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Socorro Publicado @ 22:05 - 27/4/2008 Etiquetas: amparo, auxilio, proteccion, salvamento, ayuda, asistencia, defensa, subsidio, subvencion, limosna, colaboracion, apoyo, remedio
¿Sabéis de esos momentos en que multitud de pensamientos asolan vuestra mente? No me refiero a que tengáis dos, o tres pensamientos, a la vez, sino a un número realmente elevado de ellos; tantos, que debido a su número se agolpan de manera abstracta, atorándose, sin llegar a salir ninguno a la luz. Así es como me siento yo ahora. Hay un dicho popular, con el que se suelen sentenciar algunas frases, que dice: " Esto ha sido la gota que colmó el vaso. Y por culpa de esa gota me encuentro registrando la presente entrada. Porque tengo ganas de gritar. Y no tengo boca. Porque tengo ganas de olvidar. Y nunca los recuerdos han estado tan presentes. Quizás si el vaso no hubiera estado tan lleno no me sentiría como me siento (y el problema es precisamente ése: que siento demasiado, precisamente). O quizás el vaso se hubiera llenado aunque estuviera vacío, porque más que la gota que cae de un grifo mal cerrado, esto parece la boca de un grifo abierto, al que le han quitado la llave de paso. Como suelo decir, cuando pasas por una mala racha sólo puedes pensar en cosas malas, que logran hundirte más en la miseria, en lugar de ayudarte de alguna manera (y es que somos tontos, qué demonios: con todas las cosas que podemos pensar y nos vamos directamente a las negativas). Aunque claro... por otra parte, es algo totalmente lógico, ¿qué mejor manera para dar lástima que dándonos lástima a nosotros mismos? Y para eso, es mejor estar concienzados, claro. Así que aquí me tenéis, teniendo presente todos los nefastos sucesos que han acontecido en mi vida en los últimos meses. Y mira que tengo presente que hay muchísima gente en peor estado que yo: trabajo como betatester (lo cual sería un sueño para muchos: que te paguen por jugar es una gozada, las cosas como son), gano un dinero considerable, no tengo apenas gastos dado que vivo con mi madre y, bueno, el asunto de la vivienda lo tengo solucionado, a medio plazo, dado que sólo somos dos hermanos y mis padres tienen en su totalidad 3 viviendas y unos terrenos. Si tengo "tanto" (más que otros muchos, al menos), ¿por qué estoy así? Por lo que me falta, por lo que me han quitado. En los últimos meses me he dado cuenta de que no tengo amigos, sino "colegas de juego". Es muy posible que el problema sea mío, por tener un concepto de amistad demasiado alto, y muy posiblemente anticuado. Pero tampoco creo que pida tanto... normalmente soy yo el que llama a estos amigos. Algunos estudian fuera, otros no. Y los llamo para quedar, dar una vuelta, ir al cine, jugar... y en la mayoría de las ocasiones me encuentro con negativas como respuesta.Si es verano, hace calor para dar una vuelta, si es invierno, hace frío. Si es para cenar por ahí, no hay dinero (ah, la maldita vida del estudiante y del que no trabaja porque no le sale de los huevos). Si es el cine, el dinero suele ser el enemigo de final de fase, que repite stage, cual juego de 16 bits en la última mazmorra. Hasta aquí todo sería más o menos normal, si no fuera porque no vienen a mi casa ("porque está muy lejos" <-- como lo leéis: andar quince minutos puede causar una hernia a algunos). Pero claro, todo cambia si tengo un juego nuevo que les llame la atención, porque entonces los sacrificios no pesan. Hasta que se cansen del susodicho juego, o de perder, al menos. Y si por lo que sea algún amigo en cuestión es de fuera, y sólo viene en puentes, o algún fin de semana esporádico, sin previo informe, ¿para qué te va a avisar? Es decir... es cierto que internet es gratis, y los correos electrónicos, y el messenger, por no mencionar que no es muy difícil tener saldo en el móvil (a no ser que estés por el tercer enfrentamiento del maléfico jefe de fin de fase Don Dinero), y mucho menos llamar a los fijos, que casi a todo el mundo sale gratis hoy día. Pues no. Yo suelo preocuparme mucho por mis amigos. De vez en cuando los llamo, les pregunto cómo les va, o siempre que tengo ocasión les hablo por el msn, para tener noticias de ellos: preguntar no cuesta nada, y preocuparte por aquellos que quieres no supone ningún esfuerzo, en teoría. Y eso por no mencionar que suelo formatear ordenadores y arreglarlos sin cobrarlos, aún ejerciendo de título, o mil y una molestias más. Para eso estamos los amigos, ¿no? Para ayudarnos sin esperar nada a cambio. Pues no, mentira. Al menos un servidor espera algo a cambio: que si vienes de puente tengas la decencia de avisarme, o muestres algún interés por verme. O al menos que si me dices que no te apetece salir no te vea luego en un pub, con la típica chica de turno que te quieres ligar. No sé... así no se tratan a los amigos. Así no. Y eso por no mencionar que mi madre fuera operada de cáncer de colon "recientemente" y que ninguno de mis amigos me ha preguntado cómo está, pese a saber todos ellos de la operación, por mí o por terceros (al contrario que otros amigos que sólo conozco de internet, o de encuentros esporádicos, que sí mostraron su preocupación). Estas pocas cosas son sólo la punta de un iceberg demasiado grande. Porque no tengo amigos. Sólo colegas de juego. Y yo no quiero colegas de juego en mi vida: quiero amigos. Y eso no quita que no pueda jugar con mis amigos, ¡ni mucho menos! Al fin y al cabo jugar forma parte de mi vida, al igual que otras tantas aficiones que me hacen ser quien soy. Pero... los amigos se preocupan unos de otros. Te llaman cuando hace un tiempo que no saben de ti. Te avisan si vuelven a tu ciudad y no hacen otra cosa salvo jugar. Te llaman en caso de necesidad. Te muestran su apoyo. Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti. No es tan difícil, ¿no? Normalmente, en momentos de tristeza (o de "regla", como suelo llamarlos) suelo pensar en lo que dije unos párrafos más arriba: que siempre habrá alguien peor. No porque me alegre de la desgracia de otros, sino para tener presente que hay muchos que están peor que yo, y que un alto porcentaje de ellos no se quejan. Y en estas ocasiones siempre tengo presente un cuento, que leí hace mucho: Tomás era un mendigo demasiado paupérrimo para, incluso, un mendigo. Tan, tan pobre era que ni siquiera podía comer nada: no podía cazar, ni pescar, y odiaba las ciudades, por lo que no podía conseguir ningún dinero ejerciendo su oficio, el de la mendicidad. Así que se mantenía alejado de la ciudad, en lo más adentro de un anónimo yermo campo, dónde el único árbol que daba sus frutos eran nueces. Y ésas eran su único sustento.
"Qué desgraciado soy -pensaba-, que sólo puedo comer nueces", y las pelaba difícilmente y tiraba las cáscaras detrás del árbol.
Casualmente siempre que tiraba las cáscaras oía extraños crujidos detrás suya, pero Tomás era un hombre muy poco curioso, y achacaba el ruido a topos comedores de nueces. Y los topos traen desgracias, por lo que pensaba que era mejor evitarlos. Y así, día tras día, Tomás pensaba cuán desgraciado era, con la armonía de crujidos como música de fondo. Pero, al fin, una vez la curiosidad lo venció, y miró detrás.
Y vio a otro mendigo, que se comía las cáscaras que él alegremente tiraba
El cuento tiene mucho significado, y las pocas veces que el desánimo me vence lo tengo muy presente, me acuerdo, y al despertar me despierto mucho mejor. Pero esta gota, o esta cáscada torrencial, tiene demasiado peso. Porque, bueno, es cierto que no tengo amigos, al menos tal y como los entiendo yo, pero eso no es el fin del mundo. Es cierto que echo de menos los días de mi adolescencia cuando era sumamente fácil hacer amigos, pero llega una edad en que lo fácil se vuelve casi imposible. Parece que a medida que cumplimos años nos vamos encerrando en nosotros mismos y el mostrarnos amistosos o abiertos es sinónimo de debilidad, o de posible traición. Hay quien dice que la vida da muchos palos, y considero realmente triste que esos palos nos hagan insensibles al dolor haciéndonos desconfiados: ¿qué mejor manera de evitar dolor que pasando de las situaciones que puedan provocárnoslo?
Aún así... se puede vivir sin amigos de verdad, aunque sea duro. Hay quien bebe, para olvidar las penas, hay quien fuma, para lo mismo, y hay quien hace cualquier cosa para mantener la mente ocupada con pensamientos que desplacen a los dolorosos, tales como trabajar demasiado, salir y desmadrarse en exceso, o quedar con los amigos. Pero ah, no tengo amigos. Malditos sean. ¿A quién puedo recurrir entonces en un momento como éste? Necesito hablar con alguien. Necesito abrazar a alguien. Necesito llorar en el hombro de alguien. O no hacer ninguna de esas cosas y al mismo tiempo compartirlas todas ellas solamente con la mirada.
Es bastante jocoso que, precisamente yo, esté escribiendo esto en un blog. Y recalco el "precisamente yo" porque odio los blogs por este motivo. Porque la gente hace de ellos, normalmente, insulsos diarios, cuya vida no interesa a nadie. Y si miráis en mi primera entrada veréis que precisamente hago una crítica a estos hechos. Y aquí me tenéis, siendo hipócrita, recurriendo a mi blog para exteriorizar una mínima parte de lo que pienso o siento.
Porque... Miss Tokimeki ya no es Miss Tokimeki. O dicho de otro modo: Miss Tokimeki me ha dejado. Y sí... sé perfectamente que hay muchísimas chicas por ahí (en proporción de 7 a 1, según comentan), pero el problema radica precisamente en que sólo una de las siete que me corresponde es ella. Porque hemos pasado juntos cuatro años y medio maravillosos. Con sus baches, como todos, pero maravillosos. Porque, como suelo decir, el superar juntos los problemas hace de las relaciones mucho más fuertes (y esto es algo general, que se puede decir de la amistad, o del amor). Hemos reído, hemos llorado y nos hemos apoyado en momentos de necesidad. Y ahora, justamente en mi mayor momento de necesidad, me falta mi mayor apoyo. Me falta ella.
No me cabe duda de que el tiempo cura todas las heridas, y que tarde o temprano (voto por el "tarde": hagan sus apuestas) podré "olvidarla". Pero el problema está en que no quiero hacerlo. Ojala quisiera. Ojalá la odiara. O, al menos, que creyera hacerlo. Porque el odio enmascara perfectamente al dolor, y nos hace sentir mejor en momentos de debilidad. Pero no puedo. Y daría años de mi vida por lograrlo. Daría años de mi vida por hacer realidad esta poesía:
Te digo adiós y acaso te quiero todavía. Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
Este cariño triste, apasionado y loco me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho, no sé si te amé poco, pero si sé que nunca volveré a amar así...
Me queda tu sonrisa dormida en tu recuerdo y el corazón me dice que jamás te olvidaré, pero al quedarme solo sabiendo que te pierdo tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós y acaso con esta despedida mi más hermoso sueño muerta dentro de mí, pero te digo adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti.
Pero ni siquiera tengo el valor de decirle adiós. Es una idea inimaginable. Y ni siquiera puedo emborracharme, para olvidarla, porque no bebo. Y ni siquiera puedo colocarme hasta arriba, porque no me coloco. Y ni siquiera puedo salir con los amigos, porque no tengo amigos. Y aquí me véis, siendo justamente aquello que odio, un diario ambulante. Y lo peor es que no me arrepiento.
Porque aunque esta inmensa entrada pueda parecer un diario no lo es. No. Es una llamada de auxilio. Porque duele mucho sentirse solo. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve tener trabajo, dinero y una vivienda asegurada si no puedes compartirlo con nadie? ¿Qué puedes hacer si tu alma se encuentra tan oprimida que no puedes concentrarte en leer? ¿Que el enfrentamientos de pensamientos incluso te impide disfrutar al jugar? ¿Qué? Supongo que sólo se pueden hacer dos cosas: escribir, y lamentar.
Me siento solo. Y ni siquiera puedo gritar. Socorro.
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(Relato) Mi nombre es Gabriel Publicado @ 18:45 - 14/4/2008 Etiquetas: rol, cazador, relato, exaltacion
Hace casi dos años desde que inicié este blog y, como ya se podía vislumbrar en aquellas letras, me aburrí inmediatamente de él. No puedo evitarlo: los blogs me repelen, son el lado positivo de mi lado negativo. Aún así... para celebrar el aniversario de mi primera entrada (que tiene relación con el número 333: a ver quien logra adivinarla) he decidido seguir. Quizás lo haga más de seguido, quizás vuelva a repetir dentro de unos años: eso, el tiempo lo dirá.
Os dejo con una especie de "relato" que hice hace cuatro años y medio. Soy jugador de rol ocasional (tan ocasional que el 99% de las veces soy el que dirige las partidas), y esta historia era el transfondo de mi personaje (algo no obligatorio pero sí aconsejable para que el personaje no sea plano, y tenga cierto juego a la hora de interpretarlo). Fue mi última partida de ROL EN VIVO (he jugado muy pocas, porque las encuentro bastante aburridas: prefiero el juego de rol en mesa, puesto que la imaginación es infinita), y la verdad es que el personaje me salió bordado (la mayoría de la gente interpretaban a vampiros, y unos pocos interpretamos a cazadores -obviamente los vampiros no sabían nada-). Os dejo con la narración, sin más:
Yo
Mi nombre es Gabriel, Gabriel Knight, y al contrario que muchos otros elegidos yo proclamo mi nombre con orgullo. Os preguntaréis por qué corro el riesgo de decir mi nombre real, ¿no? Yo no tengo miedo. He sido elegido: elegido por Dios. Sé que muchos de vosotros tenéis diferentes conjeturas sobre nuestra exaltación, pero se quedan en eso: conjeturas; os es necesario creer en algo que excuse vuestra caza. Yo soy diferente a vosotros en eso. Yo no creo que soy un elegido de Dios, como otros muchos, yo SÉ que soy un elegido de Dios. Y por eso no tengo miedo. Dios está conmigo, me acompaña, me protege. Yo soy su elegido, al igual que vosotros, pero yo soy consciente de ello. Y pienso destruir el mal en su nombre, no le decepcionaré. Porque ÉL está conmigo, se ha fijado en mí, un pobre mortal, me ha otorgado su gracia para que purgue nuestro mundo en su nombre, y no lo defraudaré. Redimiré las almas de esas abominables criaturas, y las purificaré mediante el sagrado don de la destrucción. Y os puedo asegurar que todo esto que os cuento es tan cierto como esta luz que ilumina mi cuarto en esta noche de lluvia torrencial... cEAnmSBeiRAinODcoROeoEOsoEOsoOOYooONooODoiORoiOAotOAonOTooO?! Se ha ido la luz. Puta lluvia. Tenéis suerte de que mi portátil tenga las baterías cargadas. Intentaré no desviarme del tema. Como os decía antes de sumirme en la oscuridad: SOY un elegido de Satán, mi Amo y Señor; ÉL es el verdadero mal, el mal en sí, el único que puede asolar la tierra. Y por eso pienso destruir a todos esos jodidos monstruos, que tratan de hacerle sombra a mi maestro. Ilusos. No tienen nada que hacer. Yo, un humano, he sido escogido para demostrar a esos desgraciados inútiles lo que les espera cuando les envíe al infierno. Porque les haré sentir dolor, mucho dolor, y aún así no será la décima parte del castigo que les infligirá mi Señor cuando lleguen a su morada. Las inútiles criaturas tratan de sembrar el Caos en un mundo que está en regencia de nosotros, los humanos, tratan de adelantar el Apocalipsis. Los pobres gilipollas no asumen que sólo es asunto de mi maestro decidir cuándo y por qué llegará ese día: son unos entrometidos, por actuar sin su permiso, y por eso nosotros, los exaltados, hemos sido elegidos, y por ello los monstruos perecerán. Porque Satán, nuestro señor, es el único mal que debe de asolar la Tierra...
Su exaltación
Gabriel Knight era miembro de las fuerzas especiales. No viene al caso decir de dónde, ni para quién trabajaba, sólo cabe decir que él y el resto de sus compañeros de unidad eran buenos, muy buenos. Se ocupaban de casos difíciles de asalto: introducirse en un edificio tomado por delincuentes con rehenes, asaltar la sede de grupos terroristas... ese tipo de trabajos. Nunca habían fallado una misión, ni ninguno de sus cuatro compañeros había resultado siquiera herido. Y no solamente porque fueran buenos, no: sino porque eran amigos, los mejores amigos, se compenetraban, se entendían sin palabras, con una sola mirada. Por eso no sólo eran buenos, sino que eran la mejor unidad de las fuerzas especiales secretas. Todo iba bien hasta que un odioso día el castillo de naipes cayó...
Algo falló en la estrategia elaborada horas antes. El principio del asalto al edificio donde se ocultaba un pequeño pero peligroso grupo terrorista salió a la perfección, pero en la fase final todo se vino abajo, por culpa de John... o de su hermana. Ella estaba entre los siete dirigentes de los terroristas. Y no era una caudilla, una de las muchas mentes captadas por bellas palabras de rebeldía e ideales que justifican los duros medios empleados. No. Era su líder. John se vino abajo. Su hermana se echó a llorar, se echó una mano a la cara para ocultar su rostro y se sentó en el suelo, con las piernas separadas, apoyando su otra mano tras una caja. John, inconscientemente, bajó el arma. Y su hermana, llorando cada vez más fuerte, inmediatamente dejó de llorar, sonrió de forma cruel y sádica y disparó a su hermano, con una Mágnum 357 que había permanecido oculta tras la caja. Ese fue su primer y más lamentable error: el impacto le dio a John en pleno corazón, cayendo abatido al instante, muerto. Sus compañeros de la unidad no supieron reaccionar... fue Gabriel quien lo hizo, aunque segundos tarde para poder salvar a su amigo, abatiendo de un disparo en la cabeza a la Caín particular de su amigo John. Ese fue su segundo error. Tras ésto, inmediatamente el resto del grupo terrorista se abalanzó hacia las armadas fuerzas especiales, haciendo un ataque suicida, pues estaban desprovistos de armas. Gabriel y sus compañeros abatieron a todos con furia, disparando incluso una vez muertos. Ese fue su tercer error: se dejaron llevar por la rabia. No había que preocuparse por los medios de comunicación: al fin y al cabo pertenecían a las fuerzas especiales secretas del Estado, pero sus errores no alegraron a sus superiores. Fue un día triste... no dijeron palabras, no había lugar. Al día siguiente sería su funeral.
Pero el funeral no llegó: al día siguiente John se presentó en el cuarto compartido de la unidad, como siempre. Comentó como si no hubiera pasado nada que tuvo la suerte de que el chaleco antibalas detuviera el impacto. Gabriel no entendía nada: un disparo producido por una Mágnum 357 es capaz de atravesar un cuerpo humano, el chaleco antibalas el único efecto que podría hacer es el de evitar esto, pero cumpliría su objetivo. Sus compañeros no pensaron ese particular detalle, o al menos no manifestaron esa duda en voz alta. Ni siquiera le preguntaron cómo era posible que no tuviera pulso, y que Smith, el médico del grupo, le diera por muerto. No se les pasó por la cabeza, estaban demasiados contentos por verlo con vida. Desgraciadamente no tuvieron tiempo de festejar la noticia, pues recibieron un aviso urgente por megafonía de que tenían una nueva misión. Se encaminaron allí sin falta. No volverían a cometer más errores. La falsa muerte de John fue un aviso para su arrogancia que no volverían a cometer. Esta vez tenían que lograr entrar en un banco tomado por tres locos individuos, que habían tomado rehenes y habían arrancado las orejas a uno en aviso de que debían de darles lo que pedían. No se andaban con bromas. Y Gabriel y sus compañeros tampoco. Se introdujeron en el banco por los conductos de ventilación, a los que se podía acceder en la azotea. No hace falta decir cómo llegaron a ella. Los secuestradores estaban en la planta baja, y ellos ya habían llegado a la primera. Cada miembro del grupo se colocó en el lugar que debía hacerlo con total disciplina y sin mediar una palabra y sin dudas asaltaron el lugar. John y Gabriel guardarían las espaldas. El asalto salió perfecto. Nadie vaciló: en menos de tres segundos los tres delincuentes fueron desarmados, haciendo saltar sus armas por los aires gracias a hábiles disparos. Pero algo raro pasó. Una extraña voz se escuchó en la cabeza de Gabriel: “NO PERMITAS QUE ESO VIVA”. Gabriel miró a John, y ya no veía a su compañero. Estaba como siempre, con el uniforme de asalto especial, con el chaleco antibalas. Pero no era el mismo. Estaba más pálido, la mandíbula desencajada en un horrible gesto y una herida situada en el lugar del corazón no dejaba de sangrarle. Y John no apartaba su mirada de él. Incluso Gabriel pareció escuchar de su boca unas palabras que gesticuló sin necesidad de mover los labios “Vengaré la muerte de mi hermana, grandísimo hijo de puta”. Gabriel miró a todos lados. No porque no estuviera seguro de lo que oía y veía, sino por necesidad de averiguar si los demás estaban tan impresionados como él. Sólo uno de sus compañeros parecía darse cuenta de la situación. No pudieron hablar, sólo se miraron un segundo, pero ambos sabían que estaban pasando por lo mismo. No hace falta decir su nombre. Esa es otra historia. Gabriel centró su atención en su inminente problema, que había levantado el arma contra él, y dejó a su compañero ocuparse del suyo: en el segundo que desvió la mirada de John vio que uno de los secuestradores no era tampoco lo que parecía en un principio: sí, era un loco psicópata, estaba masticando una de las orejas arrancadas cuando llegaron, y tenía la otra en su mano derecha, pero no era por eso. Gabriel sabía que fuese lo que fuese no estaba vivo. Y su compañero también, y sin saber por qué Gabriel sabía que tomaría cuentas de él. John no dijo nada, seguía apuntando, pero sus dedos ya estaban apretando el gatillo. Gabriel vio detrás de John un cuadro: un cuadro de Dios. No de su hijo, Cristo, sino un cuadro de Dios. La luz entraba por una de las ventanas superiores y lo iluminaba claramente. Salía con los dedos en “V”, símbolo de victoria. Gabriel sabía de arte, pero aún así no se paró a observar con detenimiento el cuadro, simplemente pensó en su significado, y en tan sólo unos segundos, de ser ateo pasó a ser el más firme y fiel de creyentes, y supo lo que tenía que hacer: supo que fue Dios quién le habló segundos antes. Y actuó. Y antes de que John hubiera podido terminar de apretar el gatillo Gabriel sopló, sopló con todas sus fuerzas, exhalando una densa nube de humo negro, que lo cubrió. Aunque densa y totalmente negra él veía perfectamente a través de ella, pero John al parecer no. Ladeó la cabeza en un gesto de extrañeza, y disparó, vaciando todo su cargador en la niebla oscura. Falló todos sus tiros menos uno, que sin quererlo impactó a un rehén. Gabriel no se paró a pensar en él, al menos no tanto como para cambiar el curso de sus acciones. Comenzó a correr rumbo a John, tirando su automática, rezando a Dios que le otorgara la gracia divina de un arma sagrada con la que castigar a aquellos que debía ajusticiar. Y el arma apareció. Tomó la forma de una espada, pero no era sólida: estaba hecha de energía, una energía que parecía crepitar cual llama. Pero no la típica llama de colores vivos que todos solemos asociar al fuego, sino una llama de colores fríos, apagados. Gabriel dio gracias a Dios por atender a su ruego, y en su nombre, decapitó a John. Ante los ojos asombrados de los presentes en la sala por el reciente acontecimiento pasado y otro paralelo que se estaba desarrollando, Gabriel hizo desaparecer la espada luminosa con un gesto de la mano y se dirigió adonde estaba el pobre chico que recibió una bala por él. En realidad poco le importaba su suerte. Si el chico tenía que morir era porque Dios, su señor, así lo quería, pero no, no había llegado la hora del chico: aunque inconsciente, sobreviviría. Gabriel, en cierto modo por penitencia, se arrodilló ante el chico, obró de nuevo otro rezo en silencio, frotó la herida de bala del chico y pidió que sanara su herida, y así ocurrió: la herida desapareció ante a sus ojos, aunque sólo él pareció darse cuenta.
Ese mismo día tuvo lugar un juicio interno, donde juzgaban a Gabriel; por separado juzgaban también a su otro compañero. Gabriel era acusado de asesinato, pero sus compañeros de grupo declararon que actuó en defensa propia: todos vieron cómo John le apuntó con el arma y le disparó continúas veces, aunque no supieron cómo Gabriel esquivó los proyectiles. Declararon también que Gabriel acabó con John con una espada, que no le vieron portar en ningún momento y que después no apareció. Aunque ninguno de los testigos declaró conocer el por qué de la locura de John un psicólogo puntualizó que debía de ser un trastorno ocasionado por lo ocurrido el día anterior: John no debió trabajar un día después de un suceso tan trágico, donde además murió su hermana. Por tanto el juez dictaminó la inocencia de Gabriel, y que sólo actuó en defensa propia. Pero, pese a su desgracia, Gabriel no calló, y gritó a toda voz que todos estaban equivocados, que él sólo siguió los dictados de su santo señor, Dios. El psicólogo alegó locura transitoria por haber matado a su amigo. Fue liberado sin cargos, pero Gabriel fue expulsado de la unidad. Y no sólo perdió su trabajo, sino también a sus compañeros de equipo, sus amigos... que salieron de la sala del tribunal sin mediarle ninguna palabra: no sabían cómo se había deshecho de la espada, pero el hecho de contar con tan singular arma les hacía pensar que el asesinato había sido con alevosía. Ganó y perdió demasiado en tan poco tiempo... Al salir se sentó afligido en uno de los bancos: no tenía fuerzas para continuar... sí... había sido elegido por Dios, ¿pero a qué precio? ¿El del rechazo de sus seres queridos, el rechazo de aquellos que habían sido sus iguales? Tal vez fuera duro... pero seguiría la caza solo. El mal tenía la culpa de su desgracia. Si no existiera no habría sido llamado. El mal pagaría sus culpas...
Pensando sobre esto se abrieron las puertas de la sala continua y el primero en salir fue el compañero que al igual que él había sido juzgado, pues acabó con la vida de uno de los secuestradores aún no habiendo evidencias de ningún peligro, abatiéndolo a balazos con su recortada, desperdigando su cuerpo en varios pedazos. Aunque declarado culpable no sufriría sentencia por todos los servicios prestados y su hasta entonces intachable currículum, pero al igual que Gabriel fue expulsado de la unidad, y fue rechazado por sus otros compañeros, quienes ya pensaban que la locura de Gabriel era contagiosa... pues él, aunque no declaró nada raro en el juicio, después de éste les explicó lo sucedido, y le tomaron por loco. Gabriel no estaba solo. Tenía a su fe, y tenía a su compañero, otro elegido por Dios, que sin embargo no era consciente de ello, pero que sin duda llegaría a serlo con el paso del tiempo.
Una hora después ya habían recogido sus cosas, pero justo antes de salir con la última caja Gabriel volvió la mirada atrás, hacia la cama vacía de su compañero John, al lado de la cual había otras cajas con las pertenencias del muerto: <<No siento lo ocurrido, amigo, y no lo siento, porque sé que ese no eras tú: ahora estás en paz>>. Entonces apagó la luz, sumiéndose en la oscuridad. Sintió caer algo al suelo, y vio un extraño brillo en una de las cajas de las pertenencias de John, que no estaba cerrada del todo. Extrañado, se dirigió allí para cerrarla y ver qué era lo que brillaba: era un mosaico que reflejaba la luz encendida de una linterna. Un mosaico monstruoso, que reflejaba al macho cabrío con patas de cabra en todo su esplendor: al diablo. <<Sí, mi señor, no os preocupéis. La oscuridad me guiará, y gracias a ella el falso mal que intenta haceros sombra perecerá. Soy vuestro siervo, oh, Satán. Viviré para serviros, y buscaré a aquellos que al igual que yo hayan sido elegidos, para luchar en vuestro nombre. Seremos los mejores cazadores de bestias sobrenaturales: no fallaré en mi nueva misión>>.
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Presentación Publicado @ 13:56 - 11/10/2006 Etiquetas:
El fin del mundo ha llegado. Quién iba a decir que algún día acabaría por crear mi propio blog. Ésto es algo inaudito, sin duda, y es que desde su nefasto origen he proclamado a los cuatro vientos mi antipatía hacia tal herramienta del averno. Sí, habéis oído bien: he definido a los blogs como "herramienta del averno". Y es que desde mi punto de vista pocos blogs pueden presumir de ser usados para otros menesteres; y digo "pocos" en comparación al conjunto global que pululan por la red. Porque, desgraciadamente, en la mayoría de los casos los blogs sólo son una extensión del Msn Messenger, de la tan querida Microsoft. "Quiero darte un dulce beso como flor de cerezo. Si tu corazón lo siente... ¡tengamos un amor romántico!" Ese conjunto de palabras que acabo de poner entre comillas, es el nick de una persona que habita en mi msn (elegida totalmente al azar); nicks como ése me causan una repulsión difícil de explicar. Y que conste que no digo esto porque trate un tema de amor, ni mucho menos, sino porque trata un tema personal, algo demasiado concreto que es tratado de forma totalmente general. No me gusta que se traten ciertos temas que, se supone, gozan de cierta importancia de ese modo, porque así, en vez de otorgar importancia al hecho, se le quita, y más cuando esos nicks tienden a lo pesimista: preguntas sobre el tema, y te lo niegan (¿por qué diantres ilustran tales nicks, entonces?). Y todo este rollo viene a cuento porque, en muchos casos, todo esto se extiende a los blogs, que se convierten en diarios personales disponibles para todo hijo de vecino. Puedo entender que todo eso sea una vía de escape para exteriorizar sentimientos y/o pensamientos, pero, aún así, soy de los que piensan que es mejor tratar determinados temas en la intimidad, y usar a los blogs como medios de información, algo sin duda mucho más productivo. Es por esto último por lo que me he decidido crear un blog (sumado a un gran aburrimiento que me asola en algunos momentos), porque gracias a Vandal he tenido el placer de leer algunos blogs muy interesantes. Y es que si hay algo que me gusta de los blogs de Vandal es que puedo leer los titulares de algunos desde los foros que frecuento, por lo que no tengo que investigar ninguna página de blogs ajena perdiendo el tiempo en busca de algún tesoro perdido, sino que son los blogs los que acuden a mí. En resumidas cuentas, se podría decir que algunos foristas, convertidos en bloggers, han logrado crear en mí una curiosidad que sólo puedo saciar participando en tan lúgubre actividad. Así que lo siento mucho por vosotros pero, a partir de hoy, cuando el aburrimiento me venza hablaré sobre lo que me plazca, siempre y cuando esté relacionado con alguna de las categorías que he añadido en ese cuadro tan mono de la derecha. El próximo día, que a saber cuándo será, explicaré el por qué del título de mi blog. Un saludo a tod@s ;) 
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