Pues sí, es lo que tiene Internet, que escribes tus rollos en un blog y corres el riesgo de que se apropien de tu trabajo by the face, que es lo que acabo de descubrir que me ha ocurrido.
Una de mis entradas hablaba de los grafitos de la Gran Pirámide:
Pues bien, alguien ha llegado y con todo el morro lo ha publicado en su blog, cambiando el comienzo para que no se le vea el plumerillo, y añadiendo al final una bibliografía (LOL), y por si no le parecía poco al individuo, encima añade al final que el artículo es del 2006, toma ya. Todo esto por supuesto sin señalar en ningún momento cuál es el verdadero origen de su información, es decir, este humilde blog:
Y encima chapucero, porque las imágenes salen cortadas.
En fin, voy a ver si mientras tanto, puedo ponerme en contacto con el individuo... >:(
Actualización: Ya ha borrado la entrada. Espero que todo se quede así.
Actualización a 17/09/08: Ahora ha vuelto a poner la entrada pero sólo con el mensajito cínico que me dedica y la bibliografía de pega que habrá copiado también de por ahí.
Por cierto, en ese blog todos los artículos han sido copiados de otras webs. Más información en los comentarios.
La evolución de una imagen a lo largo del tiempo: La Esfinge de Giza Publicado @ 18:39 - 17/2/2008 Etiquetas: esfinge, giza, ilustraciones
En esta ocasión veremos una serie de ilustraciones que los europeos hicieron de la Gran Esfinge a partir del siglo XVI. La razón de esta fecha, es que en 1517 los turcos otomanos se hacen con el poder en Egipto, y a partir de entonces, viajar al país del Nilo se vuelve más seguro. A esto hay que añadir que en Europa, con el Renacimiento, creció el interés por el pasado antiguo.
En el genial libro “Todo sobre las pirámides” de Mark Lehner, además de otros medios, se realizan exposiciones como la que sigue. Sin más dilación, veamos algunas imágenes en orden cronológico:
La primera corresponde a André Thévet, y fue publicada en 1556 en su "Cosmographie de Levant". Para este autor, que visitó Giza, la Esfinge era "la cabeza de un coloso, a semejanza de Isis, hija de Ínaco, entonces tan amada por Júpiter". Hay que darse cuenta que muchos de estos viajeros no hacían sus dibujos in situ, sino tiempo después, y representaban los monumentos de memoria. Y así les salían cosas como ésta:
Johannes Helferich, que también visitó Giza, representó la Esfinge como una mujer con el pelo liso, lo que sin duda recuerda al tocado nemes de la misma. Es curioso comprobar cómo en estas primeras ilustraciones la Esfinge es una mujer, en una clara influencia de la esfinge mitológica griega. La imagen de Helferich se publicó en 1579:
En 1610 nos encontramos con la Esfinge de George Sandys. La imagen pertenece a su "Relation of a journey begun in 1610". Aunque Sandys dijo que los egipcios representaron a la Esfinge como una ramera, al menos ya nos encontramos en su ilustración con una imagen más o menos familiar:
La siguiente Esfinge es de Balthasar de Monconys, de 1647, que la dibujó con una redecilla para el pelo:
En 1650, François de La Boullaye-le-Gouz representó a la Esfinge con un peinado redondeado y una especie de collar, sin duda un recordatorio de los "pliegues" formados por las distintas capas de la roca de la estatua:
El jesuita Athanasius Kircher ni siquiera viajó a Egipto, así que la Esfinge de su "Turris Babel" de 1674 proviene enteramente de su imaginación y de una descripción que había leído, según la cual la Esfinge era un enorme busto sobresaliendo de la arena:
La primera representación más o menos fiable pertenece al viajero y artista Cornelis de Bruijn. Fue publicada en 1698:
Después tenemos la ilustración, en 1743, del reverendo Richard Pococke, que visitó Egipto entre 1737 y 1738. Su Esfinge, que encontramos en "A description of the East and some other countries", está claramente inspirada en la de Bruijn:
Frederick Norden era capitán de la armada danesa, y visitó Egipto en 1738. La imagen que viene a continuación fue publicada en 1755 en su "Voyage d’Egypte et de Nubie". Como curiosidad, Norden es el primero que representa a la Esfinge con la nariz rota. A este respecto, aunque los anteriores autores la representaron con nariz, lo cierto es que en el siglo XV el historiador egipcio al-Maqrizi ya nos habla de la falta de la nariz, atribuyéndole la mutilación de la estatua a un sufí. Así que aunque a menudo se culpe a las tropas de Napoleón del destrozo, sabemos que la nariz de la Esfinge faltaba desde hacía varios siglos antes:
En 1799 nos encontramos con la imagen de Louis-François Casas. De nuevo, muestra la nariz completa:
Para terminar, la siguiente imagen que voy a poner pertenece a André Dutertre. Fue publicada en la conocida "Description de l’Égypte" en 1822, obra surgida de la expedición de Napoleón a Egipto que comenzó en 1798, y en la cual iban numerosos artistas. Uno de ellos fue Dutertre. A partir de entonces, la Esfinge fue representada fielmente:
En una anterior entrada del blog, que podéis consultar aquí, toqué el tema de las andanzas del coronel Howard Vyse en la meseta de Giza. Uno de sus objetivos fue la pirámide de Menkaura (Micerinos en griego). Pues bien, en dicha pirámide, Vyse y el ingeniero Perring, con quien empezó a colaborar en 1837 después de prescindir de Caviglia, encontraron algunas cosas la mar (¿he dicho "mar"?) de interesantes. Vamos a verlo.
La pirámide de Menkaura (2532-2503 a.C.), faraón de la IV Dinastía (2613-2494 a.C.) es la más pequeña de las tres de Giza, pero no deja de ser altamente interesante. Veamos un plano de ella para situarnos:
No se aprecia en la imagen, pero todas las cámaras son subterráneas, ninguna de ellas está dentro de la pirámide en sí.
Lo primero que atacó Vyse de la pirámide de Menkaura fue una brecha en la cara norte de la misma (que en 1196 había abierto un hijo de Saladino, en su feliz idea de derribar las pirámides). Y lo hizo a su estilo, es decir, con dinamita. No localizó nada por ese camino. Finalmente, el 29 de julio de 1837, encontró la verdadera entrada a la pirámide, debajo de la brecha. Justo en el mismo lugar donde años antes, muy acertadamente, había intuido Giovanni Battista Belzoni que se encontraría.
Una vez en su interior, las inscripciones árabes con que se toparon les dijeron que no eran los primeros en entrar en la pirámide, se les habían adelantado. Así, en la cámara funeraria hallaron un sarcófago de basalto con la decoración al estilo fachada de palacio propia del Imperio Antiguo. El sarcófago no tenía tapa, y estaba vacío:
En la antecámara, que se halla en un nivel más elevado que la cámara funeraria, encontraron restos de la tapa, y a partir de ellos, Vyse y Perring pudieron reconstruir cómo sería:
En esa misma cámara, encontraron huesos humanos pertenecientes a un varón, junto con restos de vendas de lino y un ataúd antropomorfo (es decir, con forma humana) de madera con el nombre de Menkaura. Cualquiera que sepa un poco del arte funerario del Antiguo Egipto, se dará cuenta de que ese ataúd antropomorfo no puede pertenecer al Imperio Antiguo, ya que en aquella época aún no existían ese tipo de ataúdes. De hecho, ha sido datado como perteneciente a la Dinastía XXVI saíta (664-525 a.C.). Probablemente se trate de un reenterramiento de Menkaura hecho en algún momento de dicha dinastía, la cual era muy dada a rememorar el Imperio Antiguo en sus diversas manifestaciones (algo que los "investigadores del misterio" deben desconocer cuando mencionan la Estela del Inventario, pero eso es otra historia). Existe una inscripción debajo de la entrada de la pirámide, y que podría estar relacionada con este reenterramiento, de la que ya se hizo eco Diodoro Sículo en el siglo I a.C., y que no fue descubierta hasta 1968, cuando el lado norte de la pirámide fue despejado, que habla de la fecha en la que Menkaura fue enterrado en la pirámide y del gran funeral que se celebró para él. Desgraciadamente, el año está dañado.
La inscripción del ataúd reza así: "Osiris Menkaura, que viva para siempre, nacido del cielo, la divinidad celestial Nut sobre ti...". Por desgracia, está dañada y no se puede leer entera. Lo de "Osiris Menkaura" significa que Menkaura se encuentra en el reino de Osiris. Es una designación que recibía todo el que moría:
Con respecto a los huesos humanos, éstos fueron analizados por radiocarbono y resultaron pertenecer a la época cristiana, en los primeros siglos de nuestra era.
Tanto el ataúd antropomorfo como los restos humanos, se encuentran actualmente en el Museo Británico de Londres, a donde los envió Vyse.
¿Y qué pasó con el sarcófago de basalto de la cámara funeraria? Pues bien, el 30 de septiembre de 1838, Vyse lo embarcó en el barco Beatrice rumbo a Inglaterra. Desgraciadamente, el 13 de octubre una tormenta sorprendió al Beatrice, y después de poner rumbo al puerto más cercano, el de Cartagena, el barco naufragó en algún punto de la bahía de Cartagena. Dada la cercanía con tierra firme, todo el mundo se salvó, pero el Beatrice se fue al fondo con su preciada carga, sarcófago incluido.
Se ha especulado con otras posibles localizaciones, pero todo hace indicar que está ahí, incluso se dice que está localizado el lugar exacto del naufragio, y a no muchos metros de profundidad. Lógicamente, como medida de precaución contra los buscadores de tesoros, dicha localización no ha sido revelada.
Ha habido varios intentos de rescate, como la de la Subdirección General de Arqueología del Ministerio de Cultura en 1984 o la de la Fundació Arqueológica Clos de Barcelona en 1995, pero parece que a día de hoy, debido a la problemática legal que implica rescatar un barco de bandera inglesa, con carga egipcia, y en aguas territoriales españolas, nadie se atreve a hacer realidad dicho rescate.
Así que ya sabéis, si vivís en Cartagena, tenéis un pedacito de Giza no muy lejos esperando un rescate que nunca llega...
En Rashid (Rosetta) se hallaba una antigua fortaleza medieval que el teniente de la expedición napoleónica Pierre François Xavier Bouchard y sus hombres estaban reconstruyendo como parte de la defensa francesa contra los británicos y los turcos otomanos. Durante dichos trabajos, a mediados de julio de 1799, encontraron una extraña losa de granito inscrita en tres escrituras diferentes: era la Piedra de Rosetta.
Bouchard fue capaz de leer el texto en griego y al ver los otros dos tipos de escritura que se encontraban encima (jeroglífico y demótico), se dio cuenta de que podía haber encontrado algo importante. Así que Bouchard envió la piedra al general Menou, el cual en principio barajó la posibilidad de quedársela a título de propiedad personal, aunque al final renunció. El Institut d’Égypte, con sede en El Cairo, fue informado del descubrimiento, donde fue enviada en barco.
Pero de acuerdo con el artículo XIV del Tratado de Alejandría de 1801, los franceses tuvieron que entregar los hallazgos arqueológicos más importantes hechos durante la expedición de Napoleón a los británicos (aunque los eruditos franceses pudieron conservar sus notas de campo, sus colecciones de historia natural y sus planos), y así la Piedra de Rosetta fue enviada a Londres, no sin antes haberse hecho copias del texto que se enviaron a Paris.
Todos sabemos que la intuición de Bouchard y de los estudiosos del Institut d’Egypte era correcta, y así, gracias a la Piedra de Rosetta, cuyo estudio resultó crucial, Jean-François Champollion pudo por fin descifrar la escritura jeroglífica egipcia, publicando en 1824 su "Précis du système héroglyphique" ("Resumen del sistema jeroglífico").
Hasta ahí todo bien, pero al margen de todo esto, ¿qué es la Piedra de Rosetta? Primero, hagamos una breve descripción:
Ésta formaba parte de una estela de granito gris que originariamente debió tener unos 2,50 metros de altura (aunque actualmente le faltan 30 centímetros). De ancho tiene 72 centímetros. Antes se creía que era de basalto, pero hace unos años fue sometida a una limpieza que reveló que el color negro lo adquirió en los procesos de copiado que se hicieron del texto a principios del siglo XIX. Contenía el mismo texto escrito en tres sistemas de escritura distintos: jeroglífico, demótico y griego.
La Piedra de Rosetta es una copia del llamado Decreto de Menfis, redactado durante el reinado de Ptolomeo V Epífanes (205-180 a.C.) con fecha del 27 de marzo del 196 a.C. Este faraón pertenecía a la llamada Dinastía Lágida, iniciada por Ptolomeo I Sóter en el 305 a.C. cuando este general macedonio y hasta entonces sátrapa de Egipto, se proclamó rey.
Los Ptolomeos habían apartado del poder y de los cargos más importantes de la administración a los egipcios. Asimismo, éstos también fueron apartados del ejército. El único estamento egipcio al que dejaron conservar sus privilegios fue el clero, aunque cada año debían reunirse en Alejandría, capital ptolemaica, en un sínodo para su control. Poco a poco, los Ptolomeos fueron aumentando la presión sobre la población con el fin de aumentar la productividad del país y así lograr mayores ganancias con que financiar su política exterior. La población nativa no reaccionó hasta que en el 217 a.C., un ejército de egipcios mandado por Ptolomeo IV Filópator (por falta de mercenarios griegos), venció en Rafia al ejército griego de Antíoco III Megas, rey del Imperio Seléucida de Asia. Esto despertó el espíritu nacionalista entre el pueblo egipcio, y empezaron a producirse revueltas, las cuales seguían en el reinado de Ptolomeo V.
La monarquía buscó apoyos en el clero egipcio, que por entonces ya había conseguido que no tuviera que acudir al sínodo anual en Alejandría. Y así fue como nació el Decreto de Menfis, que fue copiado en numerosas estelas situadas en templos de todo el país, habiéndose encontrado sólo la que corresponde a la Piedra de Rosetta, la cual se cree que originariamente procedía de Sais, una ciudad del Delta. A cambio del apoyo del clero, en el Decreto de Menfis a los templos les eran concedidos privilegios y exenciones fiscales. Además, Ptolomeo V Epífanes, que por entonces era sólo un niño, fue coronado en dos ceremonias, una en Alejandría al estilo macedónico, y otra en el templo de Ptah en Menfis, al estilo tradicional siguiendo los ritos egipcios de coronación, siendo el primer Lágida en someterse a esta ceremonia. También se creó un protocolo faraónico para él. En la parte escrita en griego de la Piedra de Rosetta, dicho protocolo es como sigue:
"Bajo el reinado del Joven, Que ha heredado la realeza de su padre, Señor de las Coronas, Cubierto de Gloria, Que ha establecido el orden en Egipto, Piadoso con los dioses, Superior a sus adversarios, Que ha mejorado la vida de los hombres, Señor de las Triacontaeterides como Hefesto el Grande, Rey como el Sol, Gran Rey de las regiones superiores e inferiores; Nacido de los Dioses Filopátores; Aprobado por Hefesto; A Quien el sol ha dado la victoria; Imagen viviente de Zeus, Hijo del Sol, Ptolomeo, Que vive eternamente, Amado de Ptah."
Todo esto, las exenciones y privilegios fiscales a los templos, más la aparición en los decretos del protocolo faraónico de Ptolomeo V, indican la creciente necesidad de los Lágidas de contar con el apoyo del clero egipcio.
A continuación, una parte del texto demótico referente a las concesiones a los templos:
"Ordenó que fueran confirmados los ingresos de los bienes raíces de los dioses, las sumas en metálico y las cantidades de grano que se debe pagar como tasa a los templos cada año y las partes que corresponden a los dioses por las viñas, los árboles frutales y las demás cosas que su padre les había concedido."
La parte final en griego del decreto habla de que el mismo debe inscribirse en jeroglíficos, demótico y griego, y que debe estar presente en numerosos templos:
"Este decreto deberá inscribirse en una estela de piedra dura, con escritura sagrada*, con la escritura de los documentos* y la escritura de los griegos, y deberá erigirse en cada uno de los templos de los rangos primero, segundo y tercero, cerca de la imagen divina del rey, que para siempre viva."
* La escritura sagrada es la jeroglífica, y la de los documentos es la demótica, un tipo de escritura que evolucionó a raíz de la hierática en el siglo VII a.C.
Éste es el cartucho de Ptolomeo V en la parte en jeroglíficos:
En dicho cartucho se puede leer: "Ptolomeo, que viva eternamente, amado de Ptah".
Para terminar, hay que recordar que este estilo de decreto, escrito en estelas y en tres tipos de escritura, no es exclusivo de la Piedra de Rosetta. Otro famoso caso es el del Decreto de Canopo, de Ptolomeo III Evérgetes I (246-221 a.C.), del que ya hablaré el día que toque el tema del calendario civil egipcio, con el que está estrechamente relacionado.
Desde el momento en que me decidí a crear este blog, tenía claro que tarde o temprano llegaría el día en que hablaría del tema estrella entre los aficionados al Antiguo Egipto: la Gran Pirámide. Pues bien, ese día ha llegado (y ya os adelanto que en el futuro habrá más). En esta ocasión tengo pensado centrarme en ciertos aspectos relacionados con el título de la entrada de hoy: los grafitos que aparecieron en las llamadas Cámaras de Descarga de la Gran Pirámide y la polémica que desde el ámbito de los "investigadores del misterio" se creó para su propia conveniencia en torno a dichos grafitos y su descubridor, Richard William Howard Vyse.
Antes de pasar al tema en sí, quería comentar que a estos "investigadores del misterio" les gusta mucho acusar a la egiptología de no enterarse de nada y de caer en una falta de rigor alarmante en lo que al tema de las pirámides (centrándose sobre todo en las de Giza) se refiere. Aunque desprestigiar porque sí la labor de toda una serie de expertos no es más que el único modo que tienen de justificar sus propias ideas (es que no me atrevo ni a llamarlas teorías XD), no deja de resultar acojonantemente paradójico leer este tipo de acusaciones sin sentido viniendo de quien peca precisamente de esas mismas cosas, y es por eso que el tema bien merece alguna que otra entrada como la presente en este humilde blog, en la sección de Lo que los "investigadores del misterio" no nos cuentan... Se lo han ganado a pulso.
Y después de la introducción, vamos al asunto.
Primero vamos a situarnos. En la siguiente imagen, se puede observar la distribución interna de las cámaras y pasajes de la Gran Pirámide. Podéis ver la situación de las Cámaras de Descarga justo encima de la Cámara del Rey:
Generalmente, se dice que estas cámaras se crearon para descargar el peso de la pirámide de la Cámara del Rey, la cual se encuentra debajo de las mismas y hace las funciones de cámara funeraria. Esta cámara está recubierta de granito rojo traido de Asuán y contiene un sarcófago del mismo material cerca de la cara oeste de la cámara. Lo cierto es que la creación de las Cámaras de Descarga fue una medida exagerada por parte de los constructores, ya que consultando a cualquier arquitecto, nos dirá que sólo la cámara de arriba del todo, cuyo techo tiene forma de tejadillo, es la que cumple esa función de descarga. En fin, la construcción de pirámides en Egipto supuso una experimentación continua, y está claro que los antiguos egipcios es lo que hicieron precisamente con esas cámaras. Después de la Gran Pirámide, no volvemos a encontrar el mismo sistema en ninguna otra. Visto que en el techo de la Cámara del Rey se produjeron grietas, bien pudiera ser que los egipcios no quedaran convencidos con este sistema de cámaras y lo desecharan, pero no son más que especulaciones.
La primera de las Cámaras de Descarga en ser descubierta fue la inferior, y el honor recae en el diplomático inglés Nathaniel Davison, que entró en dicha cámara a través de una brecha situada en la parte alta de la pared sur de la Gran Galería el 8 de julio de 1765. Desde entonces, esa cámara lleva su nombre (Cámara Davison).
Hubo que esperar a 1837 para que las restantes cuatro cámaras fueran descubiertas. El coronel inglés Howard Vyse, acompañado del ingeniero John Shae Perring, descubrió las restantes cámaras abriéndose paso a base de dinamita. En estas cámaras, Vyse encontró los únicos signos de escritura egipcia que se han hallado en toda la pirámide en forma de grafitos (podéis ver algunos de ellos en la imagen anterior). En la Cámara Campbell, la más alta de todas, apareció el único cartucho con el nombre de Khufu que hay en toda la pirámide (aunque no el único con el nombre del rey, como explicaré luego). Puesto que nadie había entrado en aquellas cámaras desde que fueron construidas en la antigüedad (ya que eran inaccesibles hasta que Vyse creó una entrada con la dinamita), aquel cartucho era la prueba irrefutable de que, en efecto, el faraón Khufu era el responsable de la construcción de la Gran Pirámide de Giza.
Pues bien, nuestros intrépidos amigos, los "investigadores del misterio" (siguen ahí, no os olvidéis de ellos XD), siempre al acecho en pos de que la "verdad" que los malvados egiptólogos se empeñan en ocultar salga a la luz, no se han quedado de brazos cruzados ante tamaño atropello. Así, un curioso personaje, Zecharia Sitchin, ha acusado a Vyse de falsificador, aduciendo que los grafitos hallados en las Cámaras de Descarga son creaciones del coronel inglés. Y bien, ¿quién es y qué dice este Sitchin? Bueno, nos encontramos ante un ufólogo de origen ruso, autor entre otros libros de "El 12º planeta". Defiende que la humanidad es producto de la intervención de unos seres extraterrestres procedentes de un supuesto planeta del Sistema Solar llamado Nibiru. Estos extraterrestres serían ni más ni menos que los Nephilim de la Biblia o los Annunaki sumerios (serían los mismos, vamos), y habrían creado a los humanos para trabajar en las minas de oro en África. En fin, un rollo. Ni que decir tiene que los seguidores de Zecharia Sitchin son legión. Pues este tipo con estas teorías tan "cabales" y tan llenas de "sentido común" ha sido quien ha acusado a Vyse de falsificador. ¿Y en qué se apoya para lanzar la acusación? Bien, cuando Vyse descubrió los grafitos, hacía pocos años que Jean-François Champollion había descifrado la escritura jeroglífica. Vyse tenía un libro llamado "Materia Hieroglyphica" de John Gardner Wilkinson, del que según Sitchin, Vyse había sacado el nombre de Khufu para escribirlo en la Cámara Campbell. Según Sitchin, en dicho libro, Wilkinson comete un error al escribir el nombre de Khufu, confundiendo el jeroglífico Aa1 (kh/j) con el N5 (ra), de modo que en lugar de "Khufu", habría escrito "Raufu". En resumen, la cosa quedaría así:
Para que nadie se líe, el nombre de Khufu es éste (según está escrito, se lee de derecha a izquierda):
Según Sitchin, esto es lo que escribió Vyse en la Cámara Campbell (o Perring, en realidad no lo deja claro):
Vyse escribió un libro, llamado "Operations carried on at the Pyramids of Gizeh" donde publicó sus descubrimientos. También aparecen dibujos de los grafitos, como es lógico. Este es el dibujo de Vyse de dicho cartucho para el libro:
Y éste es el de Perring, que también aparece en el libro:
Como se puede observar, en ambos casos está bien escrito el nombre. A esto, Sitchin alude que en la primera edición del libro aparecía el error, pero que luego lo corrigieron, lo cual es falso. Es más, el primer dibujo no parece obra ni de Vyse ni de Perring, se nota que es un estilo distinto... y no me gusta señalar...
Y a todo esto, ¿cómo aparece en la pirámide? Así:
De nuevo, está bien escrito. Y es la mejor prueba, sin duda, de que el error que alega Sitchin en el cartucho, no existe.
Pero aún no ha acabado la cosa. Como había comentado con anterioridad, Sitchin dijo que Vyse había copiado el nombre del rey Khufu del libro "Materia Hieroglyphica", de Wilkinson. Pues bien, si consultamos el citado libro aquí, podemos observar que el jeroglífico "ra" aparece siempre como un círculo negro, así que si Vyse lo hubiera copiado de allí, tendría que aparecer de ese modo en la pirámide en caso de que Wilkinson hubiese cometido ese error con el cartucho de Khufu como afirma Sitchin. Y el caso es que además, Wilkinson no comete dicho error. El jeroglífico aparece bien escrito, pero la impresión de mala calidad del libro hizo que las líneas del jeroglífico "kh/j" no se distinguieran bien, dando la apariencia de ser un círculo negro, como el jeroglífico "ra" en su obra.
Llegados a este punto, podría decir un montón de motivos por el que es imposible que los grafitos sean falsificaciones. El de mayor peso es sin duda que esos grafitos, que están en jeroglífico cursivo (no hierático, como los "investigadores del misterio" se emperran en creer. El hierático es bien distinto), fueron escritos en los bloques antes de que éstos fueran colocados en la pirámide. Esto es muy fácil de deducir, ya que además de que no hay ni un solo grafito que continúe de un bloque a otro, algunos de estos grafitos están medio tapados por otros bloques, quedando en un lugar inaccesible para la mano de cualquier falsificador. El único modo de que hubiesen sido falsificaciones, sería habiendo desmontado previamente la pirámide para escribirlos. Aquí tenéis una prueba:
Fijaos por ejemplo en la parte de arriba, que corresponde a la Cámara Campbell. Allí hay un cartucho que está prácticamente tapado del todo.
Siguiendo con el tema, "Khufu" es la forma abreviada de "Khnum-Khuf", que viene a significar "Khnum le protege". En la época en que Vyse descubrió las Cámaras de Descarga, no se sabía que ambos nombres correspondían en realidad al mismo rey, y se pensaba que eran personas distintas. Pues bien, la forma del nombre como "Khnum-Khuf" también apareció entre los grafitos, y en repetidas ocasiones, además. También tenemos entre los mismos el nombre de Horus del monarca, el Horus Medjedu, que se escribe con un jeroglífico que por entonces era desconocido, así que ni Vyse ni nadie podría haberlo dibujado (un poco más adelante pondré imágenes de ambos, aprovechando otra cosita que aún queda por comentar).
Pero hay otra cosa en la que Sitchin no reparó, que también nos indica que Vyse no era un falsificador. Os habréis fijado que en las imágenes anteriores de los cartuchos, además de aparecer el nombre de Khufu, había más jeroglíficos. Éstos corresponden al nombre de una de las cuadrillas de trabajadores que construyeron la pirámide. Esa cuadrilla en concreto corresponde a una llamada "Amigos de Khufu". Pues bien, algunos nombres de cuadrillas eran comunes de unas construcciones a otras, y así tenemos que en el caso de Menkaura (Micerinos), también había una cuadrilla llamada "Amigos de Menkaura". Cuando Vyse estuvo en Giza, no se limitó a trabajar en la Gran Pirámide, y así, entre otras cosas, también puso el punto de mira en la pirámide de Menkaura. También encontró en este caso grafitos (supongo que serán más falsificaciones según algunos). Más concretamente, los encontró en una de las tres pirámides de reinas que forman parte del complejo piramidal de Menkaura, en la GIII-b. Allí, en su cámara funeraria, había un sarcófago de granito con el esqueleto de una mujer joven dentro. En el techo de esa cámara, encontró los grafitos de Menkaura. Estos grafitos son muy interesantes, porque además de proporcionar el nombre de algunas cuadrillas, también proporcionan el de algunas phyles, que son grupos más pequeños de trabajadores (unas 200 personas) que las cuadrillas (2000 personas). El interés radica en que años más tarde (en 1893, 1903, 1904 y 1907), en el complejo piramidal de Neferirkara (V Dinastía) en Abusir, aparecieron unos papiros que contenían importante información sobre la administración del culto funerario. Lo interesante en nuestro caso, es que proporcionan información sobre nombres de phyles que se perpetuaron a lo largo del Imperio Antiguo, y que podemos encontrar también en Menkaura. Esta información, como es lógico, tampoco la conocía Vyse.
En la siguiente imagen, aparecen los nombres de las cuadrillas (o equipos, como son llamados ahí) de trabajadores de la Gran Pirámide. Se puede observar también los nombres "Khnum-Khuf" y "Horus Medjedu":
Y estas son cuadrillas y phyles de la pirámide de Menkaura:
Por último, aquí están los nombres de las phyles según los papiros de Abusir:
Por último, habría que apuntar que Vyse era un hombre de profundas creencias religiosas. Él fue a Egipto con la esperanza de que las pirámides de Giza fuesen obra de los Reyes Pastores (los que en la "Historia de Egipto" de Manetón serían los hiksos, equiparados por Flavio Josefo con los hebreos, al convertir a los hiksos en los fundadores de Jerusalén), así que de haber falsificado algo, ¿no sería más lógico que hubiese escrito el cartucho de algún rey hikso, o en su defecto, algo en hebreo?
Creo que no se me ha olvidado nada importante. Ha quedado bastante largo, así que como regalo a quienes hayáis llegado hasta el final, os dejo con un paseo por las Cámaras de Descarga de la mano del Indiana Jones de Giza, Zahi Hawass:
Bueno, con esta entrada inauguro una nueva sección de mi blog: Lo que los "investigadores del misterio" no nos cuentan... Aquí me voy a dedicar a denunciar una serie de fraudes con que desde ciertos círculos nos quieren tomar el pelo en base a supuestos "misterios" de la antigüedad.
Hace tiempo en Vandal hubo un post en el foro de ciencia donde se habló largo y tendido sobre las pirámides de Egipto. Al cabo de varias páginas, empezó a intervenir un iluminado que se definía como una persona "razonable" y con "la mente abierta" (y yo añado que a pesar de no tener ni idea de nada relacionado con el Antiguo Egipto, eso no le impedía hablar y hablar y hablar sobre el tema). El caso es que al final la cosa desfasó hasta las cotas más surrealistas con que me he encontrado nunca en un foro de Internet. El post en cuestión es éste:
Dicho individuo era de los que defienden que las pirámides de Egipto pudieron ser construidas por alienígenas, y así sacó a relucir una imagen (que además tuve que buscar yo, porque era incapaz de proporcionarla él) consistente en un texto jeroglífico con sorpresa. Aunque de ese post se podrían sacar bastantes temas de los que hablar, voy a dedicar la actual entrada a esa imagen en cuestión, a pesar de que en aquel post también lo hice en su momento. Esta es la imagen:
En la segunda fila se observa una serie de elementos, entre los que destacan dos humanoides y lo que parece ser una especie de platillo volante. Pues bien, según los "investigadores del misterio", eso sería una prueba de la estancia en el Antiguo Egipto de alienígenas, por lo que siguiendo su particular forma de enlazar "pruebas", eso sería una señal de que tal vez las pirámides de Egipto fueron construidas por seres venidos de las estrellas. La imagen la encontré en una web donde además decían que tanto la procedencia del texto como el nombre del faraón bajo cuyo reinado se había escrito eran desconocidos. Ahora soy incapaz de encontrar aquella web (igual con un poco de suerte ya no existe XD).
En fin, me puse a investigar la procedencia de aquella imagen. El punto de partida fueron un par de cosas que me llamaron la atención (y no eran precisamente ni los marcianitos ni la nave espacial). Lo primero es que, aunque en esa web decían que no se sabía el nombre del faraón, los muy listos se dejaron un cacho de cartucho a la vista (un cartucho es una especie de óvalo donde se escribían dos de los cinco nombres que tenían los faraones, el nomen y el prenomen). Lo segundo que me llamó la atención estaba en la misma línea, y era una parte donde ponía "Sat Amen-Ra", esto es, "Hija de Amón-Ra", por lo que nos encontrábamos con un faraón femenino. Esto y el jeroglífico que se observaba dentro del fragmento de cartucho que se les había pasado a los creadores del fraude por un desliz (o más bien por desconocimiento absoluto de los caraduras en cuestión) me llevaron a pensar que tenía que tratarse muy probablemente de la reina-faraón Hatshepsut (1473-1458 a.C.), del Imperio Nuevo. En la siguiente imagen (que corresponde a la primera línea de texto que se observa en la imagen anterior), señalo con un recuadro amarillo el fragmento de cartucho, y con uno azul en donde pone "Hija de Amón-Ra":
Buscando textos de Hatshepsut, tuve suerte, y encontré lo que buscaba. Como era de esperar, lo de los alienígenas era un fraude descarado, un engañabobos, porque en efecto, aquella imagen estaba retocada con algún programa informático. Algún listillo había borrado unos pocos jeroglíficos y encima había puesto a sus marcianitos con su nave espacial y demás. Éste es el texto original (en amarillo os señalo la parte del texto que aparece en la imagen del principio y en rojo la parte retocada):
Este texto efectivamente pertenece a Hatshepsut. De hecho, en la primera línea podemos leer: "Maatkara, Hija de Ra, Hatshepsut-Khenmetamón, que viva por siempre y repetidamente, Hija de Amón-Ra", siendo "Maatkara" el prenomen (o nombre de entronización) de la reina, y "Khenmetamón" un epíteto, que significa "Unida a Amón". Ya tenemos localizado al "desconocido" faraón del texto. ¿Y la procedencia, asimismo también "desconocida" según nuestros amigos del misterio? También: El texto se encuentra en la base de un obelisco, y no uno cualquiera, ya que se trata del obelisco más alto que se encuentra en pie en Egipto (de 29,56 metros de altura), y que está entre el cuarto y el quinto pilono del recinto de Amón en el templo de Karnak, situado en la ciudad de Luxor, la antigua Tebas, o Waset, que es como la llamaban los antiguos egipcios, en el Alto Egipto. Pertenece a una pareja de obeliscos mandados erigir por la reina alineados en dirección norte-sur. El que nos ocupa es el norte. El otro está caído. Vamos, que para tratarse de una procedencia "desconocida", está bastante localizada. Por cierto, en el texto, Hatshepsut habla de la donación de esos dos obeliscos al templo de Karnak en honor a Amón y en memoria de su padre, Tutmosis I.
Así que tenemos que nuestros marcianitos en realidad han sido añadidos con un programa informático (por lo que se nos va a la porra esta "prueba" de la presencia de alienígenas en el Antiguo Egipto), que el faraón "desconocido" se llama Hatshepsut, y no se trata de una reina-faraón precisamente desconocida, a pesar de las molestias que se tomaron los propios egipcios en que fuera así (pero eso es otra historia), y que la localización tampoco es muy desconocida que digamos, ya que Karnak es el recinto religioso más grande del mundo y es bastante conocido. Pero en fin, basándome en mi experiencia, sé de buena tinta que esto de los "misterios de la antigüedad" es como el cuento de nunca acabar, y así habrá quien siga creyendo que esa imagen es real.
Fuentes para la Cronología del Antiguo Egipto Publicado @ 20:03 - 23/12/2007 Etiquetas:
Aunque mi blog aún tiene poquitas cosas, voy a ir organizando un poco este lugar. Esta entrada es para tener un solo enlace en "destacados" con los artículos que dediqué a una serie de documentos de gran valor para establecer una cronología para el Antiguo Egipto:
Entre las patas delanteras de la Gran Esfinge de Giza se encuentra una estela de granito de 3,6 metros de altura y 15 toneladas de peso conocida como la Estela del Sueño. La misma fue erigida allí en la XVIII Dinastía por el faraón Tutmosis IV en su primer año de reinado (alrededor del 1400 a.C.), tal y como refleja el texto de la estela, es decir, después de más de 1100 años desde que la Gran Esfinge fuera tallada en la roca de la meseta de Giza probablemente bajo el reinado de Khafra (Kefrén), de la IV Dinastía. Esta estela en realidad es un dintel procedente de una puerta del templo funerario de Khafra.
La parte superior de la Estela del Sueño nos muestra a Tutmosis IV realizando ofrendas y haciendo libaciones a la Esfinge, donde los jeroglíficos la identifican con Horemakhet (Horus del Horizonte, el dios con el que los egipcios del Imperio Nuevo identificaban a la misma). Después, comienza un texto (desgraciadamente no íntegro) que nos cuenta como un día de cacería, el aún príncipe Tutmosis se quedó dormido al lado de la Esfinge, que por entonces estaba medio cubierta por la arena del desierto, y tuvo un sueño. En el mismo, la Esfinge se presentaba ante él como una fusión de dioses solares y le pedía que le retirase la arena que la cubría. A cambio, la Esfinge le prometió que algún día sería faraón. Dicho y hecho, el príncipe Tutmosis hizo caso a lo que la Esfinge le había pedido y finalmente ésta cumplió su palabra y aquel joven príncipe se convirtió en el faraón Tutmosis IV.
Efectivamente, las pruebas arqueológicas demuestran que Tutmosis IV fue el primero en realizar trabajos de restauración en la Gran Esfinge.
Amenhotep II (1427-1400 a.C.), padre de Tutmosis IV, no había designado un sucesor, y al respecto existen indicios de que pudo haber una disputa entre sus hijos para acceder al trono. Así, tenemos que en Giza, los hermanos de Tutmosis habían erigido una serie de estelas en el templo que Amenhotep II había construido al lado de la Esfinge. Parece ser que los dueños de estas estelas sufrieron una especie de damnatio memoriae, ya que las mismas se encontraron rotas y con los nombres borrados, y sólo podemos especular qué ocurrió. Sea como sea, finalmente fue Tutmosis IV quien se hizo con el trono. La siguiente imagen pertenece a una de esas estelas:
En este sentido, independientemente de que Tutmosis tuviera o no ese sueño realmente, la Estela del Sueño le servía para justificar su acceso al trono, ya que era un dios quien le había elegido,... pero no se trataba de Amón, el dios dinástico del Imperio Nuevo, cuyo clero, desde Karnak, había alcanzado grandes cotas de poder. Así, el nombre de Amón no aparece ni una sola vez en la Estela del Sueño, al menos no en la parte que se ha conservado del texto de la misma.
El dios que le otorga el trono de Egipto a Tutmosis IV es Horemakhet-Khepri-Ra-Atum, una fusión de dioses solares. Nos encontramos así con un primer paso por parte de un faraón del Imperio Nuevo para contrarrestar el poder del clero de Amón en favor del clero de Ra de Heliópolis, tendencia que continuará con su sucesor, Amenhotep III, y que desembocará de forma brutal con Akhenatón, que llegó a perseguir a Amón como si del enemigo público número uno se tratase en favor de su dios particular Atón, el disco solar, la manifestación visible de Ra.
Así, nos encontramos a partir de Tutmosis IV, con que los puestos más importantes de la administración dejaron de estar en manos del clero de Amón, como ocurrió por ejemplo con el cargo de visir del Alto Egipto y con el de Ministro de Hacienda, los cuales habían recaído en el Sumo Sacerdote de Amón durante los reinados de Tutmosis III y Amenhotep II.
Y por si os habéis perdido un poco entre tanto nombre, queridos compañeros bamdálicos, os pongo aquí el orden de sucesión de los faraones mencionados:
- Tutmosis III: 1479-1425 a.C. - Amenhotep (Amenofis) II: 1427-1400 a.C. - Tutmosis IV: 1400-1390 a.C. - Amenhotep III: 1390-1352 a.C. - Amenhotep IV/Akhenatón: 1352-1336 a.C.
Y para terminar, os dejo con parte del texto de la Estela del Sueño:
"Uno de aquellos días sucedió que el príncipe Tutmosis llegó de un viaje hacia la hora del mediodía. Tras tumbarse a la sombra de este gran dios, se sumió en un profundo sueño en el que vio cómo tomaba posesión de él en el preciso momento en que el sol alcanzaba el cénit. A continuación, vio cómo la Majestad de este noble dios hablaba a través de su propia boca del mismo modo en que un padre se dirige a su hijo, y decía: 'Mírame, obsérvame, Tutmosis, hijo mío. Soy tu padre Horemakhet-Khepri-Ra-Atum. Te daré el trono de la tierra de los vivientes y llevarás la Corona Blanca y la Corona Roja sobre el trono de Geb, el heredero. La tierra será tuya en toda su extensión, así como cuanto ilumina el ojo del Señor de Todo. Recibirás provisiones abundantes del interior de las Dos Tierras y de todos los países extranjeros, así como una vida larga en años. Mi rostro lleva fijándose en ti desde hace muchos años; mi corazón te pertenece, y tú me perteneces a mí. Fíjate: estoy destrozado y mi cuerpo está en ruinas. La arena del desierto sobre la que solía estar ahora me cubre casi por completo. He estado esperando para que puedas hacer lo que está en mi corazón, pues sé muy bien que tú eres mi hijo y protector. Acércate: estoy contigo, yo soy tu guía'. Al finalizar el discurso, este príncipe miró fijamente, pues acababa de escuchar estas palabras del Señor de Todo. Después de entender las palabras de este dios, llevó el silencio a su corazón. A continuación, exclamó: 'Venid, dirijámonos al templo de la población, donde tal vez dejen de lado las ofrendas a este dios. Nosotros le obsequiaremos con ganado y todo tipo de hortalizas, y dirigiremos nuestras oraciones a aquellos que nos precedieron...'".
Para ser justos, hay que señalar que la parte en la que la Esfinge le promete "una vida larga en años" a Tutmosis IV no se cumplió, ya que éste murió en el noveno año de su reinado, cuando contaba con unos 30 años de edad.
EDIT: Bueno, edito esta entrada para comentaros que la he publicado en forma de artículo en una página web sobre el Antiguo Egipto. Lo comento por si alguien se la encuentra para que no se piense que ha habido un copiar y pegar por parte de nadie, jeje. He incluído ligeras modificaciones en el texto, ya que cosas como "compañeros bamdálicos" allí quedaban fuera de contexto. Además, el administrador muy amablemente ha incluido una nueva imagen de la Estela del Sueño en el mismo. Lo podéis ver aquí:
Antes de pasar a hablar de la razón de esta entrada dedicada a Manetón (su famosa "Historia de Egipto" o "Aegyptiaca"), vamos a esbozar algunos datos sobre su vida (pocos, puesto que no se sabe gran cosa):
Nació en Sebennito (actual Samannud, en el Delta del Nilo) y fue sumo sacerdote de Ra en Heliópolis. Vivió durante el reinado de los dos primeros faraones de la Dinastía Lágida, que son Ptolomeo I Sóter (305-283 a.C.) y Ptolomeo II Filadelfo (283-246 a.C.).
Un acontecimiento que nos da una pista sobre su importancia, es que, siguiendo a Plutarco, Ptolomeo I Sóter convocó en Alejandría una comisión de teólogos, entre los que se encontraba el propio Manetón. Las razones son que Ptolomeo I, de origen macedonio, pretendía legitimar su poder en el trono de Egipto, y para ello quiso sincretizar la religión egipcia con la helena con el fin de que sus súbditos, tanto egipcios como griegos, tuvieran un nexo de unión. El resultado fue la creación del dios Serapis, una fusión entre los dioses egipcios Osiris, Apis y Ra, aunque con características de dioses griegos como Zeus, Hades, Helios o Dionisos, e iconografía igualmente griega. Su centro de culto fue establecido en el Serapeum de Alejandría (el cual fue destruido en el 389 d.C. por orden del emperador romano Teodosio). Y como no es cuestión de extenderse en este punto, sólo añadiré que a pesar de la extensión del culto de Serapis en todo el mundo grecorromano (llegando incluso a Londres), el mismo nunca terminó de cuajar entre los propios egipcios.
Pero por lo que es realmente conocido Manetón es por ser el autor de una "Historia de Egipto" o "Aegyptiaca" que escribió durante el reinado de Ptolomeo I Sóter. A pesar de ser egipcio, Manetón empleó el griego en la redacción de la misma. Lo que pretendía era transmitir una historia compilada de su país al rey (ninguno de los faraones ptolemaicos, salvo Cleopatra VII, aprendió nunca egipcio). El hecho de estar escrita en griego ciertamente debió de ayudar a que esta obra alcanzase una gran relevancia en la antigüedad, como de hecho ocurrió, ya que no nos ha llegado nada directamente de Manetón, y si conocemos el contenido de su "Aegyptiaca" (aunque de forma fragmentada) es gracias a otros autores. Hoy en día se sigue usando entre los investigadores como complemento a otros hallazgos debido a la gran cantidad de datos que aporta, aunque por supuesto, teniendo siempre en cuenta factores como que Manetón incurre en errores en numerosas ocasiones o la manipulación interesada de que fue objeto su obra por parte de los autores que nos la transmitieron. De este modo, otros descubrimientos y fuentes sirven para corroborar cuándo Manetón nos está transmitiendo un dato erróneo o uno fiable.
La "Historia de Egipto" o "Aegyptiaca" de Manetón se divide en tres tomos. Comienza, al igual que el Canon Real de Turín, con una dinastía de dioses (en la cual no me voy a detener por haberlo hecho ya en la entrada sobre el citado papiro), y después continua con los reyes humanos, a los que agrupa en treinta dinastías, comenzando por Menes y llegando hasta el rey persa Darío III, que fue expulsado del país por Alejandro Magno (lo cual fue recibido de buen grado por los egipcios). Esta división en dinastías es la base que actualmente utiliza la egiptología para establecer la cronología del Antiguo Egipto.
Como sumo sacerdote que era, Manetón tenía acceso a los archivos reales depositados en templos y palacios, así que es de suponer que las fuentes que utilizó fueron documentos de la misma tipología que el Canon Real de Turín, la Piedra de Palermo y las listas reales de los muros de los templos. Dinastía a dinastía, Manetón nos da una versión del nombre de cada rey, los años de duración de su reinado, y a menudo también aporta datos sobre el reinado o la personalidad del monarca.
Como anteriormente he comentado, no nos ha llegado nada de la "Historia de Egipto" directamente de Manetón, sino de numerosos autores que utilizaron su obra con diversos fines. En este sentido, los más importantes son Flavio Josefo, Julio Africano, Eusebio de Cesarea y Sincelo. Comentemos algo sobre cada uno de ellos:
Flavio Josefo:
Este historiador del siglo I d.C., gracias a su última obra, "Contra Apión", contribuyó enormemente a la transmisión de la "Aegyptiaca" de Manetón. Los intereses de Josefo residían en corroborar la historia de Israel de forma apologética. Para entendernos, pretendía utilizar la obra de Manetón para corroborar que los hechos narrados en la Biblia hebrea acerca de la historia de Israel eran ciertos, y para ello, no dudó en manipular la obra de Manetón, de modo que cuando no podía corroborar algún dato, no dudó en manipular, tergiversar o acusar a la obra de Manetón de aportar datos poco fiables. Así nos encontramos con que pretende demostrar la historicidad del Éxodo, para lo que equipara a los invasores hiksos con los hebreos que abandonaron Egipto de manos de Moisés convirtiéndoles en los fundadores de Jerusalén.
Hay que decir que dicho intento de equiparación entre los hiksos y los hebreos del Éxodo también lo hacen otros autores con la obra de Manetón. Hoy día sabemos que aunque el hecho histórico de la expulsión de los hiksos de Egipto de manos de Ahmosis en el 1535 a.C. tal vez pudo inspirar al autor del Éxodo, a todas luces es un error equiparar ambos como si fueran lo mismo, ya que para empezar, la historicidad del Éxodo es más que dudosa. Pero éste no es momento de hablar de este tema.
Julio Africano:
Fue un escritor cristiano griego nacido en Aelia Capitolina (se trata de Jerusalén, cambiada de nombre por el emperador Adriano tras aplastar una revuelta) en el siglo III d.C. En su obra "Crónica", escrita en cinco libros, y que luego sirvieron de base a Eusebio, nos encontramos con un intento de sincronización de cronologías entre los hechos bíblicos y los clásicos. Africano usa así la obra de Manetón para tratar de equiparar cronológicamente la historia del Antiguo Egipto con los hechos narrados en la Biblia. Nos encontramos entonces, al igual que ocurría con Josefo, con que los fines de Africano eran apologéticos más que de interés puramente histórico.
Eusebio de Cesarea:
Historiador griego y apologista cristiano que fue Obispo de Cesarea (Palestina) aproximadamente en el 314 d.C. Una de sus primeras obras, también llamada "Crónica" está dividida en dos libros. Eusebio utiliza la obra de Manetón con los mismos fines que los dos autores anteriores. Así, en el primer libro de su "Crónica", se dedica a narrar brevemente la historia de distintos pueblos (asirios, caldeos, judíos, egipcios, griegos y romanos). En el segundo libro trata de sincronizar, al igual que Africano, las cronologías de dichos pueblos con la bíblica, en un intento de demostrar que la religión judía era la más antigua que existía, y así, a través de ella, lo sería el cristianismo. Hay que señalar que Eusebio, aunque no deja de tener fines apologéticos, es más crítico con sus fuentes que Africano, y es el que más fragmentos nos ha transmitido de la obra de Manetón.
Sincelo:
También conocido como Jorge el Monje, vivió a finales del siglo VIII y principios del IX d.C. Utilizó la obra de Manetón en su "Eklogué Cronografias", donde narra una historia del mundo que abarca desde Adán hasta Diocleciano. Las intenciones de Sincelo eran demostrar que Jesucristo había nacido 5500 años después de la fecha de la creación del mundo, y empleó la "Historia de Egipto" de Manetón para narrar la historia de las dinastías de reyes egipcios desde el Diluvio Universal hasta Darío III. También se apoyó en la obra de Eusebio.
Llegados a este punto, y para terminar, en la entrada anterior había mencionado que tal vez Manetón tuviera algo que decir acerca de Hatshepsut y de los faraones de Amarna, cuya memoria fue borrada sistemáticamente de los monumentos egipcios por no considerarlos como gobernantes legítimos de las Dos Tierras. No es mi intención extenderme mucho más, así que seré breve. Nos iremos a la Dinastía XVIII de la "Historia de Egipto" según la transmitió Flavio Josefo, y allí encontramos a una reina a la que llama Amesis que "reinó 21 años y 9 meses". Se ha sugerido que podría tratarse de la reina-faraón Hatshepsut, que reinó 22 años. En el caso de los faraones de Amarna (Akhenatón, Smenkhkara, Tutankhamón y Ay), no es fácil su identificación en Manetón, aunque parece que algunos sí estarían. Así, por ejemplo, encontramos a un Ratotis que "reinó 9 años" y que podría tratarse de Tutankhamón, cuyo reinado fue de unos 10 años como mucho. Esto nos lleva a la conclusión de que aunque los egipcios de cara a los dioses borraban la memoria de los faraones que consideraban ilegítimos, parece que algo sí que quedaba de ellos recogido en los textos de los archivos reales de carácter no religioso. Desde luego, este hecho supondría un valor añadido a la obra de Manetón.
Para terminar con las listas reales del Imperio Nuevo, nos queda por ver el Canon Real de Turín. Al contrario que las anteriormente vistas, no está escrita sobre un muro de piedra, sino que su soporte es el papiro. Está escrito en hierático, que era un tipo de escritura de trazos más fluidos que los jeroglíficos y que se ideó ya en el Imperio Antiguo para escribir sobre papiro de forma más rápida.
Este papiro fue descubierto por Bernardino Drovetti, cónsul general francés, y formó parte de la primera de las tres colecciones que logró reunir en su búsqueda de tesoros. Trató de vender esta primera colección a Francia, pero se encontró con la oposición del clero francés, que temía que los papiros de la colección de Drovetti demostrasen que la civilización egipcia era más antigua que el 4004 a.C., fecha que por entonces se aceptaba por dogma teológico como la de la Creación. Así que finalmente, Drovetti vendió su colección en 1824 a Carlos Félix, rey de Cerdeña, por 13000 libras, la cual terminó formando la base del Museo Egipcio de Turín, en donde se halla actualmente.
Curiosamente, la primera persona que pudo trabajar con el Canon Real de Turín fue Jean-François Champollion (enormemente conocido por haber descifrado la escritura jeroglífica), que viajó a Turín para catalogar la colección de Drovetti. Allí comparó el Canon Real de Turín con una lista de faraones (para entonces ya había trabajado con el texto de la Piedra Rosetta). Unos pocos años más tarde, en 1828, pudo finalmente viajar a Egipto formando parte de una expedición franco-toscana, durante la cual pudo comprobar que había tenido éxito en el desciframiento de los jeroglíficos.
Volviendo al Canon Real de Turín, hay que señalar que desgraciadamente está muy dañado, tal y como se puede ver en la imagen anterior, así que las lagunas del texto son numerosas. El papiro está escrito por las dos caras, aunque sólo por una de ellas se detalla la lista de reyes. La otra cara contiene una serie de datos administrativos que no vienen al caso, aunque es lo que nos sirve para estimar una datación el papiro en el reinado de Ramsés II, de la Dinastía XIX.
Parece que en origen pudo contener los nombres de unos 300 monarcas en orden cronológico, incluyendo la duración de sus reinados en años, meses y días, lo cual convierte al Canon Real de Turín en un documento de gran importancia a la hora de establecer una cronología para el Antiguo Egipto. Aún así, sabemos que el papiro contiene errores, tales como no tener en cuenta reinados que en realidad fueron simultáneos o las corregencias. También se han detectado fallos en la duración del reinado de algunos reyes, como es el caso del famoso Khufu (Keops), constructor de la Gran Pirámide. Este papiro le otorga una duración de 23 años de reinado, pero hace unos cuantos años se descubrió una inscripción en el oasis de Dakhla que habla de una expedición enviada en busca de mafet (un pigmento rojo) que menciona el año 27 de su reinado.
La lista de reyes del Canon Real de Turín comienza con los dioses que según las creencias de los antiguos egipcios gobernaron Egipto al principio. En los textos egipcios que aportan información de corte histórico es bastante habitual encontrar una mezcla de lo mitológico y lo real, por eso es importante saber diferenciar un mundo y otro al analizar los textos. El Canon Real de Turín no es una excepción a este fenómeno, al encontrarnos con estos dioses que aparecen al comienzo de la historia de Egipto.
Con los primeros dioses que aparecen en la lista, observamos el proceso de la creación del mundo: al comienzo se encuentra el dios Ptah, que según la cosmogonía de Menfis, creó el mundo con el corazón y la palabra. Le sucede Ra, el dios sol creador de la vida, y después su hijo Shu, el aire, que separó el cielo (Nut) de la tierra (Geb) interponiéndose entre ambos. A Shu le sucede Geb, y después el hijo de éste, Osiris, que es asesinado por su hermano Seth.
Luego aparece Horus, el hijo póstumo de Osiris, que luchó contra Seth por el trono de Egipto. Después, el Canon Real de Turín da los nombres de otros tres dioses: Thot, Maat y un Horus cuyo nombre se ha perdido. Aquí hay que tener en cuenta el papel de Maat, que es la diosa del orden, la justicia, la verdad, etc. y al mismo tiempo un concepto abstracto de difícil definición en la actualidad. Así, antes de la creación, no había Maat, no había orden, y cuando el demiurgo (dios creador) creó el mundo, estableció la Maat. Desde entonces, fue una labor fundamental de cada faraón preservar la Maat para que no volviera el Caos primigenio. Ése es el motivo de la inclusión de Maat en la lista de dioses.
Después aparecen otros nueve dioses, que son los que se encargan de la transición entre un gobierno de dioses a otro de humanos. Estos dioses son los bau de Buto (Pe) e Hierakómpolis (Nekhen), los cuales representan a los gobernantes del norte y del sur durante el Periodo Predinástico (anterior al 3000 a.C.). Estos dioses en conjunto forman los bau de Heliópolis y se relacionan con Horus, el dios de la realeza. Es importante señalar que Buto e Hierakómpolis eran las capitales predinásticas del Bajo y Alto Egipto respectivamente. Después vienen los Shemsu Hor (Seguidores de Horus), los cuales podrían ser los reyes predinásticos, pero aún no está claro.
Después de esta lista de dioses, por fin, el Canon Real de Turín comienza con los reyes humanos, siendo el primero de ellos Menes, primer rey de la I Dinastía, el primer Rey del Alto y Bajo Egipto, esto es, del Egipto unificado. Su nombre aparece dos veces, uno con un determinativo para "humano" y el otro para "divino" (un determinativo es un jeroglífico que no tiene sonido y se escribe al final de una palabra. Su función es darnos una idea del significado de la palabra a la que acompaña).
Los reyes y sus reinados se suceden hasta llegar a la Dinastía XVII, donde se corta. Si estamos en lo cierto al datarlo en época de Ramsés II, es de suponer que originalmente llegaba hasta este faraón. El papiro también incluye a reyes del Primer Periodo Intermedio (Dinastías VII a XI, 2181-2055 a.C.), sobre todo de la segunda mitad del mismo, cuando se produjeron los enfrentamientos entre los reyes heracleopolitanos y tebanos por el poder, con el cual se hizo finalmente el tebano Mentuhotep II, iniciando el Imperio Medio (2055-1773 a.C.). Aún así, se ha perdido valiosa información referente a la Dinastía XI.
Al contrario de lo que ocurría con las listas reales vistas en la entrada anterior, el Canon Real de Turín sí que incluye a los odiados gobernantes hiksos del Segundo Periodo Intermedio (1773-1550 a.C., Dinastías XIII a XVII, siendo las Dinastías hiksas la XV y la XVI), aunque añadiendo a sus nombres el determinativo de "extranjero". El término de "hiksos" viene de la expresión egipcia "heqau khasut", es decir, "gobernantes de los países extranjeros", el cual se aplicaba a los gobernantes asiáticos. Evidentemente, el motivo de la inclusión de los hiksos en el Canon Real de Turín es que no era una lista real destinada al culto a los reyes predecesores de un faraón como las de Abidos o Karnak.
Finalmente, lo que se ha conservado del Canon Real de Turín llega hasta la Dinastía XVII, la cual corresponde a una familia de gobernantes tebanos que hicieron frente a los hiksos hasta que Ahmosis, procedente de dicha familia, los expulsó definitivamente, convirtiéndose en el primer faraón del Imperio Nuevo y dando comienzo a la Dinastía XVIII en el 1550 a.C., iniciando así el periodo de mayor esplendor de la historia del Antiguo Egipto.
En el Canon Real de Turín sí que aparecen reinas-faraón, como Nitocris, de la VI Dinastía, y Sobekneferu, de la XII. Éstas, al igual que ocurría con Hatshepsut (de la Dinastía XVIII), no aparecían en las listas reales de Abidos, Karnak y Saqqara, así que es de esperar que Hatshepsut también apareciera en este papiro. Pero por desgracia, se ha perdido todo lo referente al Imperio Nuevo. También hubiese sido interesante saber qué decía el papiro sobre los reyes de Amarna, si es que incluía a alguno. A este respecto, tal vez la "Aegyptiaka" o "Historia de Egipto" de Manetón pueda aclarar algo, pero eso será en la próxima entrada.
Se han encontrado diversas listas de reyes procedentes del Imperio Nuevo (1550-1069 a.C.) de importancia. Las más conocidas son:
- Lista Real de Karnak. - Segunda Lista Real de Abidos. - Lista Real de Abidos. - Lista Real de Saqqara. - Canon Real de Turín.
Las cuatro primeras están inscritas en jeroglíficos en los muros de los templos, excepto la de Saqqara, que se encontró en una tumba. Estas listas son extractos de los documentos que se guardaban en los templos y en los palacios, y su fin no era de corte histórico, como veremos a continuación. Los antiguos egipcios creían que su faraón era el dios Horus encarnado, y que cuando éste moría, se convertía en Osiris en el Más Allá. De este modo, con las listas reales lo que se pretendía era rendir culto a los faraones que se consideraban legítimos que habían precedido en el trono al faraón actual. El fin último de este culto era preservar la continuidad de la monarquía.
El último documento de la lista anterior, el Canon Real de Turín, es un caso aparte. Consiste en un papiro escrito en hierático que no se limita a nombrar una serie de reyes, sino que además da la duración de sus reinados en años, meses y días. Pero ahora pasemos a comentar estas listas reales una a una de forma más detallada:
Lista Real de Karnak:
Fue inscrita en la Cámara de los Antepasados, situada en el interior del Akhmenu (Templo de la Festividad) de Tutmosis III (1457-1425 a.C.), el cual se encuentra en el Gran Templo de Amón en Karnak al este del patio del Imperio Medio. Contiene un total de 61 reyes en orden cronológico, que van desde Menes, de la I Dinastía, hasta Tutmosis III, de la XVIII Dinastía. También aparecen algunos monarcas del Segundo Periodo Intermedio (Dinastías XIII a XVII). Tutmosis III aparece realizando ofrendas a los reyes nombrados en la lista.
Otro dato de interés es que según esta lista, la antigüedad del templo de Karnak se remonta a la III Dinastía (la primera del Imperio Antiguo, que comienza en el 2686 a.C. aproximadamente), pero esto no ha podido ser probado.
La Cámara de los Antepasados del Akhmenu fue descubierta en el siglo XIX. Así, en el año 1843, los bloques que componen la lista real fueron desmantelados uno a uno por el francés Prisse d’Avennes, que los sacó de contrabando del país, con soborno al gobernador de Esna incluido, ante el cual fue denunciado. Actualmente se encuentra en París, en el Museo del Louvre. En su lugar original se puede contemplar una copia.
Segunda Lista Real de Abidos:
Esta lista es anterior en el tiempo a la primera de las dos listas reales de Abidos, y por ese motivo, además de por su gran importancia, hablaré de ella primero.
La misma se encuentra en el muro oeste de la Sala de los Antepasados del templo dedicado a Osiris que mandó construir en Abidos el faraón Seti I (1305-1298 a.C), de la Dinastía XIX. En el siguiente plano, he marcado su situación en rojo:
A la izquierda de la lista, aparecen Seti I y su hijo y sucesor Ramsés II (éste último representado como un joven príncipe real) rindiendo culto a sus antepasados. Seti I está haciendo una ofrenda de incienso, mientras que Ramsés II lleva en sus manos un papiro con los nombres reales que aparecen en el muro. En total, aparecen 76 reyes en orden cronológico, comenzando por Menes en la parte superior izquierda y terminando con Seti I. Alguno reyes fueron excluidos, como los de las Dinastías XIII a XVII. Tampoco aparecen faraones femeninos como Hatshepsut, o los del periodo de Amarna (Amenhotep IV/Akhenatón, Smenkhkara, Tutankhamón y Ay), considerado como herético por los egipcios. Los faraones vienen enumerados por su prenomen (nombre de entronización), y dado que este tipo de listas servían para rendirles culto, la estructura de la misma es la de una ofrenda tal que así: "para el rey X (prenomen) como un regalo de Seti I" (aquí se alternan el nomen (nombre de nacimiento) y prenomen de este faraón precedidos de "sa Ra" (Hijo de Ra) y "nesu" (rey), respectivamente).
Lista Real de Abidos:
Se trata de un duplicado de la de Seti I que se encontraba en el templo cenotafio (tumba falsa) que Ramsés II (1289-1224 a.C.) construyó en Abidos. Su estado es fragmentario, y actualmente se encuentra en el Museo Británico de Londres. Es de caliza pintada, y tiene una altura de 1,38 metros. Al tratarse de una copia de la anterior, contiene 77 nombres de faraones, ya que lógicamente hay que añadir el de Ramsés II. Siguiendo la misma lógica, en la fórmula de ofrenda se alternan el nomen y el prenomen de este faraón.
Lista Real de Saqqara:
Al contrario que las anteriores, se encontró en un muro de una tumba de Saqqara en 1861. La tumba pertenece a Tenry, un sacerdote y escriba real que vivió durante el reinado de Ramsés II. Tenry también tenía los títulos de "inspector de las obras de todos los monumentos del rey" y "responsable de todos los artistas del rey". La lista, que se conoce como la "Tabla de Saqqara" y se asemeja a las de Abidos, contiene los nombres de 47 reyes, aunque originalmente pudieron ser 58. Comienza con Anedjib, de la I Dinastía, y termina con Ramsés II. Se producen las mismas omisiones que en las listas reales de Abidos. Actualmente se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo.
Y llegados a este punto, para finalizar con las listas reales del Imperio Nuevo, continuaré con el Canon Real de Turín en otra nueva entrada.
A la hora de establecer la cronología de las distintas dinastías de reyes que gobernaron a lo largo de la historia del Antiguo Egipto, tenemos una serie de documentos de valor inestimable que ayudan a los expertos con esa ardua labor, que no está ni mucho menos concluida de forma satisfactoria.
Uno de los más antiguos documentos que poseemos al respecto es la llamada Piedra de Palermo, de la que existen siete fragmentos repartidos en distintos museos. Se trata de una losa de basalto escrita en jeroglíficos por las dos caras. El fragmento de mayor tamaño, que se conoce desde 1866, tiene unas dimensiones de 43,5 x 30 x 6,5 centímetros, y recibe su nombre por encontrarse, desde 1877, en el Museo Arqueológico de Palermo. Desde esa fecha han aparecido otros seis fragmentos, aunque en ocasiones se ha puesto en tela de juicio tanto su pertenencia a la Piedra de Palermo como incluso su autenticidad. En total, los siete fragmentos quedarían repartidos así:
- Piedra de Palermo, en el Museo Arqueológico de Palermo desde 1877. Su procedencia es desconocida. - Tres fragmentos en el Museo Egipcio de El Cairo que aparecieron en 1903, así como otro más en 1910. En este museo existe un quinto fragmento que fue adquirido en el mercado de antigüedades en 1963. - Un último fragmento está en el University College de Londres (Museo Petrie, UC 15508), procedente también del mercado de antigüedades, donde el mismo Petrie lo adquirió en 1917.
Se estima que la Piedra de Palermo originalmente debía ser de unos 2,1 metros de altura por 0,6 de ancho. Es uno de los documentos más importantes hallados hasta la fecha para establecer la cronología del Periodo Tinita o Protodinástico (Dinastías I y II, 3000-2686 a.C.) y del Imperio Antiguo (Dinastías III a VI, 2686-2125 a.C.), aunque comienza enumerando una serie de monarcas predinásticos que han sido identificados por algunos autores como los reyes mitológicos que los egipcios creían que habían gobernado en las Dos Tierras antes que los reyes humanos, siendo Horus el último de estos reyes, el cual fue sucedido en el trono por el rey humano Menes. Éste último no ha sido identificado de forma satisfactoria, y en ocasiones se le identifica con Narmer (último rey de la llamada Dinastía 0) o con Aha (primer rey de la I Dinastía). Sobre los reyes que vienen a continuación, ya incluye más información en lugar de enumerarlos tan sólo.
La Piedra de Palermo se puede describir tal que así:
Los anales de cada rey vienen establecidos en registros, de modo que quedan divididos por el jeroglífico para "año" en su calidad de ideograma (renpet), que es la línea vertical que se curva al final que se puede observar en la imagen, por lo que tenemos que cada registro es un año, pero la cosa no es tan sencilla por dos motivos: en las primeras dinastías, los años no vienen enumerados, sino que son denominados con un nombre en función de algún hecho relevante ocurrido durante el reinado de un faraón en ese año. Además, los registros vienen en lo que parecen ser censos bianuales de ganado (hesbet) en lugar de representar cada registro un año de reinado. En tal caso, de ser así, habría que multiplicar por dos las fechas que aparecen en estos registros para tener el total de años de reinado de cada faraón.
En la parte superior de cada registro viene el nombre del rey, y debajo se enumeran los acontecimientos más importantes de cada año. Éstos hacían referencia sobre todo a acontecimientos de tipo religioso, como fundación de templos o la visita a un santuario. También aparece información referente a la recaudación de impuestos, elaboración de estatuas y expediciones militares. En la parte inferior aparece un registro con la altura alcanzada por la crecida del Nilo cada año. Este último dato era de crucial importancia para la vida de los antiguos egipcios, ya que tanto una crecida escasa como una excesiva podía resultar desastrosa. Para recoger este dato, contaban con los denominados "nilómetros", los cuales solían estar en los templos.
Llegados a este punto, hay que hablar también de una serie de etiquetas o tablillas de marfil y de ébano del Periodo Protodinástico procedentes de las necrópolis de Saqqara y Abidos, entre otros lugares. Entre dichas tablillas y la Piedra de Palermo se pueden establecer varios paralelismos: en ambos casos aparece el jeroglífico renpet (a partir del reinado de Djet, de la I Dinastía) y recogen el mismo tipo de información con algunas diferencias. Así, en las tablillas protodinásticas se recoge información administrativa, lo que no ocurre en la Piedra de Palermo. Otra diferencia significativa es que las tablillas no recogen el dato referente a la altura de la crecida del Nilo. Se ha especulado con que este dato no aparece en las mismas al no ser considerado como necesario para el contexto en que aparecieron: como ajuar funerario de las tumbas reales.
Como ejemplo, bien vale la tablilla de ébano de Den, de la I Dinastía, procedente de Abidos:
Aquí está la traducción de la misma:
"Fiesta Sed. Ofrecimiento de la fortaleza (llamada) "La Puerta Hermosa". Enfermedad de la doncella (?). venida del sacerdote-sem y el cofre-Khenty. El rey del Alto y Bajo Egipto Khasty..."
Volviendo a la Piedra de Palermo, los anales que recoge llegan hasta el tercer faraón de la V Dinastía, Neferirkara (2475-2455 a.C.), aunque se desconoce si era el último faraón que aparecía originalmente. De ser así, significaría que la Piedra de Palermo fue elaborada durante su reinado, aunque lógicamente echando mano de los registros existentes en la época sobre los reyes anteriores. Los fragmentos del Museo Egipcio de El Cairo enumeran al principio una serie de reyes que llevan, de forma alternativa, la corona del Alto y del Bajo Egipto. El fragmento que posee el Museo Petrie de Londres incluye parte de los registros referentes a Khasekhemuy, de la II Dinastía, y una pequeña parte de los de Sneferu, de la IV Dinastía.
Y para terminar, un extracto de la Piedra de Palermo. Más concretamente de los anales de Sneferu:
"(Año 5 (?)). [El año de la Aparición del rey del Alto Egipto en] la capilla Per-Ur [y de la Aparición del rey del Bajo Egipto en] la Capilla Per-Nu, y de la creación de una estatua de cobre del Horus Neb-Maat... (Altura del Nilo): 3 codos, 5 palmos."
El Templo de Ptah en Karnak y la estatua que devoraba niños Publicado @ 21:12 - 10/8/2007 Etiquetas: Ptah, Karnak, Sekhmet, Tutmosis III
En el interior del recinto del Gran Templo de Amón en Karnak, situado en la actual ciudad de Luxor, se encuentra un pequeño templo dedicado al dios menfita Ptah. El emplazamiento del mismo está en el lado norte del muro que rodea y delimita el recinto (temenos) de Amón en Karnak. Se puede observar la localización de este pequeño templo a la izquierda de la siguiente imagen (es el pequeño edificio situado al lado del muro):
Este templo fue construido por el faraón Tutmosis III (de la Dinastía XVIII) sobre una estructura de adobe anterior que data al menos del Imperio Medio. Tutmosis III cuenta lo siguiente en un texto del propio templo:
"Lo hice como monumento para mi padre Ptah [...] erigiendo para él una nueva casa de Ptah con bella caliza blanca, puertas de cedro nuevo de la mejor de las terrazas. Es más bonito de lo que era antes [...]. Mi Majestad encontró este templo construido de ladrillo y columnas de madera y su puerta de madera, comenzando a deteriorarse [...]. Forré para él [Ptah] su gran asiento con electro del mejor de los países. Todos los recipientes eran de oro y plata y toda piedra espléndida y cara, con telas de fino lino, lino blanco, ungüentos de ingredientes divinos, para realizar sus agradables ceremonias en las fiestas del comienzo de las estaciones, que tienen lugar en este templo [...]".
Después de Tutmosis III, el templo fue ampliado por monarcas posteriores, como Shabaka, de la Dinastía XXV, y algunos Ptolomeos y emperadores romanos. Curiosamente, los Ptolomeos no sustituyeron los cartuchos reales anteriores por los suyos, sino que incluso llegaron a restaurar los que estaban dañados.
Al fondo de este templo, en el lado este, se encuentran tres santuarios. El del norte y el del centro están dedicados a Ptah, y el del sur a la diosa Hathor. En el santuario central se encuentra una estatua decapitada de Ptah, y en el del sur hay otra estatua (que se cree que fue colocada allí posteriormente) de la consorte de Ptah, la diosa con cabeza de leona Sekhmet. Dicha estatua, de granito negro, queda iluminada en determinados momentos del día por la luz del sol que entra a través de una pequeña ventanita del techo, dándole un aire de solemnidad en medio de la oscuridad del santuario. Esta estatua aterró a los habitantes de los poblados cercanos durante el siglo XIX y comienzos del XX, ya que pensaban que la misma cobraba vida en las noches sin luna, acercándose posteriormente a los poblados para devorar a los niños pequeños. La cosa llegó a tal punto, que los habitantes de estos poblados atacaron a la estatua a principios del siglo XX, causándole daños.
La diosa Sekhmet poseía dos aspectos que se contradecían: por un lado, era colérica y peligrosa, pero por el otro era sanadora y protectora. Es curioso comprobar con casos como el descrito, como al igual que ya ocurría en el Antiguo Egipto, miles de años más tarde Sekhmet siguió despertando sentimientos de terror en el corazón de los seres humanos.