Siempre me ha hecho gracia
leer los comentarios de las entradas del foro que tratan las expulsiones masivas de Xbox Live. Primero por los foreros que actúan como el típico pueblerino de las películas del oeste al que nombran Sheriff, y que se regodea del brillo de su placa porque ya no delinque:

Y segundo por cómo enfocan la situación en cuestión. Al parecer para muchos las expulsiones de Xbox Live sólo van de piratería (concretemos en este caso que se trata de la copia ilegal de juegos, aclaración necesaria ante una palabra tan prostituida). Nadie se para a pensar mucho que a bastante gente le importa un rábano no poder conectar la consola a la red si puede seguir jugando offline con sus juegos piratas, o que con el abaratamiento del producto final, quien quiera hacerlo tendrá dos consolas al efecto y seguirá ahorrando dinero.
Tampoco recordamos que en estas dos últimas generaciones la piratería en consolas ha sido marginal, incapaz de arañar cualquier gráfico de ventas de cualquier título (ni las compañías, con lo llorona que es la industria, han hecho mención al respecto en consolas). Y voy a ir más lejos. Personalmente opino que Microsoft (en este caso) prefiere el grupo al que pertenece el pirata medio (el chico que se deja manejar por el hype y la publicidad de la industria y ansía devorar cuantos más juegos mejor sean copiados o comprados), que el usuario listo y medido que sólo compra unos pocos juegos al año a sabiendas del tiempo real que va a tener para degustarlos, ahorrando dinero para cosas mucho más importantes y rellenando los tiempos muertos con la prueba de demos.
Lo relevante en este tema, la salsa, la discordia, no tiene relación directa con la piratería, sino que es una cuestión más conceptual: el poder de modificar/manipular la máquina. Microsoft pagó mucho dinero por meterse en esta industria, y aún sigue con pérdidas. Ese despilfarro no fue por una pasión repentina por los videojuegos; tuvieron la visión de futuro hace nueve años de las consolas como algo mucho más importante que una maquinita para jugar, como una forma estupenda de meterse en las casas de todo el mundo, y que viendo como estaba el mercado, mariquita el último.
Lo voy a poner más claro. Michael Bay (conocido director de Hollywood), dijo hace poco en su página:
“Lo que vosotros no entendéis es la política empresarial y corporativa. Microsoft quiere que tanto el HD-DVD como el Blu-Ray fracasen, para luego alzarse ellos como héroes y liderar al mundo en la transición hacia las descargas digitales. Ese es el sucio secreto del que nadie habla […] Esta es la razón por la que Microsoft está extendiendo cheques de millones de dólares para hacer que las productoras lancen sus películas en HD-DVD, y no en el superior y actual líder Blu-Ray. Necesitan confusión en el mercado hasta que perfeccionen las descargas digitales. El tiempo dirá y veréis la verdad”
Microsoft tampoco parece dejar mucho el argumento como mera opinión de Bay. Creo que se empieza a vislumbrar el trasfondo. Muchos usuarios se preocupan por las compañías y no por sí mismos. Microsoft quiere que la máquina sea su ventana al consumidor. No quiere que nadie use en ella servicios que no sean los suyos. No quiere que nadie reproduzca en ella formatos que no sean los suyos. No quiere que nadie le de usos que no hayan autorizado. No quieren que les pongan otros sistemas operativos que no sean los suyos.
Pero sobretodo, y siguiendo el concepto que les ha hecho ricos desde Windows: no quieren que el usuario posea. Quieren que se suscriba a servicios, que alquilen productos o adquieran sus licencias, que dependan de ellos en general, pero no poseer. No quieren que puedas hacer lo que quieras con una máquina que es tuya porque no quieren que sea tuya. El ejemplo de las películas descargables es clarividente, y ya ocurre con los juegos retro de los servicios online de esta generación (y ocurrirá con las novedades viendo la permisibilidad de los usuarios). Los puedes descargar, pero no son tuyos: por ellos pagas su permiso (licencia) para usarlos bajo ciertas condiciones. Y ya está. ¿Es que nadie ve el retroceso?
"En su derecho están", dirá el usuario "Sheriff" o el "Abogado" (fanboy). Y tienen derecho ciertamente a hacer eso y cosas peores (que harán). Pero quizá deberían pensar también en sus propios derechos como consumidor, y preguntarse quién carajo los defiende. Que las compañías puedan influir hasta en las leyes da a entender que no necesitan mucho de nuestra ayuda para defender sus derechos, saben cuidarse. Y la película del nene fiel comprador que reparte arcoiris de felicidad al mundo de los videojuegos y a sus compañías preferidas, y persiguiendo a sus amigos piratones por ellas, ya no la echan. Ni Microsoft, ni Sony ni Nintendo son nuestras amigas, y en el historial de las tres no hay arcoiris de felicidad alguno en sus relaciones con el consumidor.
Mal asunto olvidarlo. Mal asunto.