Podrías ahora mismo salir a recorrer el mundo en busca de un amigo, y después de conocer a millones de personas no haberlo hallado y tenerte que volver a casa con las manos vacías. Podrías alejarte a la montaña en busca de soledad y allí, enmendio de la nada, conocer a una persona especial con la que trabar amistad. Así son las cosas, las personas que más valoramos y más aprecio tenemos no son aquellas que buscamos si no las que nos son dadas. Y hoy, por desgracia, una de estas personitas que nos dan todo su corazón y amistad se aleja, quizás para un pequeño lapsus de tiempo, quizás para siempre, eso nunca se sabe, y aunque es la tristeza la que más fuerte se arraiga dentro de nuestro corazón, es la alegría la que debe prevalecer, ya que no habría perdida si antes no ha habido una ganancia.
Gracias, a tí que te vas, por darme en los momentos en que estaba solo tu compañía, por darme en los momentos en que no tenía ganas de hablar una conversa, por convertir las horas en minutos, y sobretodo por ofrecer tu amistad de la manera tan desinteresada en que la has dado. Aquí, que lo sepas, dejas un amigo para siempre.
