Bueno, en realidad lo compré el sábado a falta de encontrar el Apollo Justice en la tienda, por lo que ya llevo unos cuatro días y poco jugando al título y como ya solo me faltan unas doce estrellas para tener las ciento veinte me veo en el derecho de ponerlo a parir un poco. Como me aburro lo haré en forma de preguntas formuladas a mi mismo y afirmaciones de las que a uno le vienen cuando está sentado en la taza del WC para hacerlo más interesante:
¿Es Mario Galaxy mejor que Mario Sunshine y Mario 64? Que es mejor que el juego de NGC no deja lugar a duda, tanto en diseño, en planteamiento, variedad, diversión…Sunshine era un buen juego, pero no lo que debiera haber sido. ¿Mejor que Mario 64? Creo que sí. El trabajo de diseño y variedad de fases en Galaxy es sublime, las situaciones mucho más inspiradas, las estrellas son más agradables de conseguir, enfrentamientos contra bosses más numerosos y divertidos, un mundo central mejor planteado –más pequeño y no tan pesado de recorrer si queremos cambiar de zona-. En el único punto en que me parece inferior es en composiciones musicales, y es que las de Mario64 son muy brutas (la carrera contra el pingüino, la bella melodía acuática, la de las fases de lava…), y ojo, que Galaxy tiene composiciones muy buenas y un toque bastante diferente al de los anteriores Mario que a mi me encanta, cosas como el tema de Jardín Safiro con los toques de guitarra acústica son la releche y dan ganas de jugar y rejugar durante horas. En resumen, para mi Galaxy es superior a Mario 64, es coger todo lo bueno del cartucho y multiplicarlo por mil, pocos puntos flacos tiene el puñetero.
Maravilla atemporal, tanto para N64 como para DS
Ser más variado implica que no tiene los putos mundos de siempre de lava, nieve y desierto? Galaxy es más variado, por desgracia, no tan variados, por lo que nos vamos a tener que comer los típicos mundos nevados donde Mario patina, los de lava en los que si te quemas Mario se descontrola y el desierto donde la arena se mete en los zapatos y cuando comes el bocata la notas crujir en los dientes. Por favor, no es obligatorio meter estos mundos en todos los putos juegos de plataformas, con lo bien que lo estabais haciendo vaya manera de darme un disgusto.
Parad ya con la puta lava y el maldito hielo joder, que los odio a muerte
Entonces, si es más variado ¿Se acabó el recoger putas monedas para ganar estrellas? Pues en un principio parecía que sí, que en un acto de originalidad se lo había currado y no tendriamos ni que recoger monedas rojas como en 64 ni mil millones de monedas azules como en Sunshine, pero a medida que pasaban las horas cada vez me estaba mosqueando porque las cuentas no me cuadraban…hasta que recoges las 105 estellas que puedes encontrar y te preguntas ¿y ahora qué? Pues ahora a recoger las 15 que te faltan a través de la recolección de estrellas púrpura de mierda. No llevo muchas, pero desde luego está siendo un rollazo de cojones y una manera muy fea de desinflar el juego. ¿Que no se te ocurre quince maneras divertidas de dar estrellas? Pues no las pongas, pedazo de mamón, pero no fastidies un juego tan redondo.
¿Y cuales son tus mundos preferidos? Pues menos los mencionados de lava, hielo y desierto…Todos los demás, son un derroche de imaginación. Pero destaco el maravillo Jardín Séfiro, el bosque otoñal, el mundo de las abejas, el primer mundo de introducción, el bucle acuático, la costa llena de pingüinos, la casa fantasma…Hay tantos y tantos y todos tan bien ideados que uno estaría rejugando todo el día.
Este mundo es tan genial que chuparía hasta la pantalla
Este juego no sería posible sin Wiimote. Ni mucho menos, Galaxy se controla de la manera tradicional, mover al gordo con el stick, que salte con un botón, intentar controlar las cámaras (digo intentar porque las cámaras sudan de ti al igual que lo hacían en Sunshine o en 64 con sus putos “mec-mec”)…Con un mando tradicional sería totalmente viable, cierto es que algunos detalles como el polvo de estrellas que es una novedad muy divertida y que le da mucho jugo al título se perderían, pero por ejemplo se ganaría precisión al hacer el ataque giratorio del fontanero. Es curioso que Nintendo, el adalid de la innovación con el revomando nos esté presentando juegos que son totalmente posibles y mejores con mando clásico: Smash Bros, Mario Kart, Mario Strikers, Fire Emblem, Paper Mario…Tiene webos que sean ellos los que después critiquen a la poca innovación de las thirds respecto el control.
Que el abuelo pueda jugar no significa que el abuelo pueda jugar bien.
Este juego pasaría por un juego de PS360 . Me gusta el peyote, pero no tanto como para soltar afirmaciones como esa. Galaxy presenta en pantalla efectos impresionantes, que yo, al menos, no he visto nunca ni en PS2 ni en Xbox: reflejos en las superficies brutales, efectos de mojado…Esas típicas cosas que los desarrolladores japoneses no saben ni que existen. Pero por otro lado presenta una carga poligonal bastante triste, lo cual es la ventaja de utilizar miniplanetas, pones pocos elementos en pantalla, pero los que pones son de lujo. En carga poligonal montones de juegos de Xbox e incluso alguno de la propia NGC lo supera aplastantemente. Por no hablar que hay zonas que dan vergüenza ajena del aspecto descuidado que tienen (el mundo de los juguetes o el planetario, capaz de cortarte un ojo con sus jaggies).
Este juego presenta un sistema de físicas revolucionario . Ni de coña joder, Galaxy no tiene motor de físicas, todo se basa en rutinas de programación. Ni aceleración, ni peso, ni inercia, nada importa, si al llegar a cierto punto X te tienes que girar o enganchar a otro planeta lo harás inmediatamente, llevases previamente aceleración de un cañón, un salto, lo que sea. En estos días he estado haciendo perrerías para escaparme de planetas, intentar ponerme en orbita como me habían dicho que se podía hacer…pero nada, ya puedes forzar al juego que si tienes que estar pegado a cierto lugar lo vas a estar. Utilizar rutinas y scripts en vez de físicas por otro lado hace el título más restrictivo y más jugable, nunca pasará algo que no esté previsto por los diseñadores y es que es estúpido utilizar un motor de ese tipo cuando el juego no lo requiere por mucho que algunos se empeñen.
Yo quiero diversión, quien quiera físicas que se ponga videos de HL2 pero que no se flipe
Este juego se ve muy bien en una LCD De los juegos que tengo, sí, posiblemente es el que mejor se ve en un televisor de este tipo, claro que tiene jaggies, pero igualmente presenta un aspecto brillante y sensacional para ser un título que corre a 480p. Luce bien de cojones.
Mario Galaxy es uno de los mejores juegos de la historia. No soy amigo de este tipo de afirmaciones, solo diré que en mis lista personal top-ten Galaxy pasa a ocupar el lugar que antes tenía Mario 64. De lo que llevo de generación este título junto a Zack and Wiki es de lo mejorcito que he jugado, me he sentido como cuando era un chavalín jugando a la consola. Tiene feeling, es divertido, es rejugable y gilipollas el que no lo juegue y disfrute. Y lo dice alguien que odia al puto Mario de los cojones (prefiero a Luigi oiga). Por lo que si no tienes una Wii con este juego y el de Capcom ya tardas en ir cagando leches a la tienda y hacerte con una, aunque creas que es un timo de máquina o es una Gamecube slim, tanto da, lo que importa son los juegos cojones.
El puto fontanero me cae como el culo, y más en sus juegos en 2D, por lo que imagina si encuentro buenos Mario64 y Galaxy. Luigi por su lado es un campeón
Mis abuelos paternos y algunas tías viven en Andalucía, y durante el verano de 1991 mi padre fue con mi hermano a pasar unos días y visitarlos. A la vuelta, como hacía mucho tiempo que no iban por allá, trajeron un poco de pasta tanto para mi hermano como para mi –ya se sabe, por aquello de los cumpleaños atrasados, comuniones y tal-, lo cual fue una buena alegría. Lo primero que se me pasó por la cabeza para gastar la pasta fue en, como no, algún juego de Master System, ya que aunque mi padre me había traído el Wonder Boy: Dragon’s Trap de regalo, un vicioso siempre quiere más. Pero por aquel entonces mi hermano también era bastante viciadete a esto de los videojuegos y él ya tenía otra idea en mente: juntar su parte del dinero y la mía para comprar una Game Boy, por lo que empezó su estrategia de Brainstorming y lavado de cerebro para convencerme, que consistía por una parte en repetirme sin cesar que la comprásemos y por otra en hacerme cargar con Micromanías de la época para arriba y para abajo (aun quedaban meses hasta que saliese la primera Hobby Consolas) y repasar junto a él los títulos analizados y las listas de precios que venían en la publicidad de Mail Soft (que más tarde sería Centro Mail y más tarde sería la actual Game). Al final, como no, se salió con la suya y me convenció para reunir el capital e invertirlo en la máquina portátil (Como nota mental diré que siempre que mi hermano y yo hemos compartido algo hemos acabado a patadas).
¿Pisaría mi casa esta vez una consola de la compañía centenaría? Si te has leído el título de la entrada y no sufres un grave retraso ya sabrás que NO
Así, un día por la mañana nos reunimos y nos dirigimos a un bazar de la ciudad para comprar la máquina de Nintendo, pero mira tú por dónde, el destino quiso que de nuevo me quedase sin una máquina de esta empresa, puesto que, otra vez, no le quedaban. Pero el hombre que nos atendió, afanoso por vender nos enseñó otro modelo portátil de Sega, remarcando que esta era en color y que se le podía poner un adaptador para ver la tele y no sé que más zarandajas. Solo hizo falta que nos la conectase junto al Wonder Boy y un “Es igual que la máquina recreativa ” de mi hermano para que nos la quedásemos junto a ese juego (y el Columns que regalaban con ella).
¡Yehaaa! ¡Come bananas y rompe huevos con un tio en taparrabos! Cuánto contenido sexual para un pobre pre-púber como yo. Así he acabado
A partir de aquel entonces, pues más vicio, cuando no se podía jugar con la consola de sobremesa se jugaba con la portátil a turnos (una partida mi hermano, una partida yo), y teniendo en cuenta que yo era mejor al Columns que él, salía ganando –lo siento bro, pero la cosa era así-. La verdad es que la máquina era una preciosidad, pero pronto empezaron a salir algunos de sus defectos, sobretodo, el mayor de ellos: Era una vampiresa de pilas, y no pilas normales, no, pilas alcalinas de las caras que se las ventilaba de seis en seis que daba gusto.
Al loro con la Game Gear de este chaval, que rula con los juegos de Mega Drive...
Una de las cosas más tristes que recuerdo sobre este tema de las pilas fue un día que fuimos toda la familia a pasar el día con unos tíos al campo (remojarse el culo en el río, hacer una barbacoa, llenarse el culo de hormigas…lo típico) y yo decidí llevarme la consola junto con el flamante Sonic The Hedgehog que me acababan de comprar –que es un juegazo brutísimo madre mía-. Recuerdo subir al coche, ponerme a jugar, si se le puede llamar jugar a intentar encontrar una sombra para poder ver la pantalla, un pequeño trayecto en coche…y al llegar al campo…que se me acabasen las putas pilas…Gran portátil sí señor. Como la economía no estaba para muchos trotes (al menos no como para comprar pilas alcalinas que durasen menos de dos horas cada día) mi padre nos compró un adaptador de corriente multivoltaje y nos empalmó con su habilidad de +10 en chapuzas una clavija compatible con la máquina. A partir de aquel entonces el llevar la portátil de un lado a otro se convirtió en un llevar también a cuestas el adaptador (que encima para poder jugar en la retro casa de mis abuelos también podía ir a 125W, por lo que precisamente pequeño no era), para la cual cosa tenía que llevar una riñonera inmensa en la que podría haber acampado en caso de necesidad.
La consola, pilas para media tarde, el adaptador de corriente para cuando se acaben, el sintonizador de tele, unos cuantos juegos, el reflex para el brazo para cuando se me canse del peso...Sí, creo que ya puedo ir a cagar
Con esto quiero decir, que Game Gear, como consola, pues no era tan grande, no recuerdo que por aquella época se criticase mucho su portabilidad en lo referente al tamaño, vale, era grande, pero Game Boy no cabía precisamente en un bolsillo (a no ser que fueses un puto gordo con pantalones de payaso XXL) e igualmente los chavales las llevaban al cole en sus mochilas, por lo que poco importaba en estas centímetro más o centímetro menos (y aquí todas las chicas que me leen estarán diciendo “¡sí que importan joder!”, pero me la suda vuestra opinión), su crítica a la portabilidad venía más bien por el puñetero consumo de pilas que hacía imposible jugar fuera de casa una partida a nada sin que se acabasen las pilas.
¿Véis? Tampoco era tan pequeña, lo que pasa es que con el tiempo distorsionáis las cosas. La verdad duele
De todas maneras, con Game Gear tengo unos recuerdos brutales en lo referente a algunos títulos que pude disfrutar con ella, gracias a que tenía más amigos con esta consola que con Game Boy y me dejaron bastantes cosillas. Juegos como el Castle of Illusion, el propio Wonder Boy, Ninja Gaiden…y como no, Shinobi, un juego que jamás podré olvidar, tanto por su jugabilidad, su maravillosa banda sonora a cargo de Yuzo –Dios- Koshiro, sus gráficos…como por que al llegar a casa con el juego y las ansias de probarlo metí los dedos en el enchufe y me dio tal calambrazo que a día de hoy se me erizan los pelos solo de recordarlos.
¿Qué pasó con mi Game Gear? Pues como mencioné por ahí arriba, siempre que compartía algo con mi hermano la cosa acababa mal, y esto no fue diferente. Cuando al señor se le pasó el furor por los juegos decidió que la Game Gear era prescindible y que tanto él como yo estaríamos mejor sin ella (claro, solo jugaba yo…), así que sin cortarse un pelo la (mal) vendió con todos los juegos a un amigo suyo y repartió el dinero entre ambos, el comprándose alguna mierda con su parte del botín y yo con la mia me compré el horroroso juego de Mega-Drive Taz-mania. Así que ahora, cuando miro ese puto juego, siento doble asco, por un lado por la puta bazofia de juego que es, y por otro porque en él se quedó un cachito de mi querida Game Gear*
Grande, pesada, chupapilas...todo lo que queráis, pero un pedazo consolón de Sega
*Aunque no hace mucho me compré una Game Gear, por lo que pajote de felicidad.
A partir de aquel momento todo se volvieron ansias: salía del colegio al mediodía y corría como un galgo para llegar a casa, comer de cuatro cucharadas y conectar la consola a la tele grande del comedor (y se acababa el telediario para mis padres), apuraba hasta el último minuto antes de salir otra vez para el cole (y mira que vivía a cinco minutos, pero me las arreglaba para llegar tarde, sin lavarme los dientes, ni peinarme ni nada). Las dos horas de la tarde se me hacían eternas hasta que tocaba la sirena de las cinco y volvía a salir raudo y veloz para volver a enchufar la consola al llegar a casa y seguir jugando a mi Alex y Kidd y a mi Action Fighter pasando de deberes (bueno, siempre había pasado de deberes, pero ahora más).
Y desde aquel momento todas las ocasiones se convirtieron en pretextos para comprar más y más juegos. Para mi santo, al mes de comprar la consola cayó el clásico de Sega E-Swat, que poco tenía que ver con la versión arcade –que de todos modos yo no conocía-, un título que a priori parecía jodidamente difícil debido a que el primer nivel lo tenías que pasar prácticamente agachado por la cantidad de enemigos que aparecían disparando, era un avanzar un paso, agacharse, matar mil tíos, avanzar un paso, agacharse…Lo bueno, es que si uno tenía la paciencia suficiente para pasarse la primera fase a nuestro agente de la ley le daban una armadura cibernética al más puro estilo Robocop y el juego se volvía más fácil y divertido: uno de esos maravillosos títulos de entonces que una vez te conocías los patrones enemigos y las rutinas se convertía en un adictivo ejercicio de memoria (a lo Contra, vamos). Además, con este título descubrí que los juegos contaban, al igual que las películas, con títulos de crédito, algo que me pareció la leche, aun recuerdo el final de este arcade, donde nuestro personaje, después de cargarse al Final Boss se dirigía caminando hacía la cámara con su armadura hecha polvo y un montón de llamas al fondo. Épico, cojones, era épico. Por aquel entonces viciaba siempre con mi hermano, y como los juegos no eran a dobles solíamos hacer una partida uno, una partida otro. A él este titulo no le gustó mucho por lo que a los dos días me convenció para reunir unos pequeños ahorros y comprar otro juego de la línea barata de la consola (1990 ptas): Secret Command, un clon seguero de Commando de Capcom que esta vez, a él le gustó, pero a mi no me hizo mucha gracia por lo jodido que era (además de ser un poco moco también).
El original se llamaba Ashura, y coño, mirándolo ahora me parece más chulo que entonces, aunque la pinta de jodido la tiene igual
Y es que los juegos de la línea barata de Master System en realidad, eran los juegos que habían aparecido en principio en tarjeta (al más puro estilo Hu-Card de PC Engine) y que más tarde fueron pasados a cartucho, un formato con más capacidad, así pues, se solían tratar de títulos más simples y sencillos que nada tenían que ver con los más trabajados y caros. Como curiosidad, el primer modelo de Master System –que tenía yo- permitía la entrada de cartuchos por el slot principal, así como de tarjetas por una entrada secundaria a mano derecha, cosa que fue eliminada de su segundo modelo, la Master System II (al igual que el botón de reset y convertirla en más redondita y ligera).
Más adelante vinieron más títulos: el clásico Shinobi, jodidísimo juego que no nos pasemos nunca por culpa del tercer boss, Madara. Años más tarde, con la posibilidad de revivirlo en emulador le di una oportunidad pensando que con más experiencia jugosa a mis espaldas me lo pasaría…no diré si lo hice o no…World Grand Prinx, juego de línea barata, muy bueno y con editor de pistas. Wonder Boy in Dragons Trap, juego que me regaló mi padre en un viaje que hizo a Sevilla, juego buenísimo y todo un clásico, que por desgracia no supe apreciar, puesto que no acabé de entender el esquema de fases y habilidades que daban las transformaciones al personaje para explorar los mundos, puesto que yo estaba acostumbrado a la separación de fases tradicional.
Gráfica, sonora y jugablemente, era un título excelente que a día de hoy aun se puede disfrutar como el primer día
Ghouls and Ghosts clasicazo de Capcom reconvertido para Master System por Sega y con una variante en su desarrollo que lo hacía un titulo genial: el upgrade de armaduras. Al abrir cofres no nos aparecía la armadura dorada si no una tienda en la que podíamos comprar partes de armaduras que nos daban más vida, más rapidez, más salto…por ejemplo el segundo mundo sin la parte de los pies upgradeada no se podía pasar. La verdad es que, aun lo bizarro del cambio, la propuesta era muy original, y salvo esto respetaba 100% el desarrollo del arcade. Un título esplendido y que recomiendo probar aunque se disponga de las versiones píxel perfect a mano.
Golden Axe fue otro de los títulos que compré que a mi me gustó bastante pero a mi señor hermano tampoco le acabó de hacer gracia, puesto que el sí que lo tenía visto de las salas arcade y claro, al comparar el juego de recreativos con la pobre conversión de 8bits se le cayeron los huevos al suelo –supongo-. Y es que además de el bajón en gráficos, música y fluidez, la conversión doméstica solo permitía llevar a uno de los personajes, el bárbaro, y por supuesto, nada de jugar a dobles. Qué decir tiene que tampoco me logré acabar este título.
A medida que me hago mayor, estoy más y más convencido que debieran haber dejado a la amazona y no al tío
Para mi cumpleaños llegó Spiderman, un truñaco de juego realizado por Sega y al que no puedo echar la culpa por comprarlo a nadie más que a mi, puesto que este personaje de Marvel me encantaba –me había pasado todo el verano leyendo comics suyos todo el día-. Era un juego feo de cojones, tanto gráficamente, como en el apartado musical, en lo lento del desarrollo, y sobretodo porque tampoco pude pasar nunca de la segunda o tercera fase (creo que por aquel entonces era aun más patán que ahora jugando a videojuegos). Lo que nunca logré entender es por qué coño, en una de las fases un tío me atacaba con un toro mecánico. Qué carajo le habría hecho spidey a aquel hombre para que estuviese así de rebotado ¿robarle el bocata? ¿Sugerir un recorte de salarios al encargado? Vete a saber.
Un niño lloró en su cumpleaños
Como ya dije en la entrada anterior, un tío mío también tenía una Master System, por lo que ahora que yo tenía una en mi poder tocaba hacerle una visita. Y es que por aquellos tiempos yo pasaba mucho tiempo con éste familiar mío (no, no lo hacía por interés aunque lo parezca, es que acababa de coger un negocio y todos íbamos a echarle una mano como buenamente podíamos). Es gracias a esto que pude disfrutar de muchos de los juegos que tenía: R-type, la maravilla de Írem, de la que creo que jamás se me olvidará la música de la primera fase cuando el R-9 aparece volando. Me avergüenza decirlo, pero este juego tampoco logré acabarlo, quedándome en la cuarta o quinta fase.
En esta vida te puedes pajear o bien con una revista guarra, o bien con el primer boss del R-type
Black Belt, juego de línea barata de Sega, que como curiosidad diré que se trataba de la conversión del manga El puño de la estrella del Norte que para traerlo a occidente conservaron su motor gráfico (por llamarlo de alguna manera) y cambiaron todos los gráficos de escenarios y personajes. El juego era un “yo contra el barrio” en el que nos enfrentábamos a los bosses al más puro estilo 1vs1, originando cuando ganábamos una sarta de ostias automáticas al boss que acababa en una explosión de éste en mil pedacitos (algo más adecuado para la conversión del manga con Kenshiro, que no a un karateka llamado Riki).
Cyborg Hunter: Se trataba de un juego rarísimo en el que, con scroll lateral, teníamos que inspeccionar varios pisos a través de ascensores, activando puertas que llevaban a salas con enemigos, descubriendo mapa y cargándonos a un boss que esperaba siempre en la planta superior. Recuerdo que mi tío no lograba avanzar en ese título, porque la verdad sea dicha, era muy jodido también (que sí, que sí, que en este nada tiene que ver el que yo fuese un paquete) y me lo dejó un par de días en el que no sé cómo, logré avanzar hasta el final y casi pasármelo del tirón, ya sabéis, la típica partida esa de chiripa que todos hemos tenido en la que, aun sin haber jugado nunca somos capaces de esquivarlo todo y avanzar en el juego como si lo hubiésemos programado nosotros, aunque no sepamos ni explicar cómo coño lo hemos hecho). Obviamente cuando se lo dije no me creyó, y es que la verdad, ni yo mismo me creo que avanzase tanto en ese juego tan puta.
Sí, si te dicen muy clarito lo que tienes que hacer...si sabes inglés, cosa que ni mi tío ni yo haciamos...
Jugué a muchos juegos más por aquel entonces, algunos buenos y otros malos (huid de The Cyber Shinobi, la continuación bastarda y perrera de Shinobi como de la peste), pero los más destacados y que más cariño conservo son estos que os he mencionado
La búsqueda de información Como cualquier persona que acaba de descubrir un hobby que le apasiona y le acarrea el suspenso de diversas asignaturas, a uno le entran unas ganas inmensas de leer, informarse, ver los juegos que hay en el mercado, hablar del tema con amigotes, etc. La desgracia, es que por el año 90-91 no existía en este nuestro país, ninguna publicación dedicada a las consolas y por supuesto, mucho menos un Internet al que recurrir para bajarse porn…datos sobre juegos. La salida que descubrimos fue la revista Micromanía, revista mítica donde las haya debido tanto a sus contenidos como al formato gigantesco que tenía (como un periódico o más). En esta revista se dedicaban unas cuatro o cinco páginas a analizar títulos de consola, lo que por aquel entonces en el que no había nada más, nos servía perfectamente. Gracias a esto, pude descubrir que lo que a mi me parecían gráficos de recreativa en mi master, eran en realidad, gráficos bastante normaluchos y mediocres y que ahí fuera existían otras cosas como los PC (siempre recordaré el número de Micromanía con todo el mapeado de Golden Axe y el que estaba dedicado a The Elf, un juego precioso) o la flamante Mega Drive.
Al menos sabías que si tu madre te envovía el bocata con una de sus páginas ese día te ibas a poner las botas
También llegó a nuestras manos algún número de la revista Mega Ocio (que aun conservo), que destinaba de igual manera tres o cuatro páginas a hablar de juegos de consolas. Y es que a falta de pan, buenas son tortas.
No fue hasta Octubre de 1991 que por fin, de manera alocada y arriesgada, apareció en el mercado una publicación fresca y original destinada en exclusiva al maravilloso mundo de las consolas: Hobby Consolas, que supongo que al igual que a mí, a muchos usuarios de Nes, Master Systems y demás aparatos del demonio, nos cayó como agua de Mayo.
Lo que hoy en día se convirtió en el cáncer de la prensa escrita de nuestro país, antaño fué una bendición del cielo para todo aficionado a las consolas
Y en esta revista pude observar, todavía con más detenimiento, la calidad gráfica que era máquina de 16 bits de Sega podía poner en pantalla y mi cerebro…volvió a maquinar…
Obviamente el que yo pensase que quince mil pelas de entonces no era mucha pasta, o al menos no mucha comparada con el dineral que yo pensaba que esta máquinas costaban, no quería decir que a mis padres le pareciese lo mismo, por lo que por aquel entonces no hubo NES, por no decir que al llegar reyes tampoco pedí que me trajesen una, ya que en aquella época estaba bastante viciado con los GIjoes y el seis de Enero amaneció mi casa llena de muñequitos de éstos (y supongo que de haberla pedido tampoco me la hubiesen traído porque con quince mil pelas de entonces se podían comprar unos reyes muy decentes y montones de muñecos, en cambio una consola hubiese sido un regalo único, la verdad, es que mirándolo con perspectiva lo preferí así). De todas maneras aquellos reyes contaron con un regalo muy especial, que digamos, ya marcó mi vida de ludópata para siempre: una hand-held o game-watch o como se le quiera llamar de GIjoe y una de Pacman que se quedó mi hermano. Recuerdo que pasemos multitud de horas enganchados a aquellas máquinas, que por cierto, también habíamos querido tener siempre una, marca de status en las excursiones del colegio y que diferenciaban al más popular del autobús –rodeado de gente que le pedía su maquinita- del menos popular –que pasaba el viaje mirando por la ventanilla-, no se cuántas horas de vicio fueron, pero la verdad es que fueron muchas.
Hoy en día los niños llevan al cole sus DS y Pesepés, pero no siempre fue así, sus antecesores en excursiones y patios de colegio eran las más limitadas LCD que con sus arcaicos muñequitos nos hacían pasar horas y horas viciados
Como detalle por aquella época también recuerdo que un tío mío me invitó a su casa –cosa rara puesto que nunca he tenido prácticamente relación con mi familia- para jugar a una consola rectangular que tenía, cuyo nombre –aunque en aquella ocasión no me quedé con él- era Master System, recuerdo que jugué a un título de motos que llevaba en memoria (mítico Hang-on) y a uno de volleyball bastante divertido. Pero esto tampoco fue muy decisivo en mi vida de jugón.
Sí...pero no, o almenos, no aun
El punto de inflexión en mi vida videojueguil vino gracias a una gripe. Todos los miembros de mi familia la pillaron y por tanto, nos quedamos en casa sin ir al colegio, por lo que para pasar el tiempo me enganché en exceso a las hand-held de Pacman y de GIjoe, hasta tal punto que volvió a venir a mi cabeza la NES del precio justo y mis ansias por tener una fueron en aumento, calentando la cabeza a mi padre continuamente para que por favor me comprase una. Como mi padre también estaba en casa debido a la gripe soportar a un niño de once años repitiendo “cómprame una Nintendo, cómprame una Nintendo” continuamente no se le hizo fácil, por lo que al final haciendo un esfuerzo económico que le agradeceré toda la vida, accedió a comprarme la consola.
Ibas a ser mía puñetera
Así fue como una vez que se pasó la gripe, una tarde de miércoles creo recordar, nos llevó a un bazar que había cercano a casa –el mítiquísimo Bazar Japón de mi ciudad- para comprarme una consola. Al llegar allí le preguntemos por la Nintendo y la dependienta nos dijo, que por desgracia, no le quedaban. Recuerdo que los juegos los guardaban en cajas bajo un mostrador e incluso nos los sacó para enseñárnoslos (de nuevo estaba allí “Las aventuras de Lolo”), pero también nos dijo que tenía otro modelo, de otra marca que también tenía muchos juegos, una tal Master System. La mujer se ofreció a enchufarla para que la viésemos si no estábamos muy convencidos por lo que accedimos, y allí, descubrí un mundo: La primera vez que escuché la musiquilla de Alex Kidd (que era el nuevo juego en memoria en lugar de Hang-On), que lo vi saltar, dar puñetazos a los pajarracos, todos esos colores (¡más que la Nes que iba a buscar!), esa rapidez. No miento si digo que en aquel momento aquello me pareció una máquina recreativa, no tuvo que enseñar más. “¿La quieres esta?¿No quieres esperar a la otra?” “Nonononononoéstaéstaésta”. La mujer volvió a guardar la consola en la caja y además nos enseñó los juegos que tenía la máquina –sacados de una caja de cartón de debajo del mostrador también. “Hay juegos más baratos, de dos mil pesetas” debió decir la mujer para que mi padre además, decidiese comprar un juego a parte. Recuerdo rebuscar en la caja y que se me quedasen marcados algunos de los títulos que más tarde se convirtieron en clásicos: E-Swat, Shinobi, Ghostbusters….mis primeros contactos con los que más tarde se tornarían clásicos. El juego que escogí fue una pequeña maravilla llamada “Action Fighter” un juego mezcla de carreras y shot’em up, de vista aérea en que empezábamos llevando una moto que al recoger power ups se transformaba en coche y avión para acabar las fases enfrentándonos a enemigos en el aire. El juego era la caña, pero también muy difícil.
OMFG
Recuerdo el camino a casa como si fuese ayer, atravesando las jardineras y el césped de un parking ya desaparecido, acompañando a mi padre a comprar unos recados con las ansias de conectar la maleta que llevaba en las manos balanceándola y ponerme a jugar a aquellas maravillas que había visto en el bazar, recuerdo el momento de llegar a casa y conectar la máquina en una pequeña tele de catorce pulgadas que nos habían regalado al comprar una enciclopedia (qué clásico ¿verdad? ¿Darán aun regalos por comprar enciclopedias?), sintonizar el canal y conseguir ver la consola en marcha dos minutos antes de cenar, cenar en dos minutos y volver a la habitación para jugar.
Desde luego, uno de los mejores días de mi vida, y desde aquel momento, ya no hubo vuelta atrás. Ludópata para siempre.
Mis juegos, mi hobbye (part one) Publicado @ 1:36 - 6/2/2007 Etiquetas:
Todo el mundo tiene algún hobby o afición, aunque cuando se le pregunte cuál es no sepa dar una respuesta clara concisa, y es que el tema de los hobbies es como una campana de Gauss: en medio de ella se encontraría a la mayor parte de la población compartiendo digamos las aficiones más comunes (Hola, me llamo Marta18 y me gusta el cine, la música y salir con mis amigas por ahí. Ah! ¡Y los chicos también! Jijijiji) y a los extremos de esta se encontrarían las menos comunes (Hola, mi nombre es Grümm, soy un semiorco de las montañas Norrad y me gusta cortar cuellos con mi rebanadora +5. No me gusta que nadie me toque mis dados de 20 porque los tengo cargados de energía).
Me pregunto si uno nace ya predispuesto a que le gusten determinadas cosas por encima de otras o si bien se trata del entorno el que hace que nos decantemos por unas o por otras creando nuestra afición. Si me pongo a pensar en mi pasado creo que es algo más de lo primero que de lo segundo. A mi padre, desde que tengo uso de razón le han gustado las maquetas de tren, los trenes en miniatura, los Ibertren, las vias HO, y todas esas cositas que suelen pasar por las estaciones –bueno, no, los vagabundos que habitan en ellas no, o al menos eso creo y rezo para que así sea-. En cambio, ni a mi hermano ni a mi nos han llamado la atención esas cosas. A mi hermano mayor le regalaron un ibertrén de pequeño que la verdad, pasó bastante desapercibido por casa, al igual que un scalextric que cogió más polvo que otra cosa. No estaban destinados a ser nuestros hobbies.
Recuerdo hace muchos años –tendría yo por aquel entonces ocho o nueve años- que salió a la venta una colección de cromos sobre videojuegos de Amstrand, cpc, Spectrum y demás máquinas ochobiteras, cuyos cromos iban acompañados por la parte trasera de pokes para los susodichos juegos. Ni que decir tiene que yo por aquella época no tenía ni idea de qué carajo eran aquellas máquinas, ni había visto un juego de aquellos cromos jamás de la vida y mucho menos sabía qué carajo significaba poke ni a qué se debía aquella ristra de números y comandos. Pero me llamó la atención y compré –o me compraron mejor dicho- bastantes sobrecillos de aquella colección. Algo había ahí que me llamaba, aunque no sabía qué.
¿qué tendrían estos cromos para que llamasen la inocente atención de un niño?
Hasta ese momento creo que la única maquina arcade que había tocado yo eran en un par de visitas que había hecho a un salón recreativo con mi padre, quiero decir, que muchos aficionados a videojuegos y máquinas arcades tienen una trayectoria bastante marcada desde pequeños, con padres que han comprado collecovisiones, pongs y demás cacharros a su retoño pero este no era mi caso. Algo tenía que haber que me llamaba, aunque no sabía qué.
Y debía tener once añitos más o menos que dedicaba las noches del lunes a ver –hasta que mis padres me largaban a la camita como muy tarde a las diez de la noche- el gran programa (cuando la tele tenía grandes programas) llamado “El precio Justo”, y allí apareció algo que me lleno la vista de chiribitas: Una Nintendo NES –con Adventure of Lolo conectado- de la que tenía que adivinar el precio. La verdad es que yo pensaba que aquello debía valer un pastón, pero cuando desvelaron el precio (14.990 míticas ptas.) me quedé con cara de “pues oye, no es para tanto”. Y algo hubo en aquello que me llamó la atención, aunque no sabía qué. Y mi pequeño cerebrito mandri empezó a maquinar.