Esta semana ya está bien de hablar de temas deprimentes, por lo que hablemos de algo más trivial y alegre, hablemos de regalitos.
No sé en qué momento de mi vida fue en que empezó este extraño síndrome, pero me hace sentir incómodo recibir regalos, a ver, tonto no soy y me hace ilusión que alguien se acuerde de mi y me compre algún detalle, pero el hecho de recibir un regalo me hace pasar un momento embarazoso.
De hecho, de pequeño esto no me sucedía, pero en un momento X de mi desarrollo pasé de estar ansioso cuando iba a recibir algún regalo a que me diese bastante igual y en caso de hacerlo sentirme como si en realidad no lo mereciese (válgame payo la tontería, porque los regalos no suelen ser merecidos o no, si no que simplemente se hacen). Quizás tenga que ver con experiencias traumáticas de la infancia.
La verdad es que no tengo derecho a quejarme porque de pequeño he recibido siempre regalos geniales, muy currado por –sobretodo- parte de mis padres y mi hermano, pero como todos los aspectos de la vida siempre hay algún aspecto traumático y son los regalitos que salen rana y es que una nube siniestra de maldad ha acechado muchos regalos de mi vida.
Una de mis experiencias traumáticas tuvo lugar siendo muy crío cuando la moda de los Masters del Universo pegaba con fuerza (claro, estaban cuadraos) y por aquel entonces, de tanto en tanto cuando mis padres iban a hacer alguna compra grande a un centro comercial del palo Hypercor me compraban algún muñequito para que me callase la boca y les dejase comprar latas de mejillones en paz. Yo, entre todos los que habían disponibles fui a escoger uno que venía en una caja de cartón y no en blíster puesto que se trataba de un Master del universo con muchas piezas sueltas y que uno se montaba a gusto: poniéndole dos cabezas, cuatro patas, un brazo de un tipo y otro de otro tipo…un Master del Universo a la carta, vamos. La sorpresa para el pobre niñito que yo era vino al abrir la caja una vez fuera del centro comercial y ver que algún pequeño bastardo hijo de la gran puta había robado la mitad de las piezas, por lo que con lo que venía en la caja no se podía montar una puta mierda. Mi yo actual hubiese vuelto al comercio, hubiese reclamado y hubiese montado un cirio, pero mis padres que siempre han sido más conformistas pasaron del tema. Y así me quedé yo con mi Master del Universo tetraplégico (un muñeco con dos brazos izquierdos provoca respeto cero entre un puñado de tíos musculosos).

Sí, claro, así muy chulo, pero a ver qué montas tu con tres piernas, una cabeza y dos brazos izquierdos. Otro de los regalos de niñez que recuerdo que me salieron rana llegó en una mañana de reyes, en pleno auge de los G.I.JOE. Aquellas navidades los reyes tuvieron a buen gusto de traerme el maravilloso Rolling thunder, que era un pedazo de camión lanzamisiles más grande que mi coche y donde te cabían la ostia de muñecos. La gracia del camión, además de lo chulo que por si era, se basaba en dos misiles más grandes que un par de consoladores modelo Kunta Kinte XXL que se levantaban. Por suerte esta vez no faltaba la mitad del camión, si no que el soporte de los misiles venía partido y por tanto ni se levantaban ni se podían poner la mitad de los misiles ni leches en vinagre. Como tampoco se podía ir a cambiar –lo habían traído los reyes y a saber donde cojones tenían la oficina de atención al cliente- mi padre se curro un cursillo acelerado de bricomanía y con un par de piezas de ferretería me hizo un apaño, que aunque no quedaba igual que en la foto, el camión quedaba totalmente funcional y podía ser el terror del comandante Cobra (quien sospecho que fue el culpable del sabotaje puesto que se olía los pepinazos que le iban a caer).

Sí, es de plástico, pero para trayectos largos y guerras termonucleares no hay un utilitario mejor Otro regalo que recuerdo que no salió muy bien fue el dvd de la maravillosa y brutal peli “El club de la lucha” que mi ex me regaló no recuerdo bien ya por qué motivo. El susodicho dvd venía en chorrocientos mil millones de idiomas menos el castellano. Esta vez por suerte si que pudimos acudir a la tienda a que nos lo cambiasen, y tras multitud de indirectas de que éramos tontos y no sabíamos seleccionar el idioma de la película (¿tanto costaba comprobarlo en un dvd de la tienda maldita dependienta de mierda?) nos lo cambiaron por otro que, efectivamente, tampoco tenía el idioma castellano. Al final nos devolvieron la pasta y me lo compró en otro sitio si no recuerdo mal. Sea como fuere, por lo costoso que fue tener la peli en castellano la tengo guardada como un tesorito –además era la versión pija con caja de cartón, libreto hablando de la producción, etc.-.
Cuando me dio por el estúpido hobby de acumular muñecos de warhammer –algo tienen los orcos y los goblins que me molan- mi ex-señora también tuvo el detalle de comprarme un carromato, por desgracia este regalo tenía dos puntitos negativos, el primero que de las dos secciones de piezas que traía la caja, una estaba repetida y faltaba otra, por lo que poca cosa se podía montar de ahí. El otro punto negativo es que ere carromato ya me lo había regalado con anterioridad, pero ni siquiera se acordaba de eso.
Y con este regalo llego a otro aspecto del que quería hablar: la gente siempre cree que me gustan cosas que no me gustan. En algunas ocasiones pienso que quizás se deba a que cuando me regalan algo que no me mola hago tan bien el falso que se creen que me ha encantado, o quizás hayan entendido algún comentario que haya hecho en el pasado como una verdad absoluta, o quizás la gente tiene una imagen de mi que no es la real, o vete a saber, quizás saben que lo que me regalan no me gusta y como tienen la seguridad de que no me quejaré lo hacen a puteo.
Recuerdo un año que todo el mundo tuvo el puntazo de regalarme figuritas del palo McFarlane. A ver, que no se me malinterprete, están muy curradas, la calidad es genial y si te gustan las figuras pues oye, puta madre. El problema es que a mi no me gustan, me son totalmente indiferentes y salvo alguna que encuentre excepcional o sea de algún personaje que me encante, pues no me gastaría un chavo en ellas.
Pues bien, un año, a todo el mundo le dio por regalarme figuritas de Spawn –NUNCA he leído el cómic ni he visto la horrorosa peli- y de Matrix –de la que solo tolero la primera entrega-. Padres, hermanos, novia, cuñada y suegros me regalaron puñeteras figuritas de estos personajes –que oye, les agradezco el detalle en el alma, pero no me molan nada-. Lo malo es que ahora cualquiera que venga a mi casa y la vea llena de figuritas de Matrix, de Spawn con metralletas o un depredador desafiante, pensará que soy un adicto a ellas y si tienen que regalarme algo seguro que me tocará hacerle sitio a alguna figura nueva.
En fin, que tengo por casa libros que jamás de la vida pienso abrir (entre ellos un compendio de dragones del juego de rol de Dungeons and Dragons, cuando cabe destacar que no juego a rol y los dragones me la repanchinflan bastante si ponen huevos de 2 kilos o si la gestación de una dragona diamante azul es de quince meses) , juegos de consola a los que no pienso jugar nunca –estas navidades me regalaron Reed Steel mis propios padres cuando estos juegos en 1ª persona me provocan mareos y vómitos, por lo que la teoría de la conspiración gana puntos-, cds de música que me he escuchado hasta la saciedad por compromiso más que por otra cosa y pelis de dvd que no haría ver a nadie ni bajo los efectos del método Ludovico.

ehhhh, no, aun no me lo he leido...es queee...estoy esperando el momento apropiado Y lo peor de todo esto, es que lo que en un principio solo estaba reservado al campo de los regalos poco a poco se va trasladando a otros aspectos de mi vida, primero fue en mi anterior trabajo: “ah, pensaba que te gustaba hacer esto y por eso te puse en esa sección”, “pues no, no me gusta recoger mierda del suelo”, “vaya, pues ya no puedo cambiarte”, y ahora poco a poco también invade mi vida alimenticia “ah pensaba que te gustaba X con salsa Y”, “pues no, me provoca nauseas y ardor de estómago” y a la semana siguiente “¿ah, no me dijiste que X con salsa Y te gustaba la semana pasada?”
Y la verdad es que empiezo a pensar que es una confabulación para que me largue de casa, pero que tengan la seguridad, de que si un día me voy…la figuritas allí se quedan ¬¬.
yo estoy con Octimus Prain, si no te molan las figuritas, cuando te largues de casa nos pasamos con un par de bolsas a por ellas xDDD
buen artículo, me he partido con lo de la gestación de la dragona y los huevos de 2kg
Por Suppaiku (visitar blog)
@ 17:01 - 15/7/2007
xDDDD desde luego debe haber una terrible falta de comunicación, porque no es normal que te regalen tantísimas cosas que no te gustan macho.
Interesante el texto ^^.
Por maxter2001 (visitar blog)
@ 12:30 - 15/7/2007
Jajajajaja, muy buen artículo. Lo he leido entero y me ha encantado, muy original y muy currado.
Un saludo.
Por KLAY (visitar blog)
@ 11:42 - 15/7/2007