Además de tener una poronga que nos arrastra al caminar, un C.I. altamente superior a la media y móviles sumergibles (y heteros), también somos capaces de desafiar las leyes de la física (¿o era del raciocinio?) al pasar a través de una puerta de apertura automática. Vean sino el caso de este vandalero enviado especial en Pakistán y estudiante de Ingeniería.