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Categoría: Fauna
El Lince Ibérico el felino más amenazado del planeta :( Publicado @ 18:05 - 10/6/2007 Etiquetas:
El lince ibérico (Lynx pardinus) es un felino de aspecto grácil, con patas largas y una cola corta con una borla negra en el extremo que suele mantener erguida batiéndola en momentos de peligro o excitación. Sus características orejas puntiagudas están terminadas en un pincel de pelos negros rígidos cuya finalidad posiblemente sea la de descomponer la redonda silueta de su cabeza, favoreciendo de este modo su camuflaje. También son características las patillas que cuelgan de sus mejillas y que aumentan progresivamente de tamaño con la edad. Los jóvenes de pocas semanas carecen de patillas y casi de pinceles y en los individuos de un año ya aparecen las patillas, aunque cortas, que apenas cuelgan por debajo de la barbilla. Los machos tienen las patillas y los pinceles negros más largos que las hembras. Su coloración varía de pardo a grisáceo con los flancos moteados de negro.
Existen tres patrones de pelaje:
* Mota fina: con numerosas manchas de pequeño tamaño y repartidas uniformemente y de manera densa, que tienden a concentrarse en los flancos laterales.
* Mota gruesa A: las manchas son de mayor tamaño y tienen cierta tendencia a disponerse en líneas, apareciendo dos o más parejas de motas de mayor tamaño a nivel de los hombros.
* Mota gruesa B: las motas son del mismo tamaño que en la mota gruesa A, pero no se aprecia ninguna ordenación específica ni las manchas de los hombros.
El lince ibérico parece una versión más pequeña del lince eurasiático, estando solamente sobre la mitad de su talla - los machos adultos pesan un promedio de 12.8 kg y las hembras sobre 9.3 kg, llegando a pesar los machos hasta 20 kg - Ambos son distintas especies, simpátricas en Europa central durante el pleistoceno. La época de la separación se estima que ocurrió mucho antes que la separación de los linces eurasiáticos y el lince canadiense. Se considera que los linces eurasiáticos e ibéricos se desarrollaron del primer lince identificable, Lynx issiodorensis: el ibérico en Europa y el lince eurasiático (que más tarde dio lugar al lince de Canadá) en China. Aunque los rangos del eurasiático y del lince ibérico nunca se solaparon mucho, y han llegado a estar esencialmente separados en épocas recientes, los dos linces pudieron coexistir hasta finales del siglo XIX en los Pirineos y quizá en la costa norte de España.
El lince ibérico se encuentra en el bosque y matorral mediterráneo, en zonas muy restringidas de España y Portugal, aunque en Portugal parece que se ha extinguido, bien conservadas, y aisladas de la actividad humana. Este tipo de hábitat le proporciona refugio y pastos abiertos para cazar conejos, que supone el 90 % de su dieta.
El tamaño del territorio está condicionado por la abundancia de presas potenciales, pero como media ocupa unos 10 km2. En zonas ricas en alimento, el territorio del lince será algo menor que en zonas pobres. Dentro de este territorio suelen existir distintas residencias vitales para el lince, como las zonas de monte bajo para el descanso y las zonas de campeo. donde el lince estará en activo. y que coinciden con las de máxima densidad de conejos.
En 2006 los únicos núcleos con presencia segura de la especie se limitan a Sierra Morena, en concreto los Parques Naturales de Sierra de Ándujar y Cardeña y Montoro, y el Parque nacional de Doñana y su entorno. Podría haber poblaciones muy reducidas en otras comarcas, con datos indirectos de presencia reciente en Montes de Toledo y Suroeste de Madrid. Las poblaciones existentes a finales del siglo XX probablemente se encuentran desaparecidas (Sierra de San Pedro, Villuercas y Sierra de Gata en Extremadura, Sierra Morena Central y Occidental y algunos puntos de las Sierras Béticas de Jaén y Granada. En conjunto, las poblaciones de Sierra Morena Oriental y Doñana suman menos de 200 ejemplares.
Las preferencias examinadas del hábitat del lince en el área de Doñana, incluyendo el parque y los alrededores, revelan que el lince está generalmente ausente en las tierras de cultivo y en plantaciones de árboles exóticos (eucalipto y ciertos pinos), donde son también escasos los conejos. En el parque, la radiotelemetría muestra que más del 90% de los puntos de reposo del día usados por el lince se localizan dentro del matorral denso. El lince se encuentra principalmente entre los 400 y 900 m de altura, pero este intervalo puede extenderse hasta los 1600 m.
La época del celo comienza entre enero y febrero, adelantándose en las regiones meridionales desde finales del mes de diciembre hasta mediados del mes de febrero. El lince, a pesar de ser un animal de hábitos solitarios, en esta época del año suele permanecer con su pareja. Las madrigueras se hacen en lugares bien protegidos y escondidos como roquedos, árboles huecos, ... La gestación dura de 65 a 72 días, de lo que se deduce que la época del nacimiento se sitúa entre los meses de marzo y abril. Las camadas suelen constar de una a cuatro crías, siendo lo más habitual dos cachorros. A las cuatro semanas la madre lince cambia de madriguera, y a los dos meses los cachorros son capaces de acompañar a su madre en las cacerías. Éstos son independientes en 7 ó 12 meses (más o menos cuando la hembra entra de nuevo en celo) y permanecen en su territorio natal hasta los 20 meses. Suelen sobrevivir a la independencia entre uno y dos linces por hembra.
Las hembras pueden criar en su primer invierno, pero la época de la primera reproducción depende de factores demográficos y ambientales. En una población de alta densidad, como la de Doñana, la edad en la primera reproducción depende de cuando una hembra adquiere un territorio. Esto ocurre normalmente debido a la muerte o a la expulsión de un residente. Es posible que una hembra no se reproduzca hasta transcurridos cinco años de edad, y solamente cuando su madre muera y adquiera un territorio se reproducirá (lo que no favorece la repoblación del lince). Suelen vivir unos 13 años, siendo fecundos hasta los 10 años.
En la mayoría de los casos, el lince ibérico vive de manera solitaria y nómada, mostrándose más sociable en la época de celo. Es un ágil cazador. Se aproxima sigilosamente a la pieza y salta sobre ella con rapidez. Menos frecuentemente espera oculto a que pase cerca una pieza. Cuando las temperaturas máximas aumentan, los linces pasan más tiempo descansando, al contrario que cuando hay precipitaciones. Los linces juveniles son básicamente crepusculares y diurnos, con un aumento de su actividad nocturna después de su primer año de vida. Durante el invierno, los linces pueden tener actividad durante las 24 horas del día, contrastando con sus hábitos casi estrictamente nocturnos en verano.
Un estudio de radiotelemetría en el parque nacional del Coto de Doñana mostró linces principalmente nocturnos, con la actividad concentrada en el crepúsculo, y cuando los animales se movían de sus lugares de reposo diurnos hacia los de caza nocturna. El recorrido diario realizado fue como promedio de siete kilómetros, con los machos viajando generalmente más lejos que hembras.
El lince ibérico se ha restringido históricamente a la península ibérica, donde era abundante y a Francia meridional. En el pleistoceno la península fue evidentemente un refugio para el conejo, y hoy la raza que ocupa esta área es solamente la mitad de la talla de sus congéneres de centroeuropa. La Península Ibérica es la única parte de la región paleártica que posee una relativamente alta densidad de lagomorfos (conejos), similar a la encontrada en Norteamérica, donde hay espacio para dos especies de linces cazadores de lagomorfos: el bobcat o lince rojo (Lynx rufus) y el lince canadiense (Lynx canadensis).
El lince ibérico se declaró especie protegida en 1966 y es la única especie de felino alineado en la categoría 1 de la lista roja de la IUCN. El efectivo total del lince ibérico, incluyendo subadultos pero no las crías, no excedía probablemente de 1,200 a principios de los años 1990, con solamente cerca de 350 hembras reproductoras. La población se ha visto reducida en los últimos 10 años en más de un 50%. De las 31 zonas en las que habitaba el lince en 1960, solamente quedan linces en 8. La evolución de la distribución de la especie ha sido claramente regresiva. Sólo en puntos muy concretos parece que la especie se ha mantenido en buen estado.
El lince ha ido perdiendo territorio debido generalmente a las infraestructuras humanas, y por tanto las poblaciones se han ido separando paulatinamente unas de otras hasta llegar a estar totalmente incomunicadas, fragmentadas y aisladas por barreras de distintos tipos que impiden el intercambio genético entre poblaciones. Éste es un ejemplo más claro de fragmentación de área y uno de los problemas actuales más importantes para la conservación de la especie.
Además de la incomunicación de las poblaciones, se enfrenta a otros problemas, como los siguientes:
* El descenso de las poblaciones de conejo por enfermedades como la mixomatosis o la neumonía hemorragicovírica.
* La pérdida de su hábitat, típicamente de zonas de cobertura vegetal densa y baja densidad humana, a la que han afectado también las repoblaciones con especies de crecimiento rápido (pino y eucalipto) que son incompatibles por razones de alopatía con el desarrollo del de matorral, así como la ganadería intensiva, con la consiguiente sobreexplotación del estrato herbáceo, que limita a su vez las poblaciones de conejos.
* La caza indirecta y los métodos no selectivos de caza, como los cepos y lazos.
Solamente de la población del sur de España, que consiste en tres subpoblaciones, se cree que es viable, estando compuesta por unos cientos de linces. Los efectivos de las subpoblaciones restantes se reparten en pequeños núcleos, difícilmente viables, de unas decenas de individuos.
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Homenaje al Tilacino :( Publicado @ 13:05 - 6/6/2007 Etiquetas:
El tigre de Tasmania ha sido bautizado con este gentilicio debido a que cuando fue descubierto por los europeos, sólo subsistía en la isla de Tasmania, al sur de Australia (incluso aparece en el escudo nacional de Tasmania). Sin embargo, el registro fósil muestra la existencia de varias especies de tilacinos a lo largo y ancho del continente austral desde al menos el Mioceno temprano. De todas estas, sólo Thylacinus cynocephalus (aparecida hace 4 millones de años) sobrevivió a la progresiva aridez que azotó el territorio durante el Pleistoceno, y siguió siendo abundante en Tasmania, Australia y Nueva Guinea después de la llegada de los originarios australianos, mientras se extinguían otros grandes marsupiales. Esta tranquila situación se rompió cuando los navegantes del sudeste asiático introdujeron el dingo en Australia y Nueva Guinea hace 3500 años. El tilacino no pudo hacer frente al nuevo y duro competidor placentario y se extinguió lentamente en estos lugares. Los últimos tilacinos australianos vivieron en la remota región de Kimberly, al oeste de la isla, tal vez hasta tiempos muy recientes.
En el siglo XVIII y XIX los británicos llegaron a Tasmania y documentaron la existencia del animal, sin darle gran importancia hasta que comenzaron a llegar los primeros colonos y sus rebaños de ovejas. Al parecer, los lobos marsupiales encontraron más sencilla la caza de rumiantes encerrados en sus rediles que la búsqueda de wombats y ualabíes en los bosques de la isla, y los pastores y el propio gobierno colonial comenzaron a considerarlos alimañas necesarias de exterminio. Tampoco hay que descartar la posibilidad de que los relatos de sus supuestas carnicerías en las granjas fuesen exagerados por los dueños, ya que a otro marsupial, el diablo de Tasmania, se le ha perseguido hasta no hace mucho por las mismas razones, a pesar de que este animal es fundamentalmente carroñero.
Ya en 1830 se tiene constancia de que la compañía Van Diemen Co. pagaba una recompensa por cada tilacino muerto, pero no fue hasta 1888 cuando comenzó la mayor de las campañas de exterminio. Desde entonces y hasta 1909, el Gobierno de Tasmania pagó una libra por cada cabeza de tilacino que se le entregase, llegando a repartir un total de 2180 recompensas. Al año sigiente la especie se declaró en peligro y multitud de zoológicos europeos y americanos ofrecieron cantidades cada vez más altas por hacerse con uno de los escasos ejemplares supervivientes. El zoo de Londres desembolsó 150 £ por un animal en 1926. En 1933 se capturó vivo un ejemplar en Florentine Valley que fue vendido al Hobart Zoo de Tasmania, y ya no se volvió a avistar ninguno más. Este animal murió en 1936 y fue solo entonces cuando el Gobierno de Tasmania declaró al tilacino especie protegida y creó una cátedra de Zoología en la universidad con el fin de estudiarlo. Pero fue demasiado tarde. A pesar de los supuestos avistamientos que se producen todos los años en Tasmania e incluso en Australia (unos 300 en los últimos 70 años), nunca se ha dado con una prueba sólida de su existencia en la actualidad. La especie fue declarada extinta en 1986, pasados los 50 años sin pruebas de vida exigidos por la comunidad científica internacional.
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