En el interior del recinto del Gran Templo de Amón en Karnak, situado en la actual ciudad de Luxor, se encuentra un pequeño templo dedicado al dios menfita Ptah. El emplazamiento del mismo está en el lado norte del muro que rodea y delimita el recinto (
temenos) de Amón en Karnak. Se puede observar la localización de este pequeño templo a la izquierda de la siguiente imagen (es el pequeño edificio situado al lado del muro):

Este templo fue construido por el faraón Tutmosis III (de la Dinastía XVIII) sobre una estructura de adobe anterior que data al menos del Imperio Medio. Tutmosis III cuenta lo siguiente en un texto del propio templo:
"Lo hice como monumento para mi padre Ptah [...] erigiendo para él una nueva casa de Ptah con bella caliza blanca, puertas de cedro nuevo de la mejor de las terrazas. Es más bonito de lo que era antes [...]. Mi Majestad encontró este templo construido de ladrillo y columnas de madera y su puerta de madera, comenzando a deteriorarse [...]. Forré para él [Ptah] su gran asiento con electro del mejor de los países. Todos los recipientes eran de oro y plata y toda piedra espléndida y cara, con telas de fino lino, lino blanco, ungüentos de ingredientes divinos, para realizar sus agradables ceremonias en las fiestas del comienzo de las estaciones, que tienen lugar en este templo [...]".Después de Tutmosis III, el templo fue ampliado por monarcas posteriores, como Shabaka, de la Dinastía XXV, y algunos Ptolomeos y emperadores romanos. Curiosamente, los Ptolomeos no sustituyeron los cartuchos reales anteriores por los suyos, sino que incluso llegaron a restaurar los que estaban dañados.
Al fondo de este templo, en el lado este, se encuentran tres santuarios. El del norte y el del centro están dedicados a Ptah, y el del sur a la diosa Hathor. En el santuario central se encuentra una estatua decapitada de Ptah, y en el del sur hay otra estatua (que se cree que fue colocada allí posteriormente) de la consorte de Ptah, la diosa con cabeza de leona Sekhmet. Dicha estatua, de granito negro, queda iluminada en determinados momentos del día por la luz del sol que entra a través de una pequeña ventanita del techo, dándole un aire de solemnidad en medio de la oscuridad del santuario. Esta estatua aterró a los habitantes de los poblados cercanos durante el siglo XIX y comienzos del XX, ya que pensaban que la misma cobraba vida en las noches sin luna, acercándose posteriormente a los poblados para devorar a los niños pequeños. La cosa llegó a tal punto, que los habitantes de estos poblados atacaron a la estatua a principios del siglo XX, causándole daños.
La diosa Sekhmet poseía dos aspectos que se contradecían: por un lado, era colérica y peligrosa, pero por el otro era sanadora y protectora. Es curioso comprobar con casos como el descrito, como al igual que ya ocurría en el Antiguo Egipto, miles de años más tarde Sekhmet siguió despertando sentimientos de terror en el corazón de los seres humanos.
