Steve Ballmer se unió a Microsoft en 1980, y desde entonces ha dirigido varias divisiones de Microsoft. Es, desde 1998, presidente de Microsoft, y desde 2000, presidente ejecutivo (CEO), cargo correspondiente a Bill Gates con anterioridad.
Aquí los dos colegas
Ballmer es conocido por su punto de vista contrario al OpenSource (llegando a tildar de comunista al mundo del software libre), y sus arrebatos. También se ha hecho famoso por su negación ante los fallos de los productos de Microsoft.
Todo un showman
Algo especialmente notorio en la carrera de Ballmer es su afirmación de que hay partes del código fuente de Windows, que forman parte de Linux, violando el derecho de propiedad intelectual de Microsoft. En respuesta, los desarrolladores de Linux se comprometieron a retirar las partes copiadas si Ballmer demuestra que existen mostrando el código fuente original antes del 1 de mayo de 2007.
Este hecho popularizó la frase Enséñanos el código, y dio lugar a la aparición de una web: Show us the code.
Además de lo dicho, se le conoce por otras cosas. Actuó en el anuncio de Windows 1.0:
How much do you guess? Atención a la cara que se le queda al final.
Lo más llamativo, quizás, de este hombre, es su comportamiento en las convenciones de Microsoft.
Developers, developers, developers...
El caso más espectacular: la danza del mono (dance monkeyboy):
I have four words for you: I. LOVE. THIS. COMPANYYEEEEEES!!!
He aquí un tiovivo que encontré, que representa una sangrienta masacre contra personajes clásicos de dibujos animados:
¡Glups!
Las imágenes se ven bastante mal, pero se capta lo que quiero decir: cabezas de personajes conocidos, clavadas en palos como si de picotas se tratase y transportadas por caballos. Eso sí, sonrientes. Huy huy huy qué mal rollito, ¿eh?
El diseñador del tiovivo debe tener algo en contra de estos personajillos, porque la idea de poner sus cabezas sobre palos no es precisamente muy estética. Por lo visto pensó que merecen ser ajusticiados. La inocencia de los niños que se suben en el tiovivo de marras hace que el detalle pase desapercibido, pero alguno podría pillar un trauma si se fija.