Como todas las buenas drogas la primera dosis es siempre gratis, y en mi caso vino de la mano de un buen amigo que empezó a trabajar conmigo en un curro de estos de verano. En la hora del desayuno recuerdo que me dejó tastar la bebida que se había cogido “para aguantar toda la mañana en forma”. La verdad es que sabía a puta mierda, un sabor a medicina, un poco ácido y resaltado sobretodo por lo caliente que estaba –el “sírvase muy frío” tiene su razón de ser, pardiez-. Ni mucho menos me planteé volverla a beber.
Los siguientes recuerdos que tengo de este néctar de los dioses provienen del siguiente año en el mismo curro (un día me explayaré sobre este curro, piedra angular de mi vida durante muchos años), donde a parte de colocarlos en la estantería se habían ganado la fama de ser el recurso idóneo para aguantar la noche de marcha sin problemas. Recuerdo a una compañera del trabajo una noche de fiesta comentando “me he bebido dos red bulls seguidos tío, qué fuerte” (sí, era una pijilla,). Y es que corría la leyenda oscura y totalmente falsa –que todavía perdura- de que una lata equivalía a siete u ocho cafés. Encima la chavala se los tomaba a palo seco sin alcohol ni nada…éramos jóvenes. En definitiva, que por aquel entonces –ya hace más de nueve o diez años- el Red Bull era el comodín para cuando el cuerpo empezaba a decaer y pedir su merecido descanso nocturno.

Si fueses una mujer -o tuvieses un agujero más grande- te follaría a muerte A partir de aquel entonces se convirtió en una bebida para tomar de tanto en cuanto, nada más.
Mi verdadero amor hacia esta bebida nació en mis años de facultad, cuando después de una mañana en clase y una noche durmiendo poco –vicio nocturno, puto vicio nocturno- tenía que mantenerme despierto para hacer trabajos y leer artículos y libros por la tarde. Algunos compañeros míos eran más partidarios de hacer la siesta por la tarde, pero teniendo en cuenta que nunca he sido partidario de hacerla –me da la sensación de tirar horas de vida a la basura, a no ser claro está que sea en compañía de alguna fémina- y que prefería acabar pronto de hacer trabajos de la facultad para dedicarme a otras cosas busqué otro método alternativo.
No se si la habéis sufrido alguna vez, pero la terrible lucha para mantenerse despierto en clase o cuando estás intentando estudiar, es atroz, notas como los párpados se te cierran y haces un esfuerzo sobrehumano para impedirlo, y cuando ves que lo estás consiguiendo te das cuenta que tu cerebro ha desconectado y estás soñando con los ojos abiertos. En casa el único problema es que si te rindes en esa lucha titánica te despertarás un par de horas después con los apuntes babeados, en clase te puede costar caerle muy mal al profesor con todo lo que eso conlleva.

Yo tenía uno igual, pero la grua se lo llevó por tenerlo aparcado en un paso de cebra Y así recuerdo aquella tarde en que dándome ya por vencido bajé al Carrefur de debajo de mi casa y me compré el que sería el Red bull de la perdición. A partir de aquella tarde me empecé a acostumbrar a beber este líquido, a cogerle el gustillo y a convertir una costumbre para casos de emergencia en una costumbre diaria.
Deben haber pasado ya unos cinco años desde aquella tarde en la que pocos son los días en los que me ha faltado una lata –o dos- de Red bull, a veces por la mañana al despertar sustituyendo el café, a veces por la tarde y otras por la noche. Algunos tienen el tabaco, otros la cafeina, yo tengo el Red Bull. Y pobre de mí el día que me falte porque ese día nadie me saca de la ñoña y el cansancio eterno, y pobre de mí el día que por la noche no pueda combinarlo con vodzca, porque esa noche no estaré totalmente despierto.
Soy un adicto al Red Bull, lo admito, no lo necesito psicológicamente, pero sí físicamente, el día que no lo tengo lo añoro, lo echo en falta y me duermo, pero aun así, le doy las gracias por estar tan podidamente rico, por haberme permitido aprobar exámenes y acabar trabajos a tiempo, por dejarme estar una horita más de fiesta, por dejarme viciar hasta la madrugada los fines de semana, gracias, gracias, gracias, tu sí que eres un amigo!
P.D: Y ya que el tema va de mis adicciones, ya hace dos meses que no juego al WOW. ¿Quién manda en mi vida eh? ¿Quien manda aquí cagondiós? Pues yo, me cagontodo lo que se menea, ¡Yo!
Cuenta congelada y una nueva etapa delante de mí en lo que a vicio electrónico se refiere.
A mi tambien me gusta, y eso que odio las bebidas con gas. Pero sabe a caramelo =)
Redactas cojonudamente bien, que envidia x_x
Un besito
Por ^^Ayu^^ (visitar blog)
@ 2:53 - 8/8/2007
yo también le pego bastante al Red Bull... no tan a saco, pero sí que hay noches que me habré papado 2 o 3 latas
Por Suppaiku (visitar blog)
@ 2:04 - 8/8/2007
Yo no es que haya sido muy partidario del Red Bull, la verdad. Pero he de confesar que en mis largas correrías nocturnas (que no por irregulares son pocas, debido a mi edad) hubo una temporada en que empecé a acompañar un Cutty Sark con un Red Bull o sucedáneos. Lo que pasa es que, no debe ser sano. Así que volví a mis vodkas con zumo de limón y arreando.
Hoy por hoy le sigo dando unos sorbos antes de mis partidos de fútbol, ya que como portero tengo que tener los nervios despiertos. Y dado lo temprano de los horarios en que me ponen los partidos, aún sigo dándole oportunidades al maldito.
Por jotapege (visitar blog)
@ 23:18 - 7/8/2007
A mí me encanta el Red Bull, desde la primera vez que lo probé, y sin embargo no me he tomado más de tres latas en total en mi vida. Sé que como me enganche me va a pasar como a ti y yo aún estoy a tiempo de librarme. En ese sentido, procuro siempre no meterme más mierda de la cuenta en el cuerpo. No fumo, apenas bebo y cuido mucho lo que como.
Por pablo perez doncel (visitar blog)
@ 0:32 - 7/8/2007