En inglés el título quedaba mejor y además no tenía la rima tonta de oscuridad-ciudad-soledad digna de algun grupo de música destinado a adolescentes prepúberes. Aclarado esto pasemos a la acción mis queridos Darleks. Siempre me ha gustado la soledad y no me refiero al vivir como un anacoreta en medio de la montaña matando osos -si es que queda alguno- y vistiendo sus pieles. Me gusta la soledad en momentos puntuales, para reflexionar, para ser consciente de mi existencia, de mis vivencias, de las decisiones que he de tomar además de disfrutar de un pedacito de intimidad que nadie puede profanar.
Entre los muchos defectos que tenía el antiguo piso dónde yo vivía :vecinos fumadores de Maria, prostitutas locas, vecinos que robaban la correspondencia, un baño tan grande como el de un cercanías Renfe o 56 escalones para poder llegar a mi tercer piso había uno que destacaba con luz propia, un lavadero privado para cada vecino. Como el piso que teniamos por aquel entonces no era demasiado grande a la lavadora -mejor ella que yo- le tocó acomodarse en nuestro lavadero por lo que para hacer la colada tocaba subir hasta el tejado del edificio. Como mi señora madre tenía un problema con la higiene y la limpieza raro era el día en que no llegaba a poner tres o cuatro lavadoras, y claro como ella tenía el poder dentro del hogar era a mi a quien le tocaba subir a recoger la ropa si quería cenar esa noche. El problema, que en realidad no lo era, es que desde el momento en que la lavadora acababa su programa hasta que abría la compuerta pasaban varios minutos. Durante el día esto no tenía mayor interés que entretenerme mirando las bragas tendidas de las vecinas, pero por la noche esto cambiaba radicalmente.
Subir por la noche al tejado era lo mejor de lo mejor porque entonces es cuando uno se daba cuenta de lo bonita que puede llegar a ser una ciudad por la noche, iluminada solo con las luces de las farolas y de algunos edificios. Me encantaba esa vista, era un momento perfecto para reflexionar, para sentirse solo, para sentirse pequeño...un perfecto momento místico para llamarlo de alguna manera. Y es que siento desde entonces un gran atractivo por la ciudad de noche, por el día puede estar bien pasear y perderse por la ciudad, pero no se puede comparar a hacerlo por la noche, a sentirse solo en ella como si todo atisbo de vida hubiese desaparecido para siempre y el mundo fuese nuestro, a sentir la soledad en su máximo explendor.
Si pudiese elegir, me gustaría vivir en un lugar situado bien alto, con un gran ventanal o balcón que diese a la ciudad para poderla observar de noche, totalmente quieta e iluminada por los edificios y los letreros de anuncios, para poder asomarme en los momentos en que quiero estar solo y reflexionar viendo su quietud.
Quizás ya de pequeño me gustaba subir por la noche al tejado porque disfrutaba sintiendome solo o desgraciado o como queráis llamarlo, pero aun a día de hoy hecho mucho de menos ir a buscar la colada. ya que a veces cuando queremos estar solos no podemos y cuando no queremos estar solos no encontramos a nadie.
