Ninja

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¿POR QUÉ ESTUDIÉ PSICOLOGÍA? Parte Seven (sin Morgan Freeman): Profesores
Publicado @ 4:09 - 1/4/2008
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-PROFESORES I-

No se quién me dijo una vez que en la vida de un estudiante siempre hay un momento en que conoce a un profesor especial, un profesor que le hace cambiar la manera de ver las cosas en la vida, que le abre los ojos y le enseña al ver el mundo desde una nueva perspectiva que nunca se había planteado y desde ese momento en que contacta con él uno lo recuerda el resto de su vida como un punto clave en su desarrollo como ser humano. Supongo que el mío debió de ser la profesora de párvulos que me hacía comer los phosquitos llenos de basura que yo tiraba a la papelera a la hora del recreo, porque a parte de ésta (zorra) no recuerdo haberme encontrado con ese profesor mítico.


"Tus ojos son dos luceros, tu mejilla, dos manzanas, qué linda ensalada de frutas, haríamos con mi banana" "Ohhh profesor, es preciosa" "profesor, nos ha hecho descubrir la belleza de la vida""¡Nada volverá a ser igual profesor!"

Y las películas. Esas películas donde el joven universitario con problemas en su aprendizaje y en su vida personal conoce a ese profesor, al principio serio y distante, pero que cuando lo conoce más a fondo se convierte en un guía espiritual como ninguno que hace que el pupilo supere sus problemas. Esa Michelle Pfeiffer que es capaz de luchar contra veinte pandilleros drogadictos para hacerlos encauzar, ese profesor de poesía gay que hace reuniones clandestinas con sus alumnos mientras les enseña el arte de la vida, ese profesor al que le falta un brazo y se transforma en lagarto para convertirse en tu archienemigo, ese profesor que viaja contigo a los años cincuenta para que tus padres se besen en el baile del encantamiento bajo el mar. Yo no he tenido nada de eso (salvo un cura que me metió un puñetazo en la cara por decir que el colegio era una mierda, gracias padre).


"Y hasta aquí el tema de hoy" "profesora no he entendido bien el último punto" "Calla y fóllame tonto"

No puedo negar que los profesores que me encontré durante la carrera también te dejaban marcado de por vida, el problema es que no era precisamente positivamente, si no que te dejaban traumatizado de por vida.

No recuerdo cual de ellos fue el que nos recibió el primer día de clase, ni quién nos explicó el funcionamiento de la facultad, ni siquiera la primera clase que tuve, lo cual demuestra que mucha mella no dejaron en mí. Aun así les guardo el suficiente rencor como para acordarme de ellos por aquí.

El Sheriff que va de chulo : El profesor pedante, el Risto Mejide de la puta facultad, alto, con el pelo corto para disimular su calvicie en la coronilla y perilla para crear un escudo invisible entre él y el alumno. No es el profesor que te marca y te cambia la vida, aunque dentro de su cabeza el tenía el convencimiento de que sí lo era. El típico profesor que te pide madurez mientras que te trata como a un crío y a cada pregunta te humilla y te demuestra lo rematadamente tonto que tu eres comparado con él (no lo digo por experiencia propia, ojo, yo ni pregunto en clase ni me hace falta una pregunta para humillarme soy capaz de hacerlo con la boca cerrada).


Píntale una perilla a esta roca y tendrías un clon más asertivo de mi profesor

El típico que en cuanto cruza el umbral de la puerta se olvida de tu cara, tanto da que acabes de hablar con él, si te lo cruzas por la calle no te saludará, si te lo cruzas en la cafetería de la facultad, no te saludará, si te lo cruzas en cualquier cosa que no sea el estricto  cerco de la clase, ni te mirará, aunque le hayas pisado el escroto al pasar.
Como nota curiosa, el muy cabrón, el primer año de facultad, nos hizo leernos un libraco monumental sobre el funcionamiento de los sentidos, el cerebro, neuronas, neurotransmisores y demás mariconadas que se nos atragantó a toda la clase, primero por su complejidad (muchos éramos de letras), segundo por su longitud (algo así como una versión extendida y con notas a pié de página de El señor de los Anillos) y tercero por el poco tiempo que nos dio para leerlo. La gracia: a pocos días del examen nos dijo que aquel tocho no entraba, que solo lo había hecho leer para hacernos tener algún conocimiento básico sobre el tema. Todos se cagaron en él. Lo que hace más gracia todavía: Yo no me lo había leído porque soy el tío más vago sobre la capa de la tierra.


Este chico se leyó los seiscientos venticinco libros que componían la bibliografía obligatoria, al día siguiente de enterarse que la asignatura se aprovaba solo con asistencia lo encontraron ahorcado en su cuarto

Lo bueno de este profesor, es que iba tan de adulto y nos trataba tan como a críos y sub-seres inferiores es que el día del examen, ante la mirada atónita de sesenta personas sacó una estrella de Sheriff y se la puso en la solapa mientras decía no se qué mariconada de que éramos unos inmaduros y nos tenía que vigilar como en un colegio o algo así. Vivan las incongruencias, nos llamas infantiles y te pones a jugar a pistolitas.


Complicadas y modernas técnicas de recuperación de datos nos han permitido conseguir la imagen mental que tenía de su papel para con nosotros

El vagabundo: Imagínate por un momento un sapo ¿lo tienes? Ok, ahora humanízalo como si evolucionase durante un millón de años, dale una calva y el pelo largo por detrás y ahora aparéalo con el profesor de música de Lisa Simpson y en el resultado tendrás a mi profesor. Buen hombre, por supuesto, con montones de conocimientos, desde luego, pero un muy mal docente, hablando a tan pocos decibelios que un perro necesitaría una trompetilla para captar algo de lo que decía (¿mencioné ya lo inmensamente grandes que eran algunas clases y como se perdía el sonido en ellas verdad? Pues bien, su sonido era el puto Ryoga de las voces). Además el hombre acostumbraba a ir bastante desaliñado, camisa medio por dentro medio por fuera, greñas despeinadas y levantadas y barba de varios días (el típico científico loco que acaba de cruzar una cebra con un orco en su despacho antes de ir a dar la clase).


Ummm, algo así, pero con más pintas de vagabundo, el típico tío del que no te extrañarías viendolo hurgar en tus basuras

Lo bueno: Teníamos una técnica con él que era infalible para hacer descansos entre clase longevos de verdad –eran de dos horas las asignaturas y se hacían cinco minutos de pausa para el cigarrillo- y era enviarle alguien a preguntar algo de la mitad de la clase que llevaba y como no tenía mucha capacidad de síntesis el hombre se podía pasar hasta cinco minutos contestándole la pregunta y claro, hasta que él no se fumaba su cigarrillo no consideraba que el descanso había acabado.
Otra curiosidad de este hombre es que en un par de ocasiones nos lo encontramos rulando por la ciudad como un vagabundo, la primera, en una estación de tren, totalmente desaliñado y dando vueltas al azar por allí, y la segunda en las barracas que se hacen en mi localidad por ferias y fiestas (una especie de macro botellón que organiza el ayuntamiento y lleva grupos a tocar y tal en un descampado chungo). Obviamente cuando le dijimos que le habíamos visto pululando por allí lo negó por lo que o tenía graves problemas de retención de memoria o algo turbio debía estar haciendo por allí.


"¿Oye Pit, te vienes a buscar unas colillas?""Lo siento Joe, tengo que subir a la facultad a dar unas nociones sobre genes recesivos, vigílame el carro de mientras"

A destacar que de todos los años que nos dio clase, el único conocimiento que se ha quedado grabado en mi cabeza ha sido que si a la mosca Drosophila se la rocía con unos gases chungos le crecen un par de alas extras. Apasionante a la vez que utilísimo para un estudiante de psicología.


Si yo quiero, puedo mutarla, hasta ahí alcanza mi poder, buahahahaha

En fin, espero continuar otro día repasando grandes docentes de mi facultad, y si puedo haciendo una crítica de la formación que se nos dio a toda mi promoción de energúmenos.

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Categorías: ¿Por qué estudié psicología?


En mi primer curro…(I)
Publicado @ 2:50 - 6/2/2008
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Tuve la suerte de poder tocarme los huevecillos placidamente cada verano hasta los diecisiete años, viciando como un psicópata a la consola y dando vueltas con los colegas, pero a partir de ese verano me tocó buscarme un curro, más que por obligación por parte de mis padres, por la decencia de sacarme un dinerillo pa mis cosas (vicios).

Así pues, como vivo en una ciudad que es una peste como ya he comentado en otras ocasiones, un par de amigos y yo cogimos el bus –en la época en que aun podías coger el bus sin coger de paso una infección- y nos hicimos kilómetros en busca de un currele de verano en algún pueblo de la costa. Lo bueno (malo) es que el autobús, el muy puñetero, te dejaba en la entrada del pueblo y hasta llegar al centro tenías que patearte algo así como siete kilómetros con el calor del verano golpeándote en la chola.


(cantando)Que buenos son, que buenos son, Buddha, Ganesha y Vishnu que nos llevan de excursión!

Pedimos curro en varios sitios y en todos nos fueron chapando poco a poco, en un supermercado porque no teníamos transporte propio y según nos dijo la tipa, aunque habíamos llegado allí en bus eso no le valía porque tenía estudiado de memoria todos los horarios de buses y no coincidían o yo que sé qué mierda nos explicó de su puta vida. En otro sitio nos dijeron que ya lo tenían todo lleno, en otro nos dijeron que no cogían gente de verano, en otro que ya tenían a los fijos de cada año y que no necesitaban de gente nueva (coño, ya podrían ir cambiando de curro cada verano los joputas acaparadores), por lo que la final, fuimos haciendo el camino de vuelta hacia la parada de bus, donde había otro supermercado parecido a los que aparecen en las pelis americanas en mitad de las carreteras, que no para ni Diós, y con las voces de las cajeras por el altavoz que se oye desde el parking…al final nos ofrecieron curro ahí.


Aunque no se nota en absoluto, es un montaje con photoshop, pero es para que os hagáis una idea de como era el lugar, unas bailarinas que por la noche se transformasen en vampiro le hubiesen dado un toque de clase y distinción

TOTAL= 14 kilómetros caminados bajo el sol para nada.

En aquel lugar donde nos ofrecieron curro nos citaron para hacernos unas entrevistas de curro por separado con los jefes de personal por lo que a cada uno nos citaron en horas separadas una tarde. Autobús viene, autobús va llegué una tarde lluviosa de Junio al lugar donde esperé para hacer la entrevista. Mientras esperaba vi  a una chica que trabajaba allí a la que se le cayó un bote de no se qué mierda al suelo por lo que me partí el ojete por dentro pensando “pringada”. También mientras esperaba vi encima de una estantería que tenían aquellas bolas típicas que cuando cogen impulso se van golpeando una a otra y se balancean continuamente sin parar y pensé para mi “si algún día soy psicólogo tendré una mierda de esas en mi despacho”.


Pues oye, al final no me compré ningún cacharro de estos, pero tengo una bola de billar número 8 que te dice el futuro y me mola más

Cuando me hicieron pasar dentro había cuatro tiparracos esperando que me hicieron sentar en una silla, dos eran los que se ocupaban de la selección de personal y recursos humanos y los otros dos eran los encargados de planta. Y cojones, me pregunto yo, ¿para una mierda de supermercado abandonado de la mano de Dios en el que no hay ni Cristo comprando y solo voy a estar dos o tres meses tiene que venir media Gestapo a interrogarme? En fin, allí entre preguntas y mariconeos (no literales, no penséis mal de tan varonil persona como soy yo) me explicaron las condiciones de curro: turnos de mañana de siete y media de la mañana a dos y media de la tarde una semana y de dos y media a diez y media de la noche otra semana, la primera semana de prueba haría turno partido mañana y tarde para probarme, pero me darían un día de fiesta (el resto del verano sin días de fiesta, of course), cobrando la brutal cantidad mensual de 90.000 pelas (unos 545 euros).


"¿Que té parecen 600 euros por 80 horas a la semana?""Muy bien señor""¡Pues serán 500!¡¡Y a partir de mañana tu nombre es Tobi!!""gracias señor"

Salí de allí más contento que unas castañuelas pensando en lo que me iba a comprar con esa pasta (una tele me vino a la cabeza, pa poder viciar como una guarra sin que me molestase nadie), y sí, cierto que no tener ni un día de vacaciones sonaba duro, pero coño, no había nadie allí comprando y los turnos intensivos te dejaban la mitad del día libre…POBRE PUTO INGENUO.

En resumen: hubo días que llegué a casa a la una y pico de la madrugada y el puto supermercado desierto resultó estar al lado de un camping infernal que se llenaba a muerte cada verano, por lo que acabé currando como un pequeño hijo de puta. Pero ya profundizaré con más calma otro día.


"¡¡Uooooooh!! ¡¡A por las cocacolas y el chopped, no hagáis prisioneros!!!""¡¡Allí hay un chico de verano!!""¡¡Que no escape! ¡¡Matadle!!"

Moraleja: cuando vayas a pedir un curro de verano date una vuelta un par de kilómetros alrededor del lugar no vaya a ser que hayan trampas ninja ocultas. Y desde luego, no aceptes nada donde cobres una puta mierda como hice yo!

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Categorías: cositas de mi vida : En mi primer curro...


¿Por qué estudié psicología? Parte Faif: Compañeras
Publicado @ 22:15 - 13/1/2008
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-COMPAÑERAS 1-

Ya había comentado en una entrada anterior que mi clase estaba formada por un 90% de chicas (que es  uno de los motivos principales, si no el que más, por el que escogí esta carrera), y como también había comentado, en vez de convertirse en un sueño idílico el estar rodeado de mozas durante cinco años, se convirtió en un extraño ejercicio de flagelación involuntaria. Dado el volumen de mozas que pululaban por ahí se me hace imposible hablar de ellas una por una, por lo que intentaré hacer grupos más o menos homogéneos a no ser que haya algún caso sangrante que merezca la pena.


                                      LOS COJONES

Miedo al mundo exterior: Ya comenté que la gran parte de estudiantes de psicología lo hacen para comprenderse ellos mismos y para buscar solución a sus problemas interiores…pues bien, este grupo era el mayor exponente de esto que digo, chicas con grandes carencias en sus habilidades comunicativas y sociales con el prójimo. Se caracterizaban por estar pisando la línea de un trastorno autista, las típicas que te cruzabas por los pasillos de la facultad, por la calle…y en vez de saludarte giraban la cara hacia el suelo y hacían como si no existieses, caminando siempre con paso rápido de un lugar a otro por miedo a que alguien intente entablar conversa con ellas, siempre calladas y ausentes en clase, ratoncillos miedosos de biblioteca y obviamente tan fiesteras como un ladrillo.


"En nuestra burbuja nadie se puede comunicar con nosotros" "Sí, sí que podemos, es transparente" "¡¡Aaaaaargh!!¡¡Un Humano!!"

Soy una ninja sideral tomando apuntes: Las verdaderas ratas de biblioteca, viviendo para y por la carrera: nunca faltando a clase –a no ser que tuviesen que asistir a un cursillo,  conferencia o cualquier otra mariconada-, tomando apuntes con cuatro bolis diferentes en la mano, uno de cada color para poder ir remarcando las cosas importantes a medida que toman nota y hacer cabeceras y sub-apartados, tomando palabra por palabra todo lo que dice el profesor, con notas a pie de página, separadores en los apuntes, raudas y veloces a la hora de acabar la clase para ir a la biblioteca a rapiñar antes que nadie la bibliografía recomendada (y ni mucho menos para hacer lo que se acostumbraba de hacer fotocopias del libro y dejarlo a disposición de los demás o compartir las copias si no para quedárselo ad infinitum). Su modus operandi: casa-clase-biblioteca-casa. Ni fiestas, ni salidas, ni quedadas, cada día hay que estudiar y pasar sus apuntes limpios a más limpios. Por norma general eran personas a las cuales no les podías pedir los apuntes (lástima), aunque había una excepción en todas ellas, y era una chica que aunque te los dejaba, se apuntaba en la agenda tu nombre, los apuntes dejados, el número de páginas, etc. No fuese que te los quedases claro…


"Procura no desordenarme los apuntes" "¿Los tienes por fecha?" "No" "¿Por orden alfabético?" "No" "¿Entonces?" "Por el número de kilocalorías que he quemado tomándolos" "wtf"

La tritón: Una de las cosas de las cuales más me arrepiento y más orgulloso estoy en partes iguales es de haber bautizado con un sobrenombre a una chica, y es que los primeros días (meses y años en algunos casos) de clase, al haber tanta cara nueva y tanta chavala, era muy difícil hacerse con el nombre de todas, y es por eso, que para referirme a una de ellas poco –nada- agraciada, la llamé con todo mi amor y cariño “La tritón”. Lo curioso del asunto es que debió de hacer gracia a los demás por lo que entre los chicos, y algunas chicas, las continuamos llamando “La tritón” durante los cinco años de carrera. Obviamente, siempre a sus espaldas, ya que si no la pobre se hubiese cortado las venas y a nosotros los huevos. No se puede decir que esté muy contento de mi hazaña, y menos porque después resultó ser buena chavala. Pero ya se sabe que crueles son los niños…
También bauticé a otra chica con el nombre de “la pintarrajeada”* puesto que siempre llevaba maquillaje –lila- en los ojos y los labios pintados, así como ropitas cucas a juego (bufandas y guantes lilas y esas cosas de las que la señorita Rottenmeier estaría sumamente orgullosa), lo malo o más bien bueno es que el sobrenombre no duró mucho porque por lo visto la chica iba siempre así a causa de los gustos de su madre, y en el momento en que se independizó con su novio empezó a llevar tops marca-pezones, tangas y demás ropas de las que no te permiten caminar erguido al verlas (yupiii).


                         Coñe, si son adorables

Las “estudio por mero trámite”: Posiblemente las que más rabian daban de todas, las que, envueltas en un halo de prepotencia, iban de profesionales de la psicología desde el primer día de clase, porque su madre/padre/tía/perro es psicólogo, porque cuando tenían tres añitos en vez de libros de Teo se leían a Myung y porque ellas lo valen. Todo lo saben, todo lo conocen, van a clase solo para pasar el rato y para preguntar gilipolladas y dar a conocer que a ellas eso que explica el profe ya les suena y la ignorancia del conjunto de la clase no las deja avanzar. Que no te toquen nunca en un trabajo en grupo, puesto que con ellas, tu opinión vale mierda, cualquier perspectiva diferente a la suya es inconcebible (“porque en el texto de León y Montero del artículo de métodos de investigación indirecta publicado en 1985 no ponía eso”), y en su mundo imaginario todo el trabajo lo están haciendo ellas y tú eres una inútil sanguijuela que se aprovecha de sus conocimientos (bueno, en mi caso tenían razón, qué cojones). Lo mejor de todo: cuando al final alguna de ellas suspendía un examen,  un placer que se daba muuuuuy contadas veces, pero sabroso como ninguno.

Las “me importan todas las notas menos la mía”: Y mira que era difícil chafardear los tablones de notas ya que en lugar de nombres los profesores ponían los DNIs en ellos, pero estas detectives de resultados hacían lo necesario para que eso no fuese un escollo en su objetivo. “¿Qué nota has sacado?””Un siete coma seis””Ui, no puede ser, solo hay dos siete coma seis en el tablón y uno es de Pepita y otro el de Clavelina, que ya se los  he preguntado””…puta”. No es que importe mucho que los demás sepan las notas que uno saca o si suspende o aprueba (y más a un orgulloso repetidos de BUP de mi generación, donde repetir cursos daba respeto y status dentro de la clase), pero cuando una desconocida sabe tus medias y tu nota final mejor que tú da un poco de rabia.


"Dime qué nota has sacado!" "Argh, no la he ido a mirar aún" "¡Mientes, te vi mirando el tablón!¡Volved a pasar la proyección!""¡¡Nooo otra vez Druidas noooo!!"

Las pijas: No van a clase, van a la pasarela. Ropas caras, tacones, extremadamente maquilladas y en vez de bolsa o mochila utilizan el binomio “bolso+carpeta” que les da un +5 en la tabla de críticos de Versace. ¿Cómo se lo hacían para subir los 150 escalones con tacones y no morir en el intento? No lo se. Quizás el novio las dejaba en la puerta en su Audi TT, quizás utilizaban polvos flu (o base) para aparecer en la chimenea del rector, o quizás simplemente, dentro de ellas habitaba el espíritu de Conan y aguantaban el dolor como unas campeonas.
Lo mejor de ellas: cuando había cena: “pues tendré que arreglarme un poco” WTF!!!1


"Uis, pues no se qué ponerme para ir a tomar algo, como nunca me arreglo, jijiji" "¿Por qué no pruebas con una bala en la cabeza?"

CONTINUARÁ…

*Sí, soy un cabronazo, qué le vamos a hacer.  Que el Karma haga lo que crea conveniente conmigo.

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Categorías: ¿Por qué estudié psicología?



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