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Sesudas invertebraciones

Resultados para etiqueta "sociopata"

Manual del sociópata de andar por casa. Vol. 4
Publicado @ 23:25 - 2/10/2007
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Hola amiguitos de la psique perversa. En la cuarta entrega de este curso para dar rienda suelta a nuestra psicopatía latente, vamos a seguir torturando a nuestros vecinos. Si en la anterior entrega aprendimos a destrozar su personalidad por acoso y derribo mediante reformas en el piso, hoy optaremos por nuevos métodos de tortura psicológica.

Todo ello en pro de instruiros con unos pequeños consejos a modo de mini-curso CCC (Cretino Compra Cursos). Por supuesto, os recuerdo una vez más que están orientados hacia dar rienda suelta a nuestros impulsos psicóticos eludiendo la desagradable pulsión de eliminar a otros miembros de nuestra (u otra) especie, aunque con los guiris importa poco.

Este sistema es propicio en verano, o en comunidades de vecinos con piscina climatizada, burgueses hijos de puta. Se necesitará una cerveza (pilsner), un sillón y sordera pasajera real o fingida.


Cuando el bañador de nuestra vecina de arriba, la misma que no sabe centrifugar la ropa cuando le echa lejía a las sábanas de sus niños meoncetes y nos jode nuestra ropa dejándola punteada de manchitas blancas, se caiga y quede atrapada en nuestro tendedero, tendremos que preparar el plan.

Situaremos el sillón desde un lugar en el que la visión del tendedero sea completa. Depositaremos el culo en el sillón y abriremos la cerveza en el mismo momento en el que llamen al timbre de la puerta. La cerveza en el sillón producirá un extraño efecto de sordera que impedirá que volvamos a oír el timbre, y tocará volver a esperar.

Será cuestión de minutos ver cómo empieza a bajar desde pisos superiores un hilo de pescar con un gancho cutrongo (en ocasiones, un anzuelo de pescar) intentando enganchar el bañador, que desea volver al hogar.

El momento de acabar con la cerveza y recuperar la movilidad debe coincidir con el momento en el que la vecina esté apunto de enganchar el bañador. Casualmente, iremos al tendedero en ese momento y saludaremos a la vecina, sorprendidos, y nos ofreceremos amablemente a coger el bañador y subírselo a continuación, momento en el que, lamentablemente, nuestra torpeza hará que caiga unos metros más (distancia variable en función de la altura del edificio).

Es aplicable a bragas, sostenes, y demás prendas de vestir a las que se les suele tener aprecio. Excluye calcetines con tomates.

De esta manera tan sencilla, joderemos a un grupo humano deleznable (hola de nuevo, vecinos) al tiempo que el mundo conseguirá aplacar nuestros instintos de serial-killer venido a menos.

Nos vemos en el próximo volumen del Manual del sociópata de andar por casa.

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Manual del sociópata de andar por casa. Vol. 3
Publicado @ 13:45 - 20/8/2007
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En la tercera entrega de nuestro curso para dar rienda suelta a nuestra psicopatía latente, hoy vamos a seguir torturando a nuestros vecinos. Si en la anterior entrega aprendimos a desfigurarlos a base de golpes con la puerta del ascensor, hoy optaremos por la tortura psicológica.

Todo ello en pro de instruiros con unos pequeños consejos a modo de mini-curso CCC (Cretino Compra Cursos). Por supuesto, os recuerdo una vez más que están orientados hacia dar rienda suelta a nuestros impulsos psicóticos eludiendo la desagradable pulsión de eliminar a otros miembros de nuestra (u otra) especie, aunque con los guiris importa poco.

La mejor manera de administrar suplicio psicológico a los vecinos, esos seres adorables que tenemos a nuestro alrededor por la fea costumbre de vivir como termitas, es hacer reformas.



Para ello contrataremos a un tipo que tenga un martillo eléctrico, un torno fresador y todas esas cosas que tienen nombres de electrodoméstico o herramienta pero venia a más. Una grúa puede ser útil, pero suele ser difícil que quepa en el ascensor.

El segundo paso consiste en contratar a una cuadrilla de trabajadores no cualificados, con al menos uno de ellos sordo y apasionado por el flamenco. El resto, para perturbar la alegre tranquilidad de nuestro acomodado barrio, que sean extranjeros. Pero nada de rumanos y gente de ésa, que son blanquitos y no escandalizan.

El tercer paso es el eje maestro de nuestro plan psicopático. Le pedimos a uno de los paletas que suba los sacos de lo que sea (cemento suele valer) en el ascensor, para que todo el mundo tenga que usar las escaleras, con otro obrero, preferiblemente de origen marroquí haciendo cualquier cosa por las escaleras (un bote de pintura valdrá), de manera que cuando la vieja del quinto baje muy enfurruñada por tener que usar sus piernas llenas de varices vea a nuestro obrero y le dé un soponcio. Procédase con el cadáver a conveniencia.

¿Y el tipo sordo amante del flamenco? Fácil. Dadle algo para romper paredes, y que le dé de hostias a todo. El ruido llevará al suicidio a nuestros convecinos, y si alguno se resiste, se ahorcará al ver que al parar los golpes que hacen que toda su casa esté vibrando lo que se escucha es un atronador cante jondo amateur.


De esta manera tan sencilla, joderemos a un grupo humano deleznable (hola de nuevo, vecinos) al tiempo que el mundo conseguirá aplacar nuestros instintos de serial-killer venido a menos. Es recomendable recordar que las obras no pueden empezar hasta las ocho de la mañana, que una cosa es ser un psicópata y otra ser desconsiderado y mal vecino.

Nos vemos en el próximo volumen del Manual del sociópata de andar por casa.

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Manual del sociópata de andar por casa. Vol. 2
Publicado @ 13:07 - 31/5/2007
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En la segunda entrega de nuestro curso para dar rienda suelta a nuestra psicopatía latente, hoy vamos a aprender a estamparle la puerta del ascensor en las narices a nuestros vecinos. Recordad que estos tutoriales están orientados hacia dar rienda suelta a nuestros impulsos psicóticos eludiendo la desagradable pulsión de eliminar a otros miembros de nuestra (u otra) especie, que tampoco es que esté tan mal visto a día de hoy, siempre y cuando se haya consumido drogas, o se haga con un automóvil.

Este proceso de liberación de estrés y malignidad requiere de un oído fino. Nos metemos en el ascensor y, de vez en cuando, podemos escuchar las voces de nuestros vecinos conversando sin saber que el anticristo vive en su edificio. Pobres. Pero tontos. La gente es despreocupada por naturaleza y no saben que si ellos no han llamado al ascensor y va hacia ellos, y se para en su mismo piso, es posible que haya alguien que abra la puerta sin saber que ellos están en la trayectoria de la puerta.

Y es que nunca jamás se ponen a un lado; se ponen a unos quince centímetros de la puerta, justo delante. Nosotros, que somos alegres ciudadanos, vamos a abrir la puerta despistados como somos con el impulso y vigor de la juventud, sólo para descubrir que hay un tope. Ah, no, que es una nariz.


¿Dónde está el erotismo de la malignidad?



Como somos sociópatas todavía aprendiendo, tendremos que practicar en casa el “uy” que emitiremos con una clara expresión de “oh, vaya, que torpe soy” y a aguantarnos la risa un poco. Las risas maléficas delante de una nariz hinchada quedan feas.

De esta manera tan sencilla, joderemos a un grupo humano deleznable (hola, vecinos) al tiempo que el mundo conseguirá aplacar nuestros instintos de serial-killer venido a menos. Es recomendable complementar la experiencia con unas gafas de sol (sugerencia: llevadlas ya dentro del ascensor) mientras tenemos puestos los auriculares del reproductor musical.

Nos vemos en el próximo volumen del Manual del sociópata de andar por casa.

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Manual del sociópata de andar por casa. Vol. 1
Publicado @ 12:20 - 20/5/2007
Etiquetas: ,

Voy a ir introduciendo unos pequeños consejos a modo de mini-curso CCC (Cretino Compra Cursos). Por supuesto, están orientados hacia dar rienda suelta a nuestros impulsos psicóticos eludiendo la desagradable pulsión de eliminar a otros miembros de nuestra (u otra) especie, aunque siendo periodo electoral se me ocurren un par de docenas de individuos que podrían desaparecer por el bien de la humanidad.

En fin, como no queremos tener que limpiar sangre, eliminaremos estrés haciendo lo siguiente en días de lluvia. Preferiblemente con elevada tormenta eléctrica y agüita torrencial. En ese contexto, debemos buscar cualquier folleto de comida a domicilio que tengamos en casa (una pizzería sirve, aunque si es comida casi decente mejor). No hay que caer en el error de saltarse los siguientes pasos y llamar sin más. Por favor, continúe leyendo.

Consulte el horario de servicio y el pedido mínimo (suele variar de 6 a 10 euros), y llame cuando queden diez minutos para que cierren; así no habrá excusas. Su pedido en situaciones ideales debería consistir en una cantidad indeterminada de complementos (bebidas, salsas...) que sumen hasta unos céntimos (cifra impar) por encima del coste del pedido mínimo.

Prepare el dinero con atención: rebusque por el sofá y saque todos los céntimos que pueda, será importante dar el dinero justo hasta el último céntimo al repartidor cuando, empapado, se muestre ante nosotros al abrir la puerta. Es importante que el dinero sea justo y no demos unos centimillos de propina; eso es de mal gusto y poco educado.


Dramatización



De esta manera tan sencilla, joderemos a un colectivo profesional al tiempo que el mundo conseguirá aplacar nuestros instintos de serial-killer venido a menos. Es recomendable complementar la experiencia con una copita de vino (sugerencia: un Arzuaga, por ejemplo) mientras estamos sentados en nuestro sillón favorito mirando, calentitos desde el salón, cómo las gotas conforman charcos hasta las rodillas de la gente que corre de camino a su casa.

Nos vemos en el próximo volumen del Manual del sociópata de andar por casa.

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