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El ratito antes de dormir

Papa… Mama… quiero una consola!!
Publicado @ 8:28 - 4/4/2007
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Qué dificil es hacer tu primer artículo…! Y el que os diga que a él no le costó nada, os está mintiendo!! Siempre que te enfrentas a algo nuevo en la vida debes de lograr romper el hielo inicial... y encontrar la manera de hacerlo no suele ser tarea facil. Esto, por absurdo que parezca, se extiende hasta para el hecho de abrir tu primer artículo en un blog. Dice un amigo mío que las buenas películas siempre empiezan por el final… pero tras la escena, los hechos siempre se remontan al principio “al origen todo”, a aquella primera vez… Y es de eso sobre lo que me gustaría hablaros.

¿Cómo empezó todo? ¿De donde proviene esa atracción hacia los videojuegos? Son preguntas que todo aficionado a los videojuegos debe hacerse alguna vez. Rara vez podemos sumergirnos en los recuerdos de cuando eramos pequeños y cuando lo logramos estos suelen ser vagos y confusos, aunque a veces un “olor” o un “sabor” pueden despertar imagenes de nuestra más temprana edad. Particularmente, no recordaba cual fue el primer contacto que tuve con este mundillo ni como me interesé por él, pero hace no demasiado encontré ese olor que me lo enseñó.

Nunca he sido muy goloso, y hacía años que no los probaba, pero hace algun tiempo, y por un antojo esporádico, me apeteció comprar un Bollycao que, para mi sorpresa, me invitaría a navegar por uno de esos recuerdos que han permanecido año tras año en completo letargo.

Un Bollycao… su aroma y sabor característicos crearían en mi un “flashback” que me transportaría en el tiempo (así, a pelo, sin De Lorean ni nada) al patio de mi antiguo colegio, en el que pasé mis primeros años de enseñanza (colegio que actualmente está demolido). Corrian finales de los 80’ y principios de los 90’. A esas edades, toda la clase siempre estaba pendiente de una cosa… y no era del profesor/a, sino de la sirena que anunciaba la hora del recreo; nada más escuchar esta, salíamos en estampida a jugar al patio, como si la clase estuviera en llamas. Se recuerdan con cariño los típicos partidos de futbol “Los del A” contra “Los del B”… considerando que pudieran calificarse como partidos de fútbol, ya que más bien eran una mezcla de rugby y lucha americana donde la existencia de reglas era más bien anecdótica; una nube de renacuajos en una melé tratando de patear un balón que se hallaba en el centro de la montaña de escolares. Ante tal derroche de juego en equipo, el gol dependía básicamente de 2 factores:

- De que el esférico, de manera milagrosa, saliera del tumulto y cayera al “esperamonas” que, apoyado en el palo de la portería, aguardaba el momento para empujar el balón y atribuirse el mérito del tanto.
- O bien que la entera masa de medio-metros nos metieramos de lleno en la portería rival o, en el peor de los casos, en la propia.

Tras la pequeña batalla campal todos nos dispersabamos para reagruparnos de nuevo con nuestro grupo de amigos más afines, buscar un sitio para sentarnos a almorzar y dar descanso a nuestras sufridas espinillas.

Generalmente, mi madre me solía preparar bocadillos para el almuerzo. Ella siempre ha tenido buena mano para la cocina, así que muchas veces terminaba compartiendo “pellizcos de bocata” con los amigos. Por contra, la mayoría de mis amigos almorzaban a base de bollería industrial, y uno de los productos más demandados de aquellos días eran los Bollycaos. Muchos traían consigo pegatinas, generalmente de futbolístas de la época; por algun rincon de mi casa aun debe estar el album de la liga en la que Camacho y Hugo Sánchez figuraban como jugadores merengues.

Nunca me había interesado especialmente por los Bollycaos, pero el marketing que Panrico hizo con los adhesivos en su producto para atraer a los escolares empezó a hacer efecto en mi cuando los rostros de Camacho y Hugo Sánchez fueron sustituidos por unas pegatinas que seguian dos patrones. El primero con una cuadríula en líneas grises sobre fondo blanco y el segundo con la misma cuadrícula en líneas grisaceas pero esta vez sobre fondo negro. Superpuesto a dichos fondos, se podían observar ilustraciones (mejores o peores) entre las que recuerdo algunas como la de Rambo III y Spiderman (de moda por la época) y una que especialmente me llamó la atención por la simpatía de su diseño. Se trataba de una especie de erizo azul que se hacía llamar “Sonic”.

Bollycao tras Bollycao fui haciendome con varias pegatinas que iba repartiendo por mis carpetas, cuadernos y libros de colegio. Aunque mentiría si no confieso que alguna vez se me han llegado a extraviar pegatinas al quedarse “enganchadas” en la espalda de algun profesor… Poco a poco me iba intersando más y más por lo que dichas pegatinas representaban hasta que un día un amigo me quería enseñar su nuevo “juguete”.

La invitación no me abarcaba a mi solo, así que un par de amigos y yo nos dirigimos a casa del anfitrión a ver de qué se trataba. Una vez allí, nos mostró el juguete en cuestión. Sobre la mesa del comedor había una caja cuyo diseño seguía el mismo patrón que la cuadrícula gris sobre fondo blanco de mis pegatinas. Pero es lo que había junto a esta lo que iba a ser el centro de atención. Se trataba de un aparato negro en su totalidad salvo por algunas palabras en tonos claros. Las más grandes estaban situadas en el centro del mismo, sobre una superficie que parecía de un material distinto y en las que se podía leer: “SEGA Master System II”.

La cara de tonto cuando estás ante algo nuevo, no te la quita nadie, pero la verdadera sorpresa fue cuando vimos que en la televisión de mi amigo aparecía un personaje orejudo, con cara de mono que daba puñetazos a todo lo que se movía, jugaba al piedra-papel-tijera, y que, para más inri, era controlado por nuestro anfitrión.

Había oido “cosas” sobre algunos ordenadores en los se podía jugar con lo que mostraban en sus pantallas interactuando a traves de sus teclados (un ordenador por aquella época era poco menos que un privilegio), pero aquella fue la primera vez que veía como una tele podía usarse para jugar mostrando algo que poco tenía que ver con las emisiones televisivas de la época.

Nuestro anfitrión, tras una breve explicación (asi como si llevara jugando toda la vida), nos invitó a probar el invento. Cuando me llegó el turno, depositó en mí el dispositivo rectangular del cual nos había dicho que servía para controlar al simpatico orejudo a través de una cruceta y 2 botones. La primera vez que pulsé aquellos botones fue realmente excitante. Ver reflejados en la pantalla del televisor los movimientos que (torpemente) le transmitía fue una sensación única.

Por supuesto, tras pasar una tarde jugando a “Alex Kidd: in Miracle World” en el recién estrenado juguete de mi amigo, la posición del día siguiente en mi casa fue clara y predecible. “Mama… Papa… Quiero una Master System II!!”… Ni que decir tiene que la respuesta fue igual de clara y predecible: “NO” y que esta se prolongó durante una buena temporadita. Bueno, miento, más bien fue un “NO” mientras que mis padres no sabían lo que era el aparato en cuestión. Luego, y una vez conocedores de que se trataba de una consola, la respuesta cambió a: “AHORA SI QUE NO”.

Igual si me hubiera mantenido calladito como un niño bueno hubiera conseguido una Master System II antes… pero ese nunca ha sido mi estilo. Cuanto follón no daría durante cuanto tiempo que finalmente me la regalaron, eso sí, bajo una condición: “Te la compraré, pero que sepas que es la primera y la última vez que te compro una maquinita de estas”; esas fueron las palabras de mi padre que, como bueno hombre de palabra que és, las cumplió a rajatabla, no solo la primera parte, sino también la segunda y es que a día de hoy la Master fue la única consola que me han comprado mis padres, el resto siempre han corrido por mi cuenta.

El momento tan esperado al fin había llegado. En una tienda de electrodomésticos me esperaba mi Master System II. Fui directo a por su caja de cuadríula gris sobre fondo blanco pero al agarrarla algo llamó mi atención. Algo era distinto a la que yo había visto en casa de mi amigo; se trataba de un adhesivo sobre sobre la caja de la consola el que se veía al simpático erizo azul de mi pegatina del Bollycao junto a un texto que rezaba: “Incluye juego Sonic The Hedgehog”. Mis ojos se llenaron de júbilo al contemplar que iba a disfrutar de un 2º juego además del del mono orejón. Mientras yo seguía babeando, mi madre, como bien acostumbra, trataba de regatear con el vendedor, no recuerdo si con éxito o no, ya que mis sentidos, lógicamente, estaban en otro sitio.

Así fue como jugar a la Master System II (y posteriormente a las Consolas en general) se convirtiría en mi hobby preferido, aunque aun hay una pregunta cuya respuesta se me ha quedado en el tintero ¿Por qué de esa aficion a los videojuegos? ¿Qué es lo que tienen? ¿Por qué me gustan?... Las respuestas me llevarían demasiadas lineas y el reloj ya no acompaña… Quizá la próxima vez, por hoy me rindo ante el sueño…

Buenas noches, amigos

Fay Masters

6 comentarios :: Enlace permanente :: Enviar
Categorías: Anécdotas videojueguiles

Comentarios:

Me ha gustado mucho el artículo.De verdad que está muy bien currado.No se que tienen los videojuegos,quizá que podemos ser los protagonistas de las historias,quizá por pura diversión;pero enganchan.
Un saludo
Por alemanpadron (visitar blog) @ 22:25 - 21/7/2007

Yo todavía tengo el recuerdo de como me inicié en esto de los videojuegos, fue en casa de un primo mio, al cual le habían dado una Atari 2600, aun recuerdo mi primera sensación al coger una "palanquica" de aquellas y sentir por una vez que el mundo ya no te controlaba a ti, sino que eras tu el artífice, el que le daba vida a un micromundo, y todo dependía de ti, tus decisiones eran trascendentales, eras capaz de múltiples proezas, las cuales solo habían podido ser el fruto de los mejores ronquidos como enfundarse en un traje azul con los calzoncillos por fuera y una capa roja, y salvar al planeta y sus habitantes, aunque también podías ser piloto de Fórmula 1, cuando apenas hacía unos años que me había quitado los patines de la bici, todas estas cosas marcan a un chaval de 7 años, desde aquellos dias, hubo un rincón en mi mente para un nuevo mundo, un mundo por descubrir y que está constantemente en expansión, un mundo donde todo y todos tienen cabida. Después de aquella experiencia, tuve la oportunidad de probar una Master System y su Alex Kidd en el Corte Inglés y aquello fue la gota que colmó el vaso y el motivo de mi reclamo (pa que veas Fay, que tuve ideales de Sega antes que de Nintendo), y mi correspondiente insistencia a mis padres, lo cual provocó que en día de las vacaciones de Navidad del año 89 fuese con mis padres a Alicante a comprarme lo que sería mi mayor tesoro, y de paso a ponerme un aparato en los dientes, pero nada era lo suficientemente doloroso si yo era capaz de tener entre mis manos aquel instrumento de poder absoluto, por lo que una vez puesto el hierro, nos acercamos al establecimiento y yo con toda la ilusión del mundo le pido a la dependienta una Master System, entonces recibí la peor noticia que podía oir, y era que no quedaba ninguna, estaban agotadas XD, no podía ser, pero me dijo que tenían otra consola de otra compañía llamada Nintendo y me pusieron a los mandos de una para que la probara con un juego en el que salía un enano rechoncho y bigotudo, con una gorra roja, el cual se hacía más grande al comerse un champiñón. Aquella máquina me enamoró, no tenía el colorido de una Sega (como yo llamaba a la Master System), pero tenía una jugabilidad que ya quisieran muchos juegos actuales, por lo que le dije a mi padre que quería esa y que la Sega ya me daba igual, lo malo era que Marios solo tenían el que estaba expuesto de forma promocional y ese no se vendía y luego tenían otros dos juegos que no me interesaban mucho por lo que decidimos llevarnos la consola, pero sin juego, mi padre me dijo que investigaría por otro lado a ver si encontraba el juego por otro sitio, pero no fue asi, el Super Mario Bros fue el juego más vendido de aquella época y estaba agotado. Cuando llegó la noche de Reyes, y ya estando repartidos los regalos en mi casa recuerdo que entré al aseo, y cuando salí ví un paquete envuelto en papel de regalo encima de la mesa, y pregunté a mi padre que qué era aquello, y me dijo que lo abriese, pero que era un paquete de pañuelos que me habían "echao", que como sabían que me constipaba con facilidad, asique me dispuse a abrirlo, cuando de momento veo unos colmillos aparecer, lo termino de abrir y veo la cara de Drácula y un joven que se parecía a Conan con un látigo, y yo pensando: "joer, como ha cambiao el logotipo de Scotex", entonces mi padre me dijo que como sabía lo mucho que me gustaba el cine de terror (y que el Mario estaba desaparecido), pues me regalaron ese juego, desde entonces mi vida cambió, mi primer juego se convirtió en el primer exponente de mi saga favorita dentro de los videojuegos. Y asi, después de todo este royo, fue como me inicié en esto, después de esta consola, vinieron otras, pero como dice mi amigo Fay esas me las costeé yo. Buena parte de mi cultura videojueguil la he adquirido deambulando por los distintos rincones de los recreativos y bares con máquina que había en el pueblo, aunque también yendo a casa de los colegas (todo esto bien lo sabes tú Fay, que buenos ratos pasamos en tu casa buscando esmeraldas con cierto erizo azul, y mira que era difícil encontrarlas, ni cavando en la mina). Ahora me contento con mi pequeña pero gran DS, no tengo otra consola actual, pero me aporta lo que necesito. Un saludo pa ti Fay,pa tu afición (sabes a quien me refiero) y para los foreros de Vandal, siento el royazo que acabo de soltar, pero tenía que desahogarme.
PD: Fay, el Jump me ha gustado, lo que pasa esque hace tiempo que no practico mi japonés y como que no me entiendo, asique lo único que hago cuando lo pongo es entrar en partidas tuyas y repartir "guayas" a diestro y siniestro, me tienes que decir a que horas puedes estar en tu casa, lo digo por pasarme a devolvértelo, lo malo esque yo también estoy bastante ocupao con el curro y tengo poco tiempo, en fin ya nos veremos o nos leeremos, lo dixo, un saludo.
Por R.Deckard (visitar blog) @ 15:00 - 22/4/2007

"Mientras yo seguía babeando, mi madre, como bien acostumbra, trataba de regatear con el vendedor, no recuerdo si con éxito o no, ya que mis sentidos, lógicamente, estaban en otro sitio."

Que bueno, como mi madre...jajaja...Qué recuerdos de mi NES...Estas cosas, para los que a dia de hoy es nuestro hobby favorito, se recuerdan con mucho cariño....*suspiro*.
Por chon27 (visitar blog) @ 15:09 - 21/4/2007

¡Menudo texto! Me ha gustado mucho, además me ha recordado a mis comienzos en el mundillo, cuando me compraron la Game boy tras mucho dar la lata en casa ^_^

¡Agregado a Amigos! Ya tardabas en tener un Blog propio :P
Por Jimmytrius (visitar blog) @ 22:21 - 4/4/2007

Muchas Gracias Mono Amelio, acabo de corregir el "error garrafal" del título. Era "Papa... Mama" y no "Para... Mama"; seguramente fue debido al miedo escénico de romper el hielo... un ligero titubeo en la primera palabra... jejeje. Aun soy novato en blogs, asi que poco a poco iré leyendo a los más veteranos redactores y por supuesto, a todos los que a mi me lean también. Un saludo!!
Por Fay Masters (visitar blog) @ 8:50 - 4/4/2007

Buen comienzo para tu blog, me ha encantado. Enhorabuena por habertelo currado ;)
Por Mono Amelio (visitar blog) @ 8:43 - 4/4/2007

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