Los videojuegos son un arte, sí, y aquí lo voy a demostrar. Generan emociones que otros medios no pueden, está clarísimo. A continuación voy a poner un ejemplo de como un videojuego puede transmitir cólera, rabia y furia y
TOCAR LOS HUEVOS en extremo.
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Todo empezó con un
bonito y romántico viaje en barco a la ciudad de Alvanista. Casi se me saltaban las lágrimas, oye, pero finalmente llegamos al muelle de la ciudad. En ese momento, ¡oh sorpresa!, un cofre apareció en nuestro mapa... de bits.

Yo, que soy de la especie de los completistas, no pude resistirme a la tentación de ver que contenía ese dichoso cofrecillo, así que me dirigí hacia la zona ipso facto. Pero lo que no sabía es que antes de llegar me iba a encontrar con
mi némesis...

Esperé a que me dejara pasar y me concedió el sitio amablemente... Pero ya se sabe, asesino puede ser el que menos te esperas. En cualquier caso, llegué y abrí el cofre sin ningún tipo de problema.

Fue un momento bastante satisfactorio. Y ahí se acabó la alegría. Sí amigos, en ese momento el perverso cangrejo consiguió algo que ni el mismísimo Dhaos en nivel 4523452 podría conseguir. Ya se sabe, uno puede matar al mismísimo Demonio, pero... ¿un cangrejo? No, no, que eso es muy difícil...

Owned. El hijo de puta del cangrejo me bloqueó el paso. Fue un buen momento para echar una siestecilla y salir a tomar el fresco, desde luego. Pero la putada no se acabó ahí, el cangrejo, en una muestra de poderío intelectual superior al de
Light Yagami, lo tenía todo calculado.

Pues sí. Contaba con la ayuda de la
PUTA GAVIOTA.