Y hacerlo ya de una puta vez, que da pena. Vale que la ciudad tiene mucho encanto, pero la verdad es que se podrían molestar en parchear un poco el asfalto, porque una vez sales de Baixa y esos sitios empieza a quedar mal ver edificios deslucidos y socavones por la ciudad. Y eso que le hicieron un apaño para la Expo, que si no...
La cuestión es que acabo de volver de estar el fin de semana con un grupo de estudiantes, haciendo lo típico y se constata que Lisboa sigue siendo una ciudad peculiar, que el Barrio Alto (visita a Trinidade incluida, claro) sigue resultando fresco, y el Castillo de San Jorge un coñazo.
Las noches, divertidas, como siempre algo cortas, pero dentro de la línea de los sitios absolutamente típicos (Docas, etc.), que es lo que marca el protocolo para estos casos.

En definitiva, como era de esperar, todo sigue en su sitio, y toca prepararse para la próxima, quizás, pronto.