En la segunda entrega de nuestro curso para dar rienda suelta a nuestra psicopatía latente, hoy vamos a aprender a estamparle la puerta del ascensor en las narices a nuestros vecinos. Recordad que estos tutoriales están orientados hacia dar rienda suelta a nuestros impulsos psicóticos eludiendo la desagradable pulsión de eliminar a otros miembros de nuestra (u otra) especie, que tampoco es que esté tan mal visto a día de hoy, siempre y cuando se haya consumido drogas, o se haga con un automóvil.
Este proceso de liberación de estrés y malignidad requiere de un oído fino. Nos metemos en el ascensor y, de vez en cuando, podemos escuchar las voces de nuestros vecinos conversando sin saber que el anticristo vive en su edificio. Pobres. Pero tontos. La gente es despreocupada por naturaleza y no saben que si ellos no han llamado al ascensor y va hacia ellos, y se para en su mismo piso, es posible que haya alguien que abra la puerta sin saber que ellos están en la trayectoria de la puerta.
Y es que nunca jamás se ponen a un lado; se ponen a unos quince centímetros de la puerta, justo delante. Nosotros, que somos alegres ciudadanos, vamos a abrir la puerta despistados como somos con el impulso y vigor de la juventud, sólo para descubrir que hay un tope. Ah, no, que es una nariz.

¿Dónde está el erotismo de la malignidad?
Como somos sociópatas todavía aprendiendo, tendremos que practicar en casa el “uy” que emitiremos con una clara expresión de “oh, vaya, que torpe soy” y a aguantarnos la risa un poco. Las risas maléficas delante de una nariz hinchada quedan feas.
De esta manera tan sencilla, joderemos a un grupo humano deleznable (hola, vecinos) al tiempo que el mundo conseguirá aplacar nuestros instintos de serial-killer venido a menos. Es recomendable complementar la experiencia con unas gafas de sol (sugerencia: llevadlas ya dentro del ascensor) mientras tenemos puestos los auriculares del reproductor musical.
Nos vemos en el próximo volumen del Manual del sociópata de andar por casa.
Este capítulo de antisociabilidad lo he puesto en práctica en muchas ocasiones, especialmente con el vecino de arriba, el que me llena la casa a ese olor a porro de mierda dos veces a la semana ¬¬
Por De-mon (visitar blog)
@ 14:51 - 31/5/2007