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Myth Cloths al natural: Shion de Aries Publicado @ 12:21 - 10/7/2008 Etiquetas:
Shion, el último patriarca legítimo vivo, caballero de Aries en la guerra santa acontecida 243 años atrás
La armadura espectral de Aries guarda un agradable y sorprendente equilibrio entre belleza y agresividad, los abundantes bajorrelieves de la armadura de oro original adoptan una estética atemorizante, los tonos oscuros hacen el resto
La figura goza el honor de ser la primera que incluye los dorsos de las manos como piezas independientes
Sin casco fue como conocimos a éste personaje, con su característica melena y su rostro totalmente al descubierto, la palidez casi mortal de su piel contrasta con el color del Surplice de Aries
El rostro es uno de los mejores, con una mirada llena de fuerza y decisión y una cara perfectamente enmarcada por el cabello
Shion de Aries es una figura extremadamente bella, y a la vez cargada de melancolía, las poses extremas no sientan bien a un maestro de su calibre
Shion junto a su alumno, sin duda una de la mejores fotos que se pueden hacer y que más evidencia las diferencias entre ambas armaduras, son dos figuras que hay que poseer sí o sí
Erik miraba a su compañero entre incrédulo y divertido, sonriendo ante la perspectiva de ver a su amigo violar tan flagrantemente la ley.
- Créeme – contestó Luis si perder su enigmático gesto y echando a andar hacia el edificio – rara vez me oirás hablar tan en serio…
El Belmont siguió a Luis, confuso, adentrándose ambos en el recinto que conformaba la estructura con forma de mesa invertida y se sobresaltó cuando el Fernández se detuvo repentinamente.
- ¿Qué sucede? – preguntó alarmado.
- Nada, nada, tú… no creo que puedas sentirlo, pero… - tras unos segundos de duda, agachó la cabeza y suspiró – bah, déjalo, puede que solo fuera mi imaginación.
Dicho esto, siguió andando seguido del pelirrojo, en un instante su cabeza se había llenado de dudas, y ahora miraba con precaución a la ilustre estructura, buscando de nuevo esa sensación.
La de un aura gigantesca, antigua y pútrida, que por un mísero instante manó de aquel lugar.
- Oye, no creo que sea fácil entrar aquí de noche – articuló Erik apretando el paso para ponerse al nivel de su compañero – no hablamos de un sitio cualquiera, es la bé-enne-effe, la biblioteca nacional de Francia, esto nos puede meter en un buen lío.
- ¿Y no lo estamos ya? – contestó Luis como si tal cosa – tú déjamelo a mi, no me he tirado 5 años estudiando sistemas de seguridad para nada.
El Fernández apretó el paso y se dirigió a la puerta principal, deteniéndose ante ella y mirándola fijamente, como estudiándola; por un segundo, el pelirrojo llegó a temer que reventara un cristal de un golpe y se metiera como si tal cosa.
- Veamos… - murmuró mientras pasaba suavemente su mano derecha por el bastidor de la entrada – los cables de la alarma deben estar…. ¡¡¡AQUÍ!!!
Erik dio un respingo cuando vio a su compañero hundir la mano en el duro mármol embellecedor y dejarla ahí dentro, empuñando con fuerza lo que debían ser unos cables.
- ¿Y ahora qué? – preguntó con curiosidad mientras se acercaba de nuevo a su colega.
- Ahora cierra los ojos y ten cuidado – respondió éste como si tal cosa.
- Que cierre los… ¿Por q…?
No le dio tiempo a continuar, un cegador fogonazo azul eléctrico acompañado del estruendo de una tremenda descarga lo hizo cerrar los ojos y taparse los oídos al grito de “¡¡¡COÑO!!!”
Segundos después, un sofocante olor a goma quemada inundaba el área.
- Ale – finalizó Luis sacudiéndose las manos – listo.
- ¿”Listo”? – contestó el Belmont, alarmado - ¿¡”Listo”!? ¡Tú estás como una puta cabra! ¿¡Sabes la que has podido liar!? ¿¡Para esto te has “tirado 5 años estudiando sistemas de seguridad”, desgraciado!? ¡Vamos a tener suerte si no has incendiado el edificio!
El Fernández torció el gesto y bufó.
- Pues sí, listo, y sí – repuso – para esto “me he tirado 5 años estudiando sistemas de seguridad”, gracias a esos “5 años estudiando sistemas de seguridad” he sabido exactamente qué tipo de alarma era, cuales eran sus cables, por donde pasan, cómo se aíslan y cómo puedo cargármelos sin dañar el edificio… por cierto – comentó – se me hace raro que seas tú quien se altere por la posible destrucción de un inmueble.
- ¿Bromeas? ¡Es la Biblioteca Nacional Francesa! ¡Un emplazamiento histórico! ¿Quieres que vayamos a la Al-Cazaba e iniciemos las tareas de demolición?
Luis se encogió de hombros.
- Para lo que la cuida el ayuntamiento… Oye ¿Entramos o qué?
Erik gruñó en respuesta y se dirigió a la puerta, echándola abajo de una patada como era habitual.
- “Un emplazamiento histórico” – susurró el español – Derribando la puerta a patadas… ¡Con dos cojones!
Los dos compañeros se adentraron juntos en el edificio a oscuras, la luz de la luna así como la de las luces de emergencia llenaban el hall, que a Erik le pareció mayor de lo que había supuesto que era la primera vez que lo cruzó.
- ¿Dónde crees que está el libro? – preguntó el Fernández mientras observaba la sala.
- Ni idea – respondió el pelirrojo, avanzando delante de su amigo – pero seguramente no se encuentre expuesto al público, tal vez debamos meternos en el almacén…
Luis torció el gesto, evidentemente no le satisfacía la idea de meterse entre cajas.
- Bueno… - repuso – tú conoces este edificio, sabes donde está cada cosa, así que… guíame.
- En realidad no sé por donde empezar – reconoció el joven – de haber sabido que íbamos a venir esta noche hubiera estudiado el edificio a fondo, de todas formas… - señaló a una puerta en la que ponía “Sólo personal autorizado” – podríamos ir por ahí.
El Fernández se adelantó y cogió carrerilla, Erik adivinó inmediatamente que pretendía echar la puerta abajo y se interpuso para detenerlo.
- ¿En qué piensas? – preguntó - ¡Ya hemos hecho bastante ruido por hoy!
- Ya – repuso mosqueado el Fernández - ¿Alguna sugerencia, genio?
Lo miró un segundo a los ojos y, acto seguido, el Belmont se dirigió hacia la puerta y agarró el pomo con firmeza para después girarlo bruscamente, hubo un “crac”, y la puerta se abrió.
En efecto, tras esa puerta resultó encontrarse el almacén, que no era ni de lejos lo que Luis se imaginaba, estaba repleto de libros, eso sí, pero todo bien ordenado y clasificado.
- Fíjate – llamó Erik en una ocasión, observando fascinado una estantería – aquí hay libros de colecciones antiquísimas… apostaría a que podemos encontrar perfectamente material del siglo XVII
El Fernández se detuvo y lo miró de soslayo, sonriendo. Su compañero podía ser muy bruto en sus formas cuando se lo proponía, pero cuando su faceta de rata de biblioteca salía a la luz cambiaba por completo.
- ¿Has visto algo que pueda resultarte útil? – preguntó – Podríamos llevarnos todo lo que necesitemos.
El pelirrojo negó con la cabeza.
- No, no… y aunque fuera así… - dudó – hemos venido a por un único libro, no nos conviene sustraer más.
Luis rió.
- ¿¡Sustraer!?
- Suena mejor que robar…
Continuaron observando cuidadosamente, ayudados por las luces de emergencia, por sus pocas nociones obtenidas de la pequeña biblioteca privada de los Fernández Luis se dio cuenta de lo increíblemente valiosos que eran algunos libros, Erik por su parte estaba maravillado, y de vez en cuando agarraba alguno de aspecto especialmente adusto y lo ojeaba con avidez.
“Joder” comentaba de vez en cuando “así que este volumen no se había perdido” o bien “con uno sólo de estos libros se podría comprar el templo de la hermandad”
Sin embargo el volumen con el famoso escudo de armas en sus tapas seguía sin aparecer, y cuando arribaron al final del almacén ambos estaban francamente decepcionados.
- ¿Y ahora? – preguntó el Fernández apoyándose en la pared.
- No lo sé – respondió Erik – pero no quiero retroceder… suponía que estaría aquí… los demás emplazamientos de la biblioteca son fácilmente accesibles…
El Belmont se acuclilló y empezó a acariciar el suelo de terrazo con el gesto torcido, conocía bien el edificio principal, pensó, la colección de la propia biblioteca, la sala de préstamo, la hemeroteca y la sala infantil estaban allí, así que no podían haber escondido el libro en él…
- ¿Eh? ¿Qué es esto?
De repente Erik empezó a tocar algo en el suelo, entre todo el polvo y la pelusa, bajo la atenta mirada de su amigo.
- Oye ¿Te echo una mano?
- No, no hace falta – contestó – si no me equivoco, esto es…
La mano del pelirrojo encontró una argolla entre toda la basura y tiró de ella con fuerza, llevándose una pesada losa de terrazo, con ladrillo, cemento y hormigón armado incluidos, con la que abrió lo que parecía ser…
- ¡No jodas, es un pasadizo!
Erik había dejado la pesada tapa y asomado por la trampilla hasta la mitad del abdomen, ante sus ojos se extendían, hacia los cuatro puntos cardinales, cuatro pasadizos de piedra que se perdían en la espesa negrura.
- ¿Qué? ¿¡En serio!?
El Belmont se descolgó por la trampilla hasta el suelo, que se hallaba más abajo de lo que había supuesto en un principio, y miró hacia arriba esperando a su colega.
- ¡Baja y míralo por ti mismo!
Luis bajó de un salto, cayendo al lado de Erik, y contempló anonadado el lugar.
Aquellos pasadizos estaban excavados en la roca de un modo pulcro y perfeccionista, pareciendo ésta pulida incluso, y sin el más mínimo rastro de erosión.
- ¿A dónde conducirá esto? – se preguntó extrañado el joven Fernández.
El pelirrojo, dando una vuelta y deteniéndose a la entrada de cada bifurcación, contestó pensativo.
- No lo sé – admitió – aunque puedo imaginarlo, aún así tengo mis dudas de que éstos sean los únicos cuatro pasadizos que partan desde la biblioteca, debe haber más…
- Seguro, pero ¿para qué?
- Bueno… en caso de guerra serían muy útiles – respondió, deteniéndose delante del que se alargaba hacia el Norte - ¿Cogemos éste? Si no tenemos éxito podemos volver y revisar los demás.
Luis asintió y se colocó delante antes de que Erik llegara a moverse, sencillamente no se fiaba, estaban envueltos en oscuridad y sólo veían hasta donde sus ojos, en parte acostumbrados a la negrura y en parte adaptados a ella desde pequeños, les permitían.
Desde su llegada al recinto le había acompañado un mal presentimiento tal vez suscitado por esa ráfaga de energía corrupta, toda aquella oscuridad era el refugio perfecto para cualquier cosa que quisiera atacarles.
Tras unos instantes de duda hizo a su colega señas para que avanzara, comenzando así a moverse por el túnel.
Ninguno de los dos ocultó su sorpresa tras cruzarlo al darse cuenta de que, pese a haber resultado bastante corto – Erik calculó que debía ser la distancia desde el edificio central a una de las cuatro estructuras que rodeaban el edificio central – la covacha se les había hecho larga de cruzar, además de haberse sentido incómodos, Luis agregó además la sensación de haberse sentido continuamente observados y rodeados por aquella extraña aura putrefacta.
Tras intercambiar sus impresiones subieron por la oxidada escalera de metal que, firmemente clavada en la pared, les daba acceso a una trampilla; sabiendo de su peso por experiencia de la anterior el Belmont subió delante y la empujo cuidadosamente con su brazo derecho, retirándola y entrando él primero en el lugar.
El Fernández lo siguió y, una vez arribó a la superficie, no pudo hacer otra cosa que abrir la boca sin proferir sonido, sorprendido por el aspecto del emplazamiento en el que se encontraba.
Tal y como el pelirrojo había supuesto el sitio era, en efecto, una de las “patas” de la mesa invertida que conformaba el recinto de la biblioteca, una torre de siete pisos de alto que, conforme a lo que se sabe de estas cuatro extensiones de la biblioteca, era uno de los museos-almacenes destinados a exponer y custodiar raras y valiosísimas colecciones bibliotecarias.
Era de recibo reconocer la belleza del lugar, de paredes forradas de madera y suelo de parqué, los escasos pero valiosos libros estaba expuestos en vitrinas y abiertos para mostrar al público su autenticidad y las amplias ventanas dejaban entrar la luz de la luna que, según le pareció a Erik, tenía una muy leve tonalidad rojiza, pero lo descartó al instante achacándolo a su imaginación.
- Bueno… - repuso el pelirrojo finalmente – empecemos la búsqueda.
Empezaron a moverse con toda la tranquilidad del mundo, si bien el Fernández no sabía exactamente como era su objetivo, de modo que se limitaba a vigilar y observar mientras Erik cumplía su cometido.
Poco a poco fueron ascendiendo, el Belmont se abstenía esta vez de hacer comentarios, y Luis no dejaba de mirar inquieto por las ventanas.
- Esto es muy raro – murmuró, deteniéndose justo en el centro del tercer piso.
- ¿A qué te refieres? – le preguntó despreocupadamente su compañero.
- He fundido las alarmas, vale, pero – alzó la cabeza y miró a una de las esquinas del techo – las cámaras de seguridad aún funcionan ¿y qué pasa con las alarmas aisladas? Este lugar debería tenerlas.
- ¿Alarmas aisladas?
- Sí – aseveró – alarmas en lugares o pisos concretos, o bien protegiendo algunos expositores… llevamos tres pisos ya y – sonrió divertido – a juzgar por las caras que has puesto hemos topado ya con unos cuantos libros importantes…
- Verdaderos incunables, tío – corroboró Erik – verdaderos incunables…
Acabada esta conversación continuaron ascendiendo, el cuarto piso no les ofreció nada especial, no llegando el pelirrojo siquiera a arquear una ceja, pero en el quinto Erik, que revisaba las estanterías totalmente concentrado, sintió curiosidad por un comentario realizado por su amigo.
- Menuda portada para un quijote ¿no?
El Belmont acudió raudo a donde se encontraba Luis, en el centro de la sala, contemplando entre divertido e impresionado una vitrina en la que se hallaba un libro de unas dimensiones tales que el espacio disponible resultaba ridículo, con un cartelito ante el cristal que rezaba “1ª edición impresa de El Quixote”, se asomó para verlo mejor y, al conseguirlo, el reflejo de la luz de la luna sobre la tinta plateada del escudo de armas de la tapa lo dejó patidifuso.
- ¡¡¡No me jodas – exclamó sin contener su voz – que es el libro!!!
- ¿¡Como!?
En efecto, lo era, la tinta argentada dibujaba sobre la tapa de color carmesí un escudo de armas compuesto por un can tricéfalo entre cuyos cuellos emergían las dos cabezas de un fiero dragón y, bajo las dos criaturas, un feroz león blandía una larga espada.
- ¡Si, es este! – apartó a Luis y se apoyó sobre la vitrina, observando cada trazo del grabado - ¡Este es el libro que retiraron de de la vista al público! – sonrió – mira que intentar hacerlo pasar por un quijote… queda ridículo en esta vitrina.
Sin más dilación y para horror de su compañero, Erik levantó el cristal, que no estaba asegurado por ningún tipo de cerradura, y se dispuso a coger el libro, momento en que el Fernández lo detuvo.
- ¿¡Estás loco!? ¿Ya te has olvidado de las alarmas?
- Ya he metido las manos y no ha sucedido nada – contestó el pelirrojo con tranquilidad, alzando el volumen - ¿Qué puede pasarnos?
No pasó nada hasta que Erik sacó el libro de la vertical del atril, en ese momento el horrible estruendo de una sirena inundó toda la torre y la sala se vio iluminada por la luz roja intermitente de una alarma colocada en el techo, ante esto Luis reaccionó con rapidez y se dirigió a asomarse por la ventana, seguido de su colega, para encontrarse a toda una marabunta de agentes rodeando el edificio y disponiéndose a entrar.
- Estamos jodidos… - murmuró Luis con fastidio.
- ¡Coño, que prisa se han dado! – apreció Erik.
- No, peor que eso… - el Fernández apretó los dientes – hemos caído en su trampa… nos estaban esperando…
Los dos amigos guardaron un tenso silencio mientras contemplaban cómo los policías intentaban entrar en la torre, el español notó la ausencia del Comisario Jacques Rousseau, pero no le daba gran importancia en comparación con la idea de tener que escapar de allí a toda prisa.
El pelirrojo echó a correr sucintamente en dirección a la escalera, siendo perseguido y detenido por Luis.
- ¿A dónde crees que vas? – le preguntó con serenidad, sujetándolo del brazo.
- ¡Voy a salir de aquí, por supuesto!
Erik estaba lívido.
- ¿¡Por la puerta principal!? ¡Es una idea perfecta si lo que quieres es que te pillen!
- Me cago en la leche – se soltó con brusquedad de la presa de su compañero - ¿¡Y qué sugieres!?
Se miraron por unos momentos, acto seguido el español volvió a la ventana y contempló cómo los policías intentaban echar la puerta abajo con un ariete de acero.
- Subir – dijo sin más.
- ¿Subir?
Luis suspiró y miró al techo, su rostro mostraba una gran concentración.
- No podemos bajar por las escaleras o el ascensor – explicó – nos cogerían enseguida, pero no puede existir semejante construcción sin un montacargas que baje hasta el almacén… si lo hay, tendrá una entrada en la última planta, lo cogeremos allí y bajaremos – bajó la mirada y clavó los ojos en los del Belmont - ¿Qué me dices?
Los dos se miraron por un momento, un estruendo particularmente fuerte les confirmó que la puerta de entrada había sido abierta.
- Tú eres quien entiende de esto – reconoció – vamos por la ruta que consideres más segura.
El Fernández le indicó que lo siguiera con una señal y empezaron a andar los dos escaleras arriba, tras haber cedido la puerta la torre estaba increíblemente silenciosa, pero bajo sus pies los dos compañeros podían sentir los pasos del ejército de policías que había entrado en el edificio.
- Están tomando posiciones – indicó en voz baja a Erik – bloqueando todas las salidas y entradas – aguzó el oído – se mueven con mucha seguridad, están muy bien organizados…
No tardaron en arribar al séptimo y último piso, el pelirrojo quedó vigilando la escalera mientras Luis buscaba el posible montacargas, que resultó estar oculto tras un cuadro de arte moderno que no pegaba para nada con la decoración del lugar, lo retiró y se dirigió a su compañero para indicarle que subiera, cuando de repente…
BLAM
- ¡Levez vos mains!
Los jóvenes se quedaron congelados, la puerta del montacargas se había abierto de golpe y de él salía, apuntándoles con su arma reglamentaria, el Commisaire Rousseau, en cuyo rostro se dibujaba un evidente gesto de triunfo.
- ¡Comisario! – exclamó Luis, sorprendido.
- El que faltaba… - refunfuñó Erik, aferrándose al libro.
- ¡He dicho que levantéis las manos! – insistió Jacques.
Finalmente obedecieron, para evitar problemas el español movió su Katana hasta dejarla detrás de la cabeza, fuera del alcance de ambas manos, mientras que Erik únicamente alzó la derecha, sujetando el libro en la izquierda.
- Bien, bien, sois obedientes… - apuntó a Luis con el arma – Tú, colócate ahí.
Indicó al Fernández que se dirigiera a la ventana señalándola con el dedo, alejándolo así de su compañero para evitar posibles represalias conjuntas, acto seguido se acercó al Belmont y, sin dejar de encañonarle, le dio una orden.
- Entrégame el libro.
- ¿Por qué habría de hacerlo? – contestó éste con tono impertinente - ¿Para qué lo necesita usted?
Hubo unos momentos de silencio, el comisario parecía buscar las palabras.
- Este libro podría resultar de gran utilidad en el caso de los niños – continuó – Estoy totalmente seguro de que contiene las claves necesarias para encontrarlos, soy un experto en el tema ¡Debo consultarlo!
Ante las palabras de Erik, en parte autoritarias y en parte suplicantes, Jacques Rousseau se limitó a soltar una estridente carcajada en la que Luis pareció atisbar cierto fingimiento.
- ¡Ese libro contiene sólo tonterías mitológicas sobre vampiros y sombras! – espetó - ¿Qué esperas sacar de él? ¡Son cuentos para críos y supersticiosos!
Los dos amigos se miraron por encima del comisario.
- Oiga, Rousseau – lo interrumpió Luis - ¿Puedo hacerle una pregunta como compañero de profesión suyo que soy?
El francés se dio la vuelta, amenazándolo ahora con el arma a él.
- Por supuesto “monsieur” Fernández, habla.
- ¿Cómo supo que nos presentaríamos aquí?
Luis sonrió, pero no al comisario si no a su amigo, que le devolvió el gesto. Ambos sabían que en el fondo el español no tenía ningún interés por la respuesta.
- Sencillo – respondió – el bibliotecario me contó el incidente de ayer, así que supuse que os presentaríais aquí tarde o temprano.
- ¿Y por qué tanta movilización para un simple libro? – cuestionó el pelirrojo a su vez - ¿No es una sarta de cuentos para supersticiosos?
Sorprendido por la intervención del Belmont, Jacques se dio la vuelta, momento en que Erik lo golpeó con una patada que lo desequilibró.
- ¡CÓGELO! – gritó a Luis al tiempo que le lanzaba el libro.
El receptor extendió la mano y agarró el volumen sin mucho problema mientras que, aturdido, el comisario se daba la vuelta para encañonarlo a él.
- Que… ¿Qué es este juego? – preguntó tambaleante.
- Fácil – respondió el Belmont – uno de nosotros se lleva el libro y usted detiene al “intruso que se coló en la torre norte de la Biblioteca Nacional Francesa”
- Luego, siendo el detenido un colaborador de la investigación así como de la policía española, el departamento de mi país interviene, el supuesto delincuente queda en libertad sin cargos y todos felices.
- ¿Y por donde piensas llevarte el dichoso libro? – Rousseau quitó el seguro a su pistola - ¡Aunque puedas coger el montacargas no irás muy lejos! ¡Tengo apostados agentes hasta en el sótano! ¡Hemos cubierto todas las salidas!
La sonrisa de Luis se acrecentó.
- Oh no, todas no…
Tras decir estas palabras, se dio la vuelta y retrocedió unos pasos.
- Nos vemos luego, Erik – se despidió de su compañero.
- Hasta más ver, tío – respondió éste.
Y, sin dar tiempo a reaccionar al comisario, se lanzó contra la ventana, rompiéndola de un salto y cubriéndose la cara para evitar dañarse con los cristales, Rousseau sólo pudo asomarse para verlo caer limpiamente de pie.
- P-pero cómo…
El pelirrojo le acercó con calma, con lo brazos ya bajados, y se colocó a un par de metros de él.
- Lo siento, comisario – se disculpó, no sin cierta sorna – pero realmente no tengo ganas de acabar en el calabozo, de modo que si me deja pasar se ahorrará un molesto traumatismo y un par de semanas en el hospital.
Furioso, Jacques Rousseau se dio la vuelta y le apuntó casi a bocajarro.
- ¡Maldita sea! ¡TU NO VAS A NINGUNA PARTE, NIÑATO!
El Belmont no contestó nada, sólo agarró el cañón del arma y, sin mucho esfuerzo, lo dobló hacia arriba.
- Tiene mala suerte – comentó – porque Luis y yo no somos como usted, todos esos policías que nos esperan abajo o el resto de seres humanos “normales”… somos más, mucho más fuertes – se cruzó de brazos – formamos parte de un mundo en el que cualquiera de los que son como usted se cagaría de miedo, donde las armas comunes no sirven de nada y donde uno de sus golpes no son para nosotros y nuestros enemigos más que un simple roce…
- ¿Uno de nuestros golpes? – preguntó tirando su ahora inservible al suelo - ¿Algo como – repentinamente cogió a Erik por ambos hombros y se pegó a él, acto seguido el pelirrojo sintió un dolorosísimo impacto en sus partes – ESTO?
El Belmont se dobló de dolor, contemplando sin apenas aliento cómo el comisario se lanzaba por la ventana que Luis había roto, dispuesto a cazar al Fernández.
Fuera, Luis contempló sorprendido cómo el comisario Jacques Rousseau caía de la misma forma que él y salía a la carrera detrás suyo. Tras correr un poco – muy poco – se detuvo y adoptó una postura de guardia, dispuesto a luchar.
No tardó en ser alcanzado, el comisario le atacó enseguida con un puñetazo desde el lado derecho – en el que sujetaba el libro – que esquivó, viéndose expuesto a una patada que pudo detener in extremis, dándose cuenta de que, para su – desagradable – sorpresa, aquel hombre, aparentemente humano, era con mucho más fuerte que Erik.
Confuso, decidió tomar la iniciativa, contaba con la ventaja de ser más rápido que su adversario y de que, para su suerte, aquel hombre únicamente parecía conocer – bastante bien, todo había que decirlo – el estilo de defensa personal propio de los cuerpos de policía; viendo la diferencia de fuerzas decidió esquivarlo mientras buscaba un hueco y, al encontrarlo, le propinó varios puñetazos y patadas, pudiendo sólo hacerlo retroceder un par de pasos.
- ¿¡De qué cojones está hecho este tío!? – exclamó cuando vio que sus golpes apenas tenían efecto.
Obtuvo como respuesta una potente patada en el estómago - el poder usar sólo uno de sus brazos no le ayudaba demasiado – Agarró el pie del comisario con su mano libre y lo impulsó hacia arriba, saltando y alcanzándolo en el aire con una patada con la que lo estrelló en el suelo, al poner los pies en el asfalto embistió, pero su adversario se levantó y contraatacó con un puñetazo en el rostro que, afortunadamente, pudo esquivar, sólo para recibir un codazo en pleno plexo solar.
Medio asfixiado, retrocedió para recuperar el aliento cuando sintió una voz, furiosa y lejana, que se acercaba a todo correr.
- ¡¡¡VAS A PAGAR POR MIS PELOTAS GABACHO DE MIERDA!!!
Era Erik, con la mano izquierda aún en su paquete, corriendo de un modo extraño y con el brazo derecho brillando con un cegador fulgor escarlata, al acercarse más Luis pudo comprobar por su rostro que estaba realmente furioso y, en un momento determinado, pareció desaparecer, reapareciendo de nuevo a su lado, tumbando al Comisario Rousseau de un solo golpe.
El Fernández, aún respirando con dificultad, se quedó atónito por la repentina aparición del Belmont, y sonreía divertido por su estado.
- Ti.. tío ¿Qué te ha… pasado? – preguntó entre jadeos.
- ¡Que el cabrón éste me ha sacudido un rodillazo en los huevos y se ha ido tan campante! – contestó entre dientes - ¡Vamos! – se dirigió al comisario - ¡Levántate para que pueda arrancarte las gónadas con mis propias manos, cabrón bigotudo!
Sereno, el hombre se incorporó, de la comisura de los labios le caía un hilo de sangre y ya tenía el uniforme arrugado y sucio.
Esto sorprendió a ambos, sobre todo a Erik, que había descargado toda la potencia que podía generar en aquel espantoso puñetazo, afortunadamente la sorpresa lo ayudó a tranquilizarse.
- Así que a ti también te ha podido… - repuso el pelirrojo, observando el estado de su amigo, que se enderezó con dificultad.
- Sí – tomó aire y lo exhaló con fuerza – no importa cómo le golpee, no tengo la fuerza suficiente para tumbarlo…
Erik torció el gesto.
- No me hace gracia la idea ya que no es un vampiro, pero…
- Si, tendremos que ir los dos a la vez.
Tras asentir, los dos chicos se lanzaron a la vez a por el comisario, Luis se adelantó e intentó golpearle con una patada giratoria en salto que su adversario detuvo, haciéndolo caer, a lo que Erik respondió rodeándolo con un rápido giro y atacándolo con un directo hacia la mejilla, Rousseau se volteó hacia él, desvió su brazo y le lanzó una potente patada que el Belmont contuvo con ambas manos, oportunidad que Luis aprovechó para atrapar la pierna sobre la que se sostenía entre las suyas y tumbarlo, el pelirrojo, una vez estaba su enemigo en el suelo, decidió caer sobre él con un codazo, pero éste lo pateó y envió a volar unos dos o tres metros, el Fernández por su parte intentó responder a esto desde el suelo, pero un súbito codazo lo dejó sangrando por la nariz, de modo que finalmente se alejó rodando y se levantó para ir a asistir a su colega.
- ¡Basta ya! – exclamó Erik exasperado – Este tío es pura fuerza bruta ¡Usemos las espadas!
- ¡De eso ni hablar! – replicó Luis - ¡Es un humano! ¡No podemos usar nuestras armas contra un simple humano!
- ¿Humano? ¿¡Simple!? ¡Joder, Luis, que nos está pegando una paliza a nosotros, que somos cazadores!
- Tú no puedes sentirlo – insistió el español mientras el comisario Jacques se levantaba de nuevo – pero los cazadores y los vampiros tenemos un aura que los humanos NO poseen ¡y el aura de este hombre es tan pequeña como la de cualquier otro de los suyos!
Concentrados en la discusión, ninguno de los dos se dio cuenta de que Rousseau los había embestido y, en pocos segundos, los alcanzó a ambos con sendos puñetazos en el estómago que los hizo volar varios metros de nuevo.
- ¿Necesitas que te den otra hostia como ésta para convencerte? – inquirió Erik, levantándose con dificultad.
- T-te digo – tosió – ¡Te digo que este hombre no tiene aura alguna!
- ¿Entonces qué es? ¿una especie de androide? – se burló el pelirrojo antes de que una bombilla se le encendiera en la cabeza – sí… - miró al comisario – podría ser…
- ¿Y ahora en qué piensas?
- Acabo de tener una idea – respondió – necesito comprobar algo, tú quédate aquí.
Sin decir ni una palabra más, aunque aún dolorido, se abalanzó sobre su adversario, que también echó a correr hacia él.
Su intención esta vez era bien distinta; hacía años ya, durante su aprendizaje, había oído hablar de humanos que, dispuestos a obtener una pequeña porción del poder legendario de los vampiros, se ofrecían a cosas impensables. Aquellos seres obtenían la fuerza o la velocidad sobrehumana de los chupasangres, pero aún conservaban sus atributos humanos.
¿Era Jacques Rousseau uno de esos seres?
Se alcanzaron el uno al otro rápidamente, el Comisario le lanzó un directo a la cara que Erik esquivó agachándose, respondiendo con un placaje de hombro y, al alzarse, con un gancho y una patada en vuelta. Su intención no era otra que agotar la resistencia de su enemigo y desequilibrarlo, continuó golpeándolo con impactos fuertes y certeros a los que Rousseau no era capaz de contestar, y en un momento dado se colocó tras él y lo inmovilizó, sujetando sus brazos a la altura de las axilas, con las manos en la nuca.
Era el momento perfecto, rápidamente cogió el cuello de la camisa del uniforme y tiró de él hacia abajo, lo que vio era exactamente lo que esperaba encontrar.
- Eh Luis – llamó a su amigo - ¡Luis!
El aludido se acercó corriendo, expectante.
- Tú tenías razón – dobló y arrodilló al comisario en un hábil movimiento – éste tío es un humano normal, salvo por un pequeño detalle…
- ¡No! ¡Quieto! – exclamó el francés, suplicante, al verse de rodillas.
Sin escuchar a su petición Erik tiró de la camisa del uniforme, rasgándola, mostrando la que era la marca de aquellos humanos ambiciosos.
En la nuca del Comisario descansaba un tatuaje tribal que se extendía hasta sus hombros, era negro y representaba una rosa sanguinolenta de cuya base se extendían varias ramificaciones espinosas.
- El Comisario Jacques Rousseau – miró directamente a los ojos a Luis, cuyo rostro había adquirido una exagerada expresión de sorpresa ante el hallazgo – es un siervo.
Koji Igarashi y su nula habilidad para manejar personajes Publicado @ 16:55 - 29/6/2008 Etiquetas:
Bien es sabido por todos que no le tengo un especial aprecio por Koji Igarashi, si bien es cierto que confío bastante en este showman de Fedora y látigo a la hora de gestionar la jugabilidad de un CastleVania, me da hasta miedo cuando me pongo a ver cómo se desarrollan el guión y los personajes de uno de sus CastleVania.
Y es que de argumento nunca andan mal estos juegos (para lo que es la saga), pero cuando nos metemos en el terreno de los personajes nos encontramos con excelentes ideas pésimamente desarrolladas y con un desarrollo atropellado de la historia.
Ya manifesté mi frustración respecto a ésto dicho sea de paso.
Pero va siendo hora de justificarnos ¿Donde está el fallo de cada personaje y cómo pudo haberse arreglado?
La verdad, son demasiados personajes para ir nombrando uno a uno y destacar las cagadas, pero creo que no me equivoco al decir que Richter y Maria podrían haber seguido a Alucard al castillo invertido, donde la ausencia casi total de historia evidencia que es un relleno como la copa de un pino.
Personajes como Shaft, nigromante que resucitó a Drácula y poseyó a Richter, o La Muerte, fiel confidente del Conde, podrían tener algo más que un par de líneas, un encuentro entre el hechicero y el Belmont hubiera venido de perlas, dicho sea de paso, con Richter lavando su orgullo herido por haber sido puesto al servicio de su enemigo natural.
Luego está Harmony of Dissonance, donde Juste y Maxim están bien utilizados a cambio de que Lidye Erlanger aparezca de milagro en una secuencia y en el Ending, así mismo la muerte podría dar para "algo más" como maquinadora que es del plan para resucitar a Drácula.
Aria of Sorrow tampoco se libra, hay personajes extremadamente interesantes como Yoko, que supone el regreso del clan Belnades y a la que solo vemos un par de veces y que es anulada por Graham en un claro ejemplo de "este personaje me sobra y no sé qué hacer con él", tampoco Genya Arikado y J están demasiado bien utilizados, hubiera estado bien ver una confrontación entre Genya y Graham antes de enfrentarnos a él como Soma.
Lamment of Innocence es uno de los peores, tenemos personajes geniales como Rinaldo Gandolfi (especialmente por la historia de su hija) y Joachim Armster, a ambos le hubiera sentado bien algo más de trasfondo y puede que una escena ante Walter (Rinaldo la pide a gritos), pero una vez más se queda a medias.
¿Y qué me decís de Julia, la hermana de Isaac? Está entre dos fuegos (tres si contamos su confianza en Trevor) y hubiera estado bastante bien una batalla con ella, ver sus habilidades de alguna forma, profundizar más en su relación con Hector... ¡¡¡Lo que sea!!!
Pero sin duda la guinda del pastel la pone Portrait of Ruin, este juego es el peor en este sentido, con una historia muy buena, a priori demasiado buena para lo que estamos acostumbrados, pero a la hora de desarrollarla es un desastre, Brauner apenas aparece una vez, de las hermanas sólo Stella tiene algo de protagonismo, el recurso de mantener a Wind atado a la habitación resulta ridículo y Charlotte... bffffffff es una pura chica florero, y la verdad es que prometía... ¿No podían acaso relacionar a Charlotte con algún personaje? ¿Por qué no tenemos ninguna escena de las hermanas, ya purificadas, con Brauner? Y hablando de éste, su muerte es realmente repentina, tanto como la forma en que descubrimos quien es Wind (¿Cómo no lo sabía Jonathan, hijo del mejor amigo de este?) y qué relación tiene con Stella y Loretta, también la Muerte pudo haber tenido un mucho mejor papel.
Bueno... ya sé que me he cebado un poco mucho con PoR, pero es que este me da especial rabia que sea el juego que más prometía y que peor queda =/
Algún día hablaré de ésto personaje por personaje, pero creo que con esto queda clara y justificada mi opinión.
Soy un puto fan de los AMV, pero no me gusta cualquier amv, de hecho soy muy exigente al respecto, y de más de un centenar que haya visto en mi carpeta Youtube en marcadores apenas hay seis o siete.
Huelga decir que esto, por supuesto, es otro amv, para mí el mejor que he visto de Super Smash Bros Brawl, me encanta cómo ha encajado el autor las secuencias con la canción, me quedo con la parte de la fábrica de bombas y la entrada al subespacio (la puta mejor secuencia que he visto hasta ahora del juego, Kirby destrozando el destructor con el Dragoon es brutal) pero en general me parece perfecto, así que aquí os lo dejo.
Ayer fue un día... ¿Como decirlo? Jodidamente tedioso.
Tuve que ir al hospital para ver qué tal seguía de lo del hombro (como si no lo supiera ya), concretamente al Hospital de Alta Resolución de El Toyo, y lo primero que me encuentro es que las máquinas de Rayos X estaban de mantenimiento y el traumatólogo estaba operando de urgencias, eso me proyectaba al menos 4 horas de espera, y yo con el Brawl por recoger... bendita paciencia =/
Total, que al final fueron 3, y todo para que me dijeran que ya podía quitarme el cabestrillo-grillete.
3 horas en un hospital... horrible, al menos me llevé mi recompensa en forma de juego, y es que al volver pedí a mi hermana que me dejara en el Alcampo y emprendí el viaje de vuelta en solitario con un flamante Brawl recién salido del Game de por allí ^^
A mi regreso pues tuve las que seguramente fueron las mismas emociones que sintieron muchos manitos por aquí: Emoción por tener al fin entre las manos el largamente esperado juego y Acojone por saber si rularía o no en mi amada Wii de primera hornada.
Afortunadamente sí que funcionó.
Y bueno, qué decir, lo primero de todo fue presenciar la fantabulosa intro, que vale, no es mas que copypaste de otras secuencias del juego, pero resulta celestial verla en la tele, especialmente tras tanto tiempo de espera... en fin, vamos a lo que vamos xd
Dejando a un lado los menús, radicalmente diferentes a los del melee, con todo muy grande y explicativo, lo primero que hice fue meterme en el campo de Batalla con Mario para practicar, decir que mi primera impresión fue como pasar de Guilty Gear XX a Guity Gear X a 50 Hz, es decir, la bajada de velocidad me parece notable, esto por un lado me disgusta, ya que soy un jugador muy veterano del Melee, pero por otro lado noto como que controlo mejor.
De los gráficos no puedo decir nada que no se haya dicho ya, bonitos, serios (wtf?), increiblemente bien animados y muy-muy buenos, el modelado es impresionante y la cantidad de detalles apabulla de verdad, me ha parecido abrumador.
El sonido es de 100 sobre 10 (no, no es una errata), llevo meses con mis temas favoritos de la ost en mi mp3, escuchándolos día a día, pero jamás de los jamases hubiera imaginado que sonarían tan bien en la batalla, las voces también son muy buenas, ahora, en ocasiones el comentarista habla que da risa (¿Captain Falcon? ¿Como que Captain Falcon?) pero se le perdona ^^ el doblaje del Entrenador Pokémon me mola mil, no veo a qué tanta polémica o_o
Mención especial a poder poner los temas que quieras (siempre que le correspondan) a cada escenario, yo ya tengo marcados los míos :3
Mencionar como punto fuerte el Emisario Subespacial, ME ENCANTA este modo de juego y estoy seguro de que creará escuela en los juegos de lucha como modo historia, para mí es el más elaborado del juego y todo está muy bien enlazado, lo que empiezan siendo historias individuales acaba siendo un único hilo con todos los protagonistas enfrascados en la búsqueda del Ministro antiguo, es soberbio y las secuencias, perfectas, lo mejor es que la historia está narrada sin el más mínimo atisbo de voces o texto.
En cuanto al punto débil, para mí es sin duda la característica que más suelo disfrutar en los juegos de Nintendo: El online aleatorio, totalmente lageado y casi injugable en las pocas partidas que he disputado, espero que los combates con amigos sean harina de otro costal.
En definitiva, si tienes una Wii y no tienes este juego podría decirse que NO tienes una Wii, es el puto sueño Nintendero, una genialada que sólo podía parirla Masahiko Sakurai.
20 de 10, manitos, ir a comprarlo pero YA
Ah, por cierto, mi Codigo hamijo es este
1118-1648-2488 OSAKA
Enviadme un privado con vuestro FC cuando me agregueis ;)
Secreto: (Selecciona con el ratón para leerlo) Por fin algo para distraerme de la depre... a ver si me animo y soy capaz de escribir --Fin del secreto--
Cuando te sientes superado... Publicado @ 16:17 - 23/6/2008 Etiquetas:
En ocasiones, llega un momento en el que parece que ya no puedes más.
Un momento en el que solo deseas aislarte de todo y que nadie te vea, que te encuentras en tu punto más bajo, agobiado por el dolor físico y una racha de desgracias que parece no tener final.
Yo estoy justamente ahí.
Recién comenzado el més tuve la desgracia de perder a un ser muy querido, de propina mi madre empeoró y, para más desgracia, alguien que es muy especial para mí apareció en el hospital, a un océano de distancia, y ya para acabar voy yo y me parto el hombro derecho.
Un momento ¿He dicho acabar? Ojalá.
El dolor es permanente y, en ocasiones, insoportable, mi capacidad de movimiento va y viene, y tan pronto puedo moverlo en un 95% como apenas puedo levantarlo, estoy a base de antiinflamatorios y duermo el doble que antes, por supuesto un brazo menos significa poder afrontar menos tareas en casa, por lo que me siento como un completo inútil, y hoy para colmo recibo la noticia de la pérdida de un viejo amigo.
Todo esto, cómo no, ha repercutido en una tremenda frustración que he descargado sobre quien necesitaba mi apoyo.
¿Qué he hecho mal? ¿Por qué todo ésto me sucede a mí? Llevo un mes horrible y no sé cómo parar esta racha, necesito recuperar mi brazo derecho o me volveré loco, necesito poder hablar con esa persona tan especial o me volveré loco... ¡Necesito ser el de antes!
Me quedan pocas fuerzas... sólo la esperanza de la recuperación me mantiene en pie... pero el cansancio, la tristeza y, ahora, la vergüenza son abrumadores.
Soy el apoyo de aquellos a los que quiero, pero... ¿En quien me apoyo yo?
No tardaron ni diez minutos en terminar de prepararse, el alarmado grupo formado por los dos Belmont, el matrimonio Lecarde y Luis Fernández salió a toda prisa del edificio habiéndose despedido ya de Stella y Loretta, que convinieron quedarse en casa a cuidar de René.
La división de las patrullas se formó antes de llegar al primer piso, François y Elisabeth decidieron cubrir la zona Este, Luis y Erik la zona oeste y Simon, que en principio acompañaría a su hermano y su cuñado, se desmarcó solicitando patrullar en solitario la zona Norte.
- Stella y Loretta no encontraron nada siendo dos – arguyó ante las protestas de su hermano – si somos tres grupos tenemos un tercio más de posibilidades de encontrar algo.
“Argumento incontestable” pensó Luis mientras arribaban al portal.
Elisabeth abrió la pesada puerta metálica y un ambiente cargado y putrefacto penetró casi a presión en el edificio, los cinco cazadores salieron y, antes de poder escudriñar nada, un grito del Lecarde los alertó.
- ¡AGACHAD LA CABEZA, YA!
Un potente sonido cortante perforó sus oídos y una increíble cantidad de explosiones simultaneas – Simon contó ocho – con una posterior lluvia de cenizas los confundió, al volver a alzar la vista encontraron a François jadeando, con su lanza empuñada y el dolor de las heridas convalecientes reflejado en el rostro.
- ¿Un grupo de vampiros ha atacado… en plena calle? – preguntó Elise, estupefacta.
Así era, un rápido vistazo les permitió contemplar a la gente, que los miraba y murmuraba entre asustados e impresionados, François había sentido la presencia de las criaturas y antes de salir a la calle ya había comenzado a mover circularmente su arma, deshaciéndose de todos sus atacantes en un solo golpe.
- Esto no es buena señal – comentó el Fernández.
Simon se estremeció ¿Era correcto su presentimiento?
- Mucho me temo que vayamos a trabajar duro esta noche – articuló Erik – Simon ¿Seguro que quieres ir por libre?
El hermano menor asintió sin dudar un segundo.
- Me las arreglaré, no te preocupes.
El pelirrojo torció el gesto, las miradas de los fortuitos espectadores se clavaban en ellos.
- Creo que ellos nos van a dar más problemas que los vampiros – articuló Elisabeth – veremos si nos dejan salir de aquí…
Erik y Luis se miraron y sonrieron divertidos, de repente, el mayor de los Belmont se irguió y alzó la mano.
- ESCHÁ BIEN, SENIOURES – gritó al aire con un estirado acento británico – NO HAY NADA QUE VER ¡CONCHINUEN ANDANDO POUR FAVOUR! ¡NOS VAN A FASCHIDIAR LOUS PLANOUS PARA NUESCHRA PELÍCULA!
Los asistentes comenzaron a murmurar y, tras unos segundos, continuaron andando, la pareja y Simon los miraban boquiabiertos.
- ¿Habéis improvisado ese truco? – preguntó François, que no acababa de creérselo.
- ¡Que va! – respondió Luis – es muy viejo… y siempre-siempre funciona.
- Ahora podremos ir con un poco de tranquilidad… al menos no harán preguntas incómodas – comentó Erik relajando los hombros – bien – miró a su hermano – entonces tu elección es esa ¿no?
Simon asintió de nuevo.
- Pues no perdamos más tiempo – apremió Elisabeth – no debemos volver sin saber qué ha pasado.
“Mucho me temo que no tardaremos en averiguarlo” pensó el menor de los Belmont.
Todos asintieron a la vez y, tras mirarse los unos a los otros, salieron corriendo en direcciones separadas.
Simon cogió el Norte, como ya habían decidido, y sólo miró atrás una vez para ver a su hermano, a Luis y a los Lecarde alejarse corriendo al Este y Oeste respectivamente.
No tardó mucho en hundirse en los más oscuros callejones y sombrías esquinas, puso sus sentidos al 100% mientras dejaba que su aura fluyera, salió un momento a la amplia superficie que rodeaba el Sena y miró al horizonte.
El crepúsculo tocaba a su fin, la noche ocuparía rápidamente su lugar, las farolas de luz artificial se encendían para proteger a los ciudadanos de la oscuridad.
“Es en vano” solía decir siempre Juanjo “Es como cubrir una ventana rota con un papel de periódico, la brisa no puede traspasarlo, pero un vendaval lo desgarrará”
Sí, era cierto, las farolas del paseo marítimo no pudieron impedir que la oscuridad los envolviera y que, al desaparecer, se llevara a Alicia consigo.
La Oscuridad siempre vencía si la luz era tenue.
Echó a correr cruzando uno de los puentes que sorteaban el río y se adentró en la otra mitad de la ciudad, iniciando así el que pretendía que fuera un amplio recorrido en zig-zag con el que esperaba cubrir toda la zona que había escogido.
Una vez se adentró de nuevo en la oscuridad de las calles parisinas se aferró a la empuñadura de su látigo, enrollado a su cintura, y se concentró en sentir las auras a su alrededor.
Con la oscuridad éstas surgían de sus madrigueras como repugnantes carroñeros, si bien sólo sentía las más próximas a él, ya las notaba abundantes, sucias y agresivas.
¿Cuál de ellas provocaría el estremecimiento?
Tal vez ninguna, pero todas parecían animadas por él.
Se detuvo de repente, tres sombras que se arrastraban en la oscuridad de una callejuela sucia y sin más luz que la proyectada por la blanca luna le hicieron abandonar su carrera.
- Carne fresca… - susurró una de ellas con voz viscosa - ¿Qué hace un pipiolo como tú aquí, a estas horas?
Simon no contestó, sólo se preparó para desenrollar su arma.
- ¿No contestas? – preguntó otra con voz gutural - ¿O es que te ha comido la lengua el gato?
Tensó todos sus músculos, esperando la más mínima señal.
“El primer golpe ha de darse desenvainando” Le dijo Erik en la batalla de la Blood Disco.
Debía esperar el momento para hacerlo, cualquier movimiento en falso sería un error.
- ¡No puede moverse de miedo! – se burlo la tercera, arrastrando socarronamente las palabras – Hoy nos alimentaremos gratis.
“Adelante” pensó el joven Belmont “venid a comer…”
Las tres criaturas se lanzaron contra él, de modo que tiró rápidamente del látigo y, en un movimiento de arco, los golpeó casi a la vez a los tres, que cayeron al suelo por la fuerza del impacto, Simon observó contrariado que no habían desaparecido a la primera, de modo que se dispuso a seguir combatiendo.
Se levantaron casi al mismo tiempo, por lo que se vio obligado a retroceder un salto a la vez que contraatacaba, fustigando primero al que más cerca suyo estaba y después a los otros dos, después embistió al que primero se puso en pie y lo golpeó con tal fuerza que sintió los huesos de su cráneo romperse y ceder bajo sus nudillos, a los otros dos los tumbó de nuevo con sendas patadas.
“Resistentes pero estúpidos… deben ser sanguijuelas”
Concentró su aura en el arma, debía acabar aquel combate.
No tenía tiempo que perder.
Esperó a que atacaran de nuevo, podía sacárselos de encima muy fácilmente con un Holy Punch, pero la noche apenas acababa de nacer y tenía por delante muchas horas hasta el amanecer.
Vista su inactividad, los tres vampiros contraatacaron, al ver esto Simon se concentró en su látigo, que empezó a brillar con la blanca energía del joven, e inició la última maniobra.
Saltó y tumbó al primero con una patada hacha, golpeándolo con el talón y rematándolo en el suelo de un certero latigazo, al segundo le propinó un impacto ascendente con la empuñadura y lo finiquitó con el mismo movimiento, que concluyó con un potente ataque descendente con el que reventó la cabeza del tercero.
Máxima efectividad, mínimo esfuerzo.
Abandonó el lugar inmediatamente y continuó corriendo, tuvo un par de encuentros en los que apenas necesitó detenerse y salió de nuevo a la orilla del Sena, donde se alarmó al notar que la atmósfera era aún más oscura, densa y pesada que antes.
¿Qué estaba pasando? ¿Qué iba a pasar?
Detuvo su carrera en mitad del puente y miró a su alrededor ¿Cómo no podía darse cuenta la gente de lo que sucedía?
El río humano lo rodeaba y empujaba en algunas ocasiones, no parecían verse afectados por esa aplastante aura que amenazaba con engullirlos a todos.
Miró al frente y entonces, entre la multitud más allá del puente, vio una forma que le resultó familiar, como un hombre calvo, con gafas y gabardina.
Sabía quien era pero ¿Realmente era él?
Aún intentaba asegurarse cuando un bus nocturno pasó por la orilla y, al abandonar el lugar, parecía haberse llevado consigo a la extraña figura.
Echó a correr para continuar su recorrido, inquieto.
¿Sería él de verdad? ¿Qué demonios hacía en París?
Apretó los dientes mientras aceleraba el paso.
“Si eres tú… te voy a destrozar”
Apenas se adentró de nuevo en la oscuridad de las calles cuando fue asaltado de nuevo por un grupo de vampiros sanguijuela, ésta vez acompañados de esqueletos, a los que les costó un poco más despachar, y fue teniendo encuentros cada vez más frecuentes hasta encontrarse frente a la salida a la orilla del río otra vez.
Pero no la tomó.
A su izquierda se adentraba un enorme callejón cubierto de una densa niebla, se sintió intrigado por ella, ya que era el único lugar con ese aspecto que había encontrado en todo el camino.
Decididamente, sin temor o duda, se adentró en ella.
Era realmente espesa, si miraba hacia abajo apenas podía ver sus pies, y difícilmente era capaz de observar donde pisaba. Caminó unos diez pasos hasta que una poderosa presencia lo rodeó, era tan fuerte que lo asfixiaba, y estaba seguro de haberla sentido ya antes…
Si… ¿Cómo no iba a reconocerla? Era pacífica y agresiva a la vez… amenazante… segura y confiada… se burlaba de él en la oscuridad…
Era… aquel a quien había visto antes… aquella figura…
Cerró su mano sobre la empuñadura del látigo, tembló de furia, su aura se incendió y brilló con intensidad, obligando a aquella densa niebla a retroceder, permitiéndole ver un poco más allá.
Pese a ello, la presencia no se retiraba, si no que le hacía frente, pero… ¿Dónde estaba exactamente? Era demasiado fuerte y el callejón era enorme.
Decidido a encontrarlo, se concentró, y finalmente logró localizarlo, frente a él, en un punto donde la energía era levemente más intensa.
Estallando de ira y deseo de venganza, desenrolló su arma para después atacar mientras profería el nombre de su enemigo en un furioso bramido.
- ¡¡¡ORLOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOX!!!
El látigo, envuelto en la fulgurante luz blanca de su aura, restalló contra la espesa capa de niebla provocando un intenso fogonazo que despejó por completo el callejón, quedando únicamente en oscuridad.
Cuando los ojos del muchacho se acostumbraron a ésta, pudo ver una forma humana que se alzaba desde una posición arrodillada, por su silueta se veía que vestía una amplia gabardina y era alta, de casi dos metros, la poca luz lunar que entraba en la calleja hacía brillar los cristales de unas gafas.
Una leve risa le confirmó lo que ya sabía.
- No pensaba que fueras capaz de alcanzarme… - articuló la sombra al terminar de reír – ha pasado mucho tiempo ¿verdad, Simon Belmont?
Ciego de ira, Simon cerró el puño con todas sus fuerzas sobre la empuñadura y se lanzó al ataque.
Toda la rabia contenida, toda la furia latente, acababan de estallar.
A cada paso en su carrera veía mejor las facciones del vampiro y su enfado crecía más y más.
Odiaba ese rostro, fue lo único que pudo ver mientras se llevaban a Alicia.
Lo haría cenizas.
- ¡¡¡DESAPARECE!!!
El cuero pasó a convertirse en pura luz blanca y el joven lanzó un latigazo con todas sus fuerzas a Orlox, éste se dobló y dejó que el ataque siguiera su trayectoria hasta impactar con la pared, que destrozó, levantando una nube de polvo, Simon no se detuvo ante esto y saltó con todas sus fuerzas, preparando su mano izquierda para el próximo movimiento.
- HOLY PUUUUUUNCH
La lluvia de golpes cayó desde el aire como una intensa cascada de meteoritos, hundiéndose en la oscuridad donde el vampiro se refugiaba, de nuevo su embite no encontró objetivo, y se perdió en el vacío, el Belmont cayó de rodillas y buscó desde esta posición a su adversario, apenas se hubo levantado cuando fue rechazado por una intensa luz escarlata, que lo hizo dar con sus huesos en el duro suelo.
- Esta situación me resulta vagamente familiar… - comentó Orlox mientras aparecía entre el fulgor carmesí.
Con los dientes apretados y sin detenerse, Simon se levantó y lo embistió de nuevo, generando en su mano una Lighting Ball que brillaba entre sus dedos y que lanzó cuando se encontraba apenas a unos metros del vampiro, que contestó con un fino haz de luz roja que traspasó el orbe luminoso y que por poco – tuvo el acierto de hacerse a un lado a tiempo – lo atraviesa también a él.
- Veo que no te calmarás fácilmente – observó el chupasangres, disolviéndose en la oscuridad.
- ¿¡Huyes!? – le espetó el muchacho recuperando la posición de ataque, poco antes de recibir un tremendo impacto en la espalda que lo tiró al suelo.
- Eso podría haberlo hecho en el momento en que me atacaste la primera vez… – contestó Orlox aproximándose a Simon, que se levantaba de nuevo – No me voy a ir, chico, ya que te estaba buscando…
- Buscando… ¿eh? – el Belmont empuñó de nuevo su látigo - ¿¡Acaso te has arrepentido de dejarme con vida!?
Se levantó de un salto y atacó con otro latigazo, pero Orlox extendió la mano y, con una especie de onda expansiva, rechazó el ataque.
- ¿Arrepentido? – sonrió – bueno… reconozco que no esperaba que aún estuvieras dando tumbos por estos mundos pero… viendo tus progresos, me doy cuenta de que tomé la decisión correcta.
- ¡NO ME ADULES!
Se dispuso a atacar de nuevo, pero en ese momento el vampiro hizo un rápido movimiento con su brazo derecho, y diversos cortes rasgaron su ropa y abrieron leves heridas en su piel.
- No es adulación, créeme, no tengo ninguna razón para ello, de hecho – alzó una mano para encajarse las gafas – no dejas de ser mi enemigo, pero no por ello he de dejar de reconocer tus méritos.
Ahora confuso, Simon llevó su mano libre a una de sus heridas, sintió la sangre fluir entre sus dedos y manchar su camisa blanca, la ira no remitía, pero el dolor lo relajó.
Orlox sonrió levemente ante esto.
- ¿Mejor ya? – preguntó.
El muchacho apretó los dientes, impotente por ser incapaz de acercarse a él sin encajar de nuevo uno de aquellos ataques cortantes.
- Muy bien – aceptó finalmente - ¿Qué es lo que quieres?
Con el puño cerrado y temblando para contener el impulso de atacarlo de nuevo, decidió escuchar lo que tuviera que decir.
La sonrisa del vampiro se acrecentó ante la forzada disposición del Belmont, relajó sus brazos y lo miró directamente a través de sus gafas oscuras.
- Supongo que habrás notado la sacudida de hace un rato ¿verdad?
- Naturalmente – contestó con reservas – si no tú y yo no nos habríamos encontrado.
- Cierto…
La mirada de Orlox atravesaba los cristales oscuros y lo escudriñaba de arriba a abajo, el espadachín desprendía la seguridad propia de aquellos que creen tener la sartén por el mango; en cierto modo, Simon se sentía intimidado por él.
- Me sorprende que la hayas sentido – señaló – y sin embargo justo era eso lo que buscaba, aunque no imaginaba que nos encontraríamos hoy…
- Espera un segundo – lo interrumpió - ¿¡Significa eso que fuiste tú quien lo provocó!?
El conde asintió.
Simon se quedó lívido, aquel extraño impulso hizo estremecerse a toda una ciudad…
¿Tantísimo poder tenía aquel vampiro?
- Y… ¿Para qué? – continuó, intentando disimular su sorpresa - ¿Qué pretendías con ello?
Orlox se ajustó las gafas con su mano libre.
- Poneros en marcha – contestó – advertiros.
- ¿Advertirnos? ¿Advertirnos de qué?
El chupasangres permaneció callado, parecía dudar bajo las sombras, como si no pudiera hablar.
- Algo muy importante sucederá dentro de poco – avisó finalmente – una tragedia que provocará tal estremecimiento en esta ciudad que hasta sus cimientos se podrían ver sacudidos.
- ¿Una tragedia? ¿Cuál?
Silencio de nuevo.
- Está en vuestra mano impedirlo – concluyó.
- En… nuestra mano.
- Así es.
El Belmont lo miraba atónito, de repente la situación parecía dar un extraño giro ¿Orlox los estaba avisando? Les confiaba a ellos la seguridad de una ciudad ¿Por qué?
- ¿Dónde está el truco de todo esto? – se atrevió a preguntar el joven.
- ¿Truco? – aunque manteniendo la calma, en el repentino alzamiento de cabeza del vampiro se notó cierta sorpresa.
- Esta ciudad está poblada por humanos, a vosotros los vampiros os da exactamente igual lo que les pase ¿Por qué ahora avisarnos de que va a suceder algo? – inquirió – no me cuadra, debéis tener algún interés que no piensas revelarme.
Orlox bajó de nuevo la cabeza y soltó una ligera risa.
- Pluralizas… y sin embargo no tienes en cuenta que te hablo desde las sombras y sin mencionar nada en concreto ¿No se te ocurre pensar que “nuestros” intereses son precisamente la consecución de esa catástrofe, pero no así los míos propios?
Simon arqueó una ceja, ante esto, el vampiro continuó hablando.
- Lo que va a suceder aquí… no tiene nada que ver con nuestros planes originales, ergo no tiene razón de producirse.
- Dicho de otra manera – concluyó el muchacho – vas a utilizarnos.
- Suena mal dicho así pero – suspiró – sí, así es, con el aliciente de que – Simon volvió a sentir su mirada clavarse en él – tendríais que intervenir de todas formas, esto sólo tenía el objeto de alertaros.
- Pues lo has conseguido – reconoció el cazador - ¿Y cuando se producirá? ¿Esta noche?
Orlox negó con la cabeza.
- No, esta noche no, y sin embargo – levantó la cerviz y miró al cielo, la luna se reflejó en los cristales de sus gafas – ya has podido comprobar que todos están muy agitados hoy… tal vez sí que vaya a suceder algo más hoy – ahora hablaba pensativo, ignorando por completo la presencia del Belmont - ¿Acaso no miré bien los hilos del destino en la alcoba de las parcas?
Devolvió su mirada al muchacho, éste seguía cubriendo la herida de su hombro con la mano, ya ensangrentada.
- Mi tarea aquí ya está hecha – concluyó – quisiera quedarme pero – se encogió de hombros – voy a esperar un poco más antes de cortarte en rodajas como te prometí, quiero que el combate sea medianamente interesante…
Se dio la vuelta como si nada y comenzó a adentrarse en la negrura, una llamada de Simon lo detuvo.
- ¡Eh, espera! ¿No te parece que olvidas algo?
Orlox giró levemente la cabeza, mirándolo de reojo.
- No – contestó tajante – ya he dicho todo lo que quería decir, mi presencia aquí ya no tiene motivo.
- ¡Claro que lo tiene! ¿¡Acaso no vas a decirme cómo está Alicia!?
- Alicia… - sonrió – No te has olvidado de ella ¿eh?
El puño de Simon se cerró con fuerza sobre la empuñadura de su látigo.
- La tengo presente cada segundo que pasa… - respondió conteniendo su furia - dime ¿Cómo está? ¡Como le hayáis hecho algo…!
- ¿Con quien crees que estás hablando, Simon? – lo cortó – he venido a hacerte una advertencia pero, como ya digo, porque me convenía que lo supieras, y que se lo transmitas a tu hermano y a tus amigos… sigo siendo tu enemigo, así como el captor de Alicia Fernández, de modo que no tengo por qué darte explicaciones.
Volvió a mirar al frente y continuó caminando, alejándose cada vez más del joven.
- ¿¡CREES QUE VOY A DEJAR QUE TE VAYAS ASÍ COMO ASÍ!?
Recuperando su ímpetu inicial, Simon se lanzó a la carrera hacia su adversario, lo detuvo una suerte de presentimiento, y en ese mismo momento una serie de violentos tajos hendieron el aire frente a él, y vio producirse en los muros que lo rodeaban pequeños pero poderosos cortes, abriendo llagas en ellos como si estuvieran hechos de mantequilla.
Todo había sido tan rápido e intenso que tenía la sensación de que, de haber entrado, habría quedado despedazado.
- Cuando seas capaz de pasar a través de mi técnica – indicó el vampiro – te doy mi palabra de que recibirás por mi parte toda la información sobre ella que pueda aportarte, hasta entonces… tendrás que permanecer en la incertidumbre.
Enfadado, el muchacho apretó los dientes y embistió de nuevo, esta vez Orlox se dio la vuelta y alzó claramente el brazo, ejecutando de nuevo aquella barrera mortal.
- ¡ESTO NO ES ALGO QUE PUEDA PARARME, ORLOX! – exclamó Simon mientras se adentraba en lo que podía ser su muerte segura.
- Adiós, Simon Belmont – se limitó a articular el vampiro mientras la oscuridad comenzaba a ocultarlo.
Pero no hubo adiós, nada más lejos de ello, Simon atravesó la mortal muralla recibiendo apenas unos pocos cortes, esquivando la vorágine de tajos de un modo preciso y eficaz, con el aire silbando en sus oídos.
Su mirada había cambiado por completo en ese momento, y su cuerpo emitía un tímido destello blanco.
- HOLY PUUUUUUUUUUUNCH
Inmediatamente descargó sobre su enemigo la sacra tormenta de golpes; como en el pasado, éste no se movió e incluso lo contemplaba sonriente.
- Niño ingenuo… – profirió - ¡Que hayas tenido la suerte de sobrevivir no significa que seas capaz de alcanzarme!
Pero se equivocaba, nada más acabar su frase sintió un leve roce en su mejilla, después un golpe débil en el abdomen, uno más fuerte en el esternón y, al final, un potente puñetazo en la cara que lo hizo volar unos metros hacia atrás, cayendo con fuerza en el frío y duro suelo, con sus gafas al lado.
El muchacho se detuvo al verlo caer, simplemente desenrolló su arma y lo observó atentamente.
Orlox tardó unos segundos en reaccionar, aparentemente sorprendido por haber sido golpeado, tanteó en la oscuridad hasta encontrar sus lentes y se las colocó, ocultando de nuevo sus ojos, después de levantó y, poniendo sus manos a la espalda, recuperó su pose recta, mirando fijamente al Belmont.
El silencio de hizo en aquel momento, Simon se preparó para recibir un impacto invisible en cualquier momento, pero nada llegaba, el vampiro sólo permanecía ahí, observándole.
Aún tuvo que pasar un largo minuto antes de que abriera la boca.
- Tu novia se encuentra bien – articuló de repente.
Aquello relajó levemente al cazador.
- ¿Cómo?
- Desde que llegó a nuestro escondite me he asegurado de que no le falte de nada – continuó – conseguí negociar para que le dieran una alcoba en lugar del calabozo donde iba a permanecer encerrada, tiene a una sierva humana a su cargo y no le falta ningún lujo, de modo que, dentro de su cautiverio, está bien.
Ahora desconcertado, el joven adoptó una posición relajada, pero con su arma aún fuertemente empuñada.
- ¿Has hecho todo eso por ella? ¿Tú? – preguntó incrédulo - ¿Por qué?
- Un pajarillo ya sufre bastante en su jaula – contestó – no hay necesidad de torturarlo, no merece la pena…
- Así pues, la estás cuidando…
- Sólo es una jaula de oro – comentó – su destino sigue siendo el mismo, y contra eso ya no se puede luchar…
La voz del chupasangres había adquirido cierto cariz de tristeza en esta última frase.
- Esto es – concluyó – todo lo que puedo decirte por ahora, en efecto ella está bajo mi custodia, de modo que puedo asegurarte su seguridad a partir de ahora.
- ¿A… partir de…?
La boca de Orlox dibujó una sonrisa, pero era diferente a las anteriores, la dirigía a Simon en lo que parecía ser una muestra de respeto.
- Puedo darte mi palabra de que la cuidaré hasta tu llegada, Simon, siempre contando con que llegues a encontrarnos, claro…
Acabadas estas palabras, el conde comenzó a ser tragado por la oscuridad.
- ¡Eh, espera! – exclamó en vano el muchacho en un intento de obtener algo más.
- Ándate con cuidado – avisó la voz del vampiro ya desde la nada – si miras a la luna, te darás cuenta de que hoy la perspectiva no es nada halagüeña…
Y sin más, desapareció, llevándose con él su aura opresiva, la oscuridad cerrada, la presencia amenazante y dejando a Simon sumido en un mar de dudas…
Mientras, Erik y Luis continuaban su ronda, los dos jóvenes habían permanecido callados todo el rato, atentos a su entorno tras haber sido emboscados en un par de ocasiones – de hecho, ya habían recibido algunas heridas leves por el camino -. Caminaban sin rumbo hasta que divisaron la biblioteca y, sin pensárselo dos veces, se dirigieron hacia ella conducidos por el Fernández.
- Así que esta es la famosa biblioteca de París… - comentó éste como si nada.
- Sí – respondió el Belmont con hastío – y voy a acabar aborreciéndola… mañana tengo que volver.
Luis lo interrogó con la mirada, a lo que el pelirrojo contestó explicándole lo sucedido el día anterior, con aquel libro.
- …de modo que mañana por la mañana me meteré ahí y no saldré sin que me lo den.
El chico del pelo pajizo sonrió enigmáticamente ante esto y clavó su mirada en el edificio.
- ¿Mañana? – preguntó - ¿Y por qué no entrar y cogerlo ahora?
Cristal, el maestro de los caballeros que dominan el hielo, peculiar personaje donde los haya
Una de las armaduras más bellas y peculiares, curvilínea y de color celeste, fusionada con el traje y decorada con cristales. La capa le da un porte especial, el aspecto de un respetable maestro
Los colores oscuros dan un punto de seriedad a una figura preciosa, aún sin capa sigue resultando respetable
¿Quien no recuerda la muerte de este noble caballero? ¿Y su gloriosa y poderosa técnica antes del fatídico suceso?
Cristal sin su peculiar y característico casco... Extraño ¿verdad? Y curiosamente elegante, es una de las figuras que mejor quedan sin él, pero la falta de costumbre hará que raramente se lo quitemos
Un extra que no podía faltar, el rostro malvado... pocos lo usarán, pero desde luego es uno de los mejor elaborados de la línea
Las manos crispadas completan el conjunto, el noble Caballero de Cristal se convierte en un violento guerrero sediento de sangre, nunca una sola cabeza había sido tan efectista a la hora de cambiar la personalidad de una figura
Desde luego, los caballeros del Hielo poseen una elegancia especial. Aquí Cristal con sus dos alumnos
Aquí la tenemos, la segunda myth 3ª armadura de la colección, Shiryu en todo su esplendor
Una figura de formas fuertes y definidas, pero que guarda una gran armonía en estas, el escudo sigue siendo el protagonista
Elegancia es la palabra, la figura luce bien casi en cualquier pose, es impresionante
Su rostro serio y concentrado le da un extra de carisma y sobriedad
El sistema de hombreras es una evolución del de la 2ª armadura y cumple su labor con creces, es, con facilidad, el que permite una mayor movilidad a los brazos de la figura...
...dando paso a posturas como esta
También, pese al faldón, se pueden colocar de cualquier manera las piernas de la figura, su movilidad es absoluta
Sin diadema, Shiryu parece decansar... los bigotes del Dragón son algo fuertemente atado en él, y es difícil verlo sin ellos. Esta figura parece estar en reposo cuando no está coronada por la tiara del Dragón