Voy a hacer una gran revelación: los videojuegos suelen basarse en matar. Vale, Pong no, pero Space Invaders, que es de la misma quinta, ya iba a de matar pobres alienígenas. Y Centipede. Y Super Mario mata tortugas y setas.
Siempre ha habido juegos deportivos, donde lo que matabas eran tus propios dedos machacando botones (un saludo a Track & Field, que me estará viendo), puzles (aunque ahí se desintegran las fichas...), y más cosas, pero en general los juegos van de repartir hostias, espadazos, balas o rayos.
Pero no suelen ser democráticos a la hora de darte gente a la que matar. En Final Fight había mucho desecho social, pero casi siempre del tipo punk, por ejemplo (aunque todos recordamos con cariño a las putis de la versión japonesa). Es como matar chinos en los juegos basados en la guerra del Vietnam (porque todos sabemos que eran chinos y no vietnamitas, claro, como en Japón, que también son chinos), que son legión, pero siempre son los mismos.
Hemos matado chinos, extraterrestres, rusos comunistas, tipos marginados por la sociedad, ogros, animales varios, demonios, y, en general, todo lo que es susceptible de ser masacrado. Es una de las cosas bonitas de la ficción. Y la verdad es que mientras el juego sea bueno, no conozco a nadie que le haya preocupado qué coño esté matando. Será porque no tengo muchos locos en mi círculo de amistades y, a diferencia de lo que parece generalizado en el mundo actual, saben distinguir entre realidad y ficción, y esas cosas.
Pero claro, matar zombis está bien, mientras sean rubios, o bien den asco y sean españoles, les reviente la cabeza y salga un tubérculo con tentáculos que te quiera hacer pupa. Pero si el zombi es negrito (¿os he dicho alguna vez lo ultra-racista que me parece el uso de ese diminutivo, paternalista, repugnante, que tanto leemos en muchos medios de comunicación?), la cosa se ve que cambia.
La verdad es que la cosa puede llegar a ser divertida. Propongo que los agricultores y ganaderos españoles que se puedan sentir ofendidos por la representación de la España rural en Resident Evil 4 se monten una tractorada desde Cuenca hasta el Ministerio de No-Me-Importa en Madrid, aunque sea sólo por tocar los cojones.
Lo mismo se tendría que aplicar a los habitantes de zonas residenciales en pueblos medio mormones de EE.UU. Oh, qué coño, que le prendan fuego a ser ser satánico y demoníaco que es Will Wright que se atreve a hacer un juego darwinista; habráse visto tamaño hereje.
Seguro que si nos lo proponemos podemos encontrar cualquier cosa, por nimia y absurda que sea con la que montar una polémica y conseguir nuestros diez minutitos de fama. Mientras tanto, yo seguiré intentando disfrutar del ocio electrónico matando a quien sea, que me da lo mismo, mientras el juego sea bueno, divertido, esté bien realizado y todo eso. Más o menos el mismo criterio que aplico a la hora de leer un libro o ver una película. Mientras me dejen.