Todavía debo tener rondando por casa un interesante e inútil test de aptitudes laborales que me pasaron durante mi estancia en el instituto, el cual, marcaba como mis dos principales opciones de futuro la artística –ya sabéis, ir de pueblo en pueblo con una cabra, trabajar de mimo en las ramblas de Barcelona o ser reportero del Tomate-, y la de trabajos manuales, no los trabajos manuales que os estáis imaginando (donde también excedo de manera notable), si no los típicos de lampista, electricista, mecánico, fontanero o montador de mesitas de noche de exposición en un Ikea. Lo más sabio que pude haber hecho por aquel entonces habría sido hacer caso a los resultados del susodicho test y dedicarme a alguna de las labores que me aconsejaba.
Por desgracia para mi, no acostumbro a hacer mucho caso a nadie que no pueda ejercer violencia física sobre mi y continué estudiando, acabé COU y me matriculé en la universidad dónde cursé una de las carreras más estúpidas que podría haber realizado. No es que mis estudios no tengan salida, hay opciones, por supuesto, pero requieren de un esfuerzo extra que para un ser tan extremadamente vago y pobre como yo supone esfuerzos mentales y económicos que no estoy dispuesto a asumir. No quiero ser el coronel Custer de las pocas neuronas que me quedan. Algunas de las opciones seguían el camino del trabajo por libre, para lo cual, no tengo ni los recursos económicos ni la motivación necesaria para ello y las otras opciones pasaban por tener que estudiar varios años más sin la seguridad de obtener un curro. Por lo que trabajar de lo que he estudiado, salvo enchufe –que va a ser que no- o la suerte de los tontos –que últimamente me ha abandonado por algún otro infeliz que la merezca más que yo- no parece una opción viable.

El test de aptitudes laborales de John Connor le aconsejaba dedicarse al mundo de la moda y la pasarela, no todo sale siempre como uno quiere. Está jodido esto de buscarse un curro. Miento, no es difícil buscar un curro, en cualquier Carrefurl, gran superficie o muelle de descarga coreano me cogerían sin muchos problemas puesto que muchos veranos y épocas sabáticas me las he pasado trabajando en lugares de estos, así como tengo realizados cursillos de seguridad laboral, que por cierto no dejan de ser como un cuento infantil, puesto que te pintan un mundo onírico que nada tiene que ver con la realidad, es más, tengo más posibilidades de encontrarme a un hombre de hojalata por la calle que un almacén donde tengan botas de protección homologadas.
También tengo un bonito carnet de operario de “toros” mecánicos. No os voy a mentir, uno de mis sueños ocultos es comprarme uno de estos cacharros y jugar al tetris con los coches que me vaya encontrando por la calle y al Carmageddon con vuestras abuelas. Quien avisa no es traidor.
Pero uno se encuentra con ese dilema de pensar por un lado: “¿He estudiado X años para tener una carrera y acabar colocando condones Billyboy en una estantería?” el cual suele ir acompañado del comentario de compañeros y familiares de “¿Has estudiado X años para tener una carrera y acabar colocando condones Billyboy en una estantería?” y por el otro lado uno se encuentra que realmente dedicarse a lo que ha estudiado, aunque algunas noches entre las sábanas si pueda parecer una buena idea, al día siguiente sigue pareciendo algo totalmente imposible.

Sí, por supuesto que existen, yo nunca os mentiría sobre algo importante. Montar un negocio siempre me ha parecido guay, ser tu propio jefe, vender aquello que te gusta y te apasiona y esas cosas que te hacen ser un tío realizado y chachi, por no contar lo bien que se liga cuando le dices a una chica: “nah, tengo mi propia empresa ¿follas?”. Y ese día follas seguro, hasta que al día siguiente se entera que tu empresa realmente es utilizar el garaje de la casa de tu abuelo para revender el material robado de la sacristía de tu pueblo que El Rulas te deja a buen precio y te denuncia por violación –nunca atéis a una chica en vuestra primera noche, le estaréis dando al fiscal la victoria-. Pero por desgracia necesitas un par de cosillas para montar tu negocio: una, vivir en una ciudad donde tu empresa tenga viabilidad y no acabes comiéndote los mocos, y como comenté en mi anterior entrada, en mi ciudad no hay sitio para nada que se salga de la norma, y dos, tener pasta para montarla –local, material, sobornos a la Yakuza, etc.-. Si tienes el garaje de tu abuelo a disposición la cosa se simplifica, pero al final el cura del pueblo se acaba enterando de tus chanchullos porque Diós que lo sabe todo se lo chiva, o El Rulas te vende miserablemente a la poli (que para el caso es lo mismo).

Fué un tio emprendedor y arriesgó doblemente: abrir su propio negocio y abrir su ojete. Admirable. La verdad es que si la grúa no se me hubiese llevado mi DeLorean tiraría unos cuando años al pasado y además de hacer que mi padre besara a mi madre en el baile del encantamiento bajo el agua me diría a mi mismo de estudiar alguna FP o profesión con más salidas*. Algo que a estas alturas me permitiese ser independiente, pagarme una hipoteca, importarme hentai de buena calidad. Es una pena porque creo que realmente aquel test que nos pasaron en el instituto tenía en parte razón y que si hubiese centrado los esfuerzos que dediqué a estudiar mi carrera (¿¿¿???) a algo del ámbito artístico o manual la cosa ahora mismo me sería más fácil.
CONTINUARÁ
*Siempre claro está que verme a mi mismo en otra línea espacio-temporal no acabase con el universo, si fuese así, simplemente me dejaría un post-it amenazador en la tapa del retrete.
Son entradas como estas las que más me atraen a hacerme mi propio blog, ya que tengo un paradójico talento para escribir, paradójico por aquello de que no soy capaz de leer nada que tenga más de dos páginas.
Me lo planteo seriamente, mientras tanto, sigue deleitandome con estas interesantes, aunque carentes de profundidad, reflexiones sobre tu propia sique.
Por ----S---- (visitar blog)
@ 3:29 - 26/9/2007