Bueno, ojeando ojeando mi colección de cómics no me he encontrado nada, o casi nada que merezca ser destrozado impunemente en el blog, (bueno si, un libro de Shin Chan que no se como pude comprarlo, pero es que me da asco hasta mirarlo) de modo que esperaré al Salón de Getxo a ver si encuentro porquerías por dos pesetas. Si podeís, y conoceís, dejadme algún tebeo roñoso en los comentraios a ver. Pero he encontrado cosas muy muy majas que creo que casi nadie debería perderse, así que me las pongo aquí, hago entradas facilitas, las editoriales tienen publicidad gratuita y todos contentos. Que bien. De momento dejo dos:
-Blacksad.
Leer cómic y no saber de Blacksad, debería ser castigado con tres sesiones de horca, una detrás de otra. Ñac, ñac, ñac. No puedo evitar pensar en gente que no lee más que manga/americano por cerrojos y se me cae el alma a los pies. Blacksad es arte puro y duro, empezando por ese dibujo tan jodidamente brutal que Guarnido se pulió en la Disney, y siguiendo por las acuarelas o la genial ambientación de las películas detectivescas americanas de los 50. Y luego tenemos el guión, con suspense, intriga, asesinatos, misterios y mucho gancho, que en los dos primeros volúmenes, sencillamente, se borda. (En el dos, es que te cagas.) Súmale a eso la cuidada edición para que te dure muchos años y tienes un cómic de tres pares de cojones. Para el que no lo sepa, trata sobre un gato negro, Jonh Blacksad, que es detective. Cada tomo nos cuenta un caso distinto, por lo que son números totalmente autoconclusivos y de historia cerrada. Recomendable leerlos sin ojear la historia antes, porque sino, te jodes el leerlo la primera vez. Y te lo revientas mucho. Podéis hacer lo que queráis, pero no tener por lo menos el número 2, es para llevar colgado un cartel de “imbecil”.
-Superlópez: El señor de los chupetes.
Hay cosas majas de Superlópez, pero creo que “El señor de los Chupetes” es de las mejores aventuras. Es de sus primeras peripecias y aún Jan no había empezado a hacer de Superlópez un héroe mas justiciero; sino que estas historietas eran más aventura cómica y de risa que otra cosa. El libro en sí toma como referente a “El señor de los anillos”, pero solo como base. Un misterioso personaje le encarga a Superlópez evitar la conquista del mundo a manos de los Chupóteros negros, súbditos del desaparecido Tchupón, señor de los chupetes. Para ello le entrega a López el chupete único, que vuelve invisible a quien lo use. Así pues Superlópez se ve arrastrado a acabar con los 7 chupópteros negros por todo el mundo. Tal vez mi criterio se vea distorsionado por la nostalgia, pero estoy seguro de que el tebeo lo vale.
Bueno, otra entrada de dibujos animados, para que veais que os cuido. He elegido otros dos cortos para que paseis el rato, a ver si os gustan. Como siempre en Youtube o Aniboom, esta última opción por si quereis verlo a más calidad. Here we go.
Boo. No es que sea un video de alta calidad, pero me ha resultado gracioso, tampoco es que haya que ser tan elitista si el video más o menos entretiene, que no pagamos por esto. Lo he puesto porque resulta mas o menos sorprendente, como empieza y como acaba. Ahí os lo dejo.
Super Moine. Esta si que creo que va a gustar. Es un 3D muy sencillito pero efectivo, además de unos creditos cachondos y simpáticos. Un monje repatriendo leña a ritmo de guitarra eléctrica sazonado con sangre y humor simplote. Muy bueno y entretenido. Kick ass!!
El "Supermercado cuyo nombre no diré". Un universo aparte. Publicado @ 23:42 - 26/10/2007 Etiquetas: wtf, raro, super, cutre, caspa
Nunca una canción hizo tanta justicia:
Me cuentan que en una cadena de supermercados, que para evitar spam llamaremos "Supermercado cuyo nombre no diré" hay una oferta de carpetazas enormes tamaño A2 para llevar los dibujos grandotes y hacer estorbo en casa. La cosa es que me van a hacer falta, y total, me venía de paso, así que me acerco a ver. Tengo que decir que nunca había estado en los antros de esta cadena, no había entrado jamás, era algo totalmente desconocido. Así que lleno mi mochila de provisiones, cargo la escopeta, miro la brújula, me monto en el coche y parto a la aventura. De entrada, ya me resulta extraño que se monten un supermercado al lado del ENORME centro comercial que es el --piiiiiiip-- de Logroño. Pse. Al lado tienen un Makdonals también. Hay gente para todo. Ante mi se levanta una construcción arquitectónica semejante a los pabellones agrícolas donde se guardan y crian animales tales como cerdos, borregos, pollos o terneras. La semejanza tan solo era un aviso. Disponiéndome a coger el carrito, empiezo a notar que algo falla. La ranura para meter la moneda, está a la derecha en lugar del centro, como es habitual. Para mas inri, solo admite monedas de un tazo, nada de poder meter también 50 centimos. Bah. Entro al sitio pero aun no contemplo su luz, mas algo se percibe. Es una reja. En lugar de tirar recto, tienes que girar hacia un lado, y al final te espera una portilleja mecánica que se abre sola. Y vi la luz. Todo estaba bañado por una iluminación anaranjada, tan típica de las cuatro de la tarde. Enfrente mio discurría el pasillo de zumos y refrescos, donde unas cajas con evidentes signos de inestabilidad y magulladuras, me cercaban a los lados. Era el primer pasillo, pero empezaba a sentir algo, una especie de incertidumbre y miedo al vacio. Esta sensación me acompañó a lo largo del pasillo, hasta que llegué al final. El horror.. El horror.... Una demencial orgía de sensaciones y recuerdos bullía en mi interior, miles de estímulos que me situaron al borde del colapso. Mi cabeza procesaba retazos de cosas como películas de serie B, canales de televisión autonómicos, bares de carretera yanquis, gags de la "Muchachada Chanante", las fabelas de Brasil o los bares del casco antiguo. Todo ello conformaba la atmósfera que allí se respiraba. Una diversidad de artículos como nunca antes había visto: cajas abolladas, acuarelas liquidas, pinceles de pacotilla, pesonal escaso y cabreado (dos chicas solamente), bolsas gigantes de chetos repletas de aire, galletas "Princesa de Beler", papás noeles de chocolate en cien mil tamaños y colores, gaseosas con etiquetas divertidas, cactus con sombreros de bruja, sartenes de pichiglás, manchas de todos los colores y sabores, espantapájaros ridículos, mercancía por el suelo y todo cuanto puedas imaginar hasta cierto límite. Todo ello, claro, de marca "Nisupu" (NI SU PUta madre la conoce). Y en algunos casos, como en el de las acuarelas líquidas, ni existe. (¿Descuido del diseñador de la caja o hábil estratagema para evitar las denuncias por intoxicación?) Además, todo, hasta las botellas de agua, tenía pinta de ser altamente inflamable. Estoy por salir escopeteado de allí, pero mi gusto por la aventura y el bizarrismo, además de que pensaba "Red bat, no te rajes, necesitas esa carpeta", me hicieron quedarme ahí. Entre la amalgama frikoide que amenazaba con engullirme al menor descuido, hallé las dichosas carpetas. Si, al lado de las sierras circulares. Ahí en unas... ¿Estanterías? ¿Cestitas? ¿Rejillas? ¿Mostradores? ¿Receptáculos? ¿Barquitas? ¿Gallifantes? No me sale la palabra, en una ostia de estas, en las que cualquier supermercado te coloca la fruta o la carne...
Pues no. Aquí hay sierras circulares, carpetas A2, y calabazas de cerámica para Jalogüin.
Ala, ya está. Me piro. ALTO. Me han mandado comprar leche, que para eso llevo el carrito. Burro. Ale, a buscar como un sabueso. No, esto es la comida de perros, y debajo, el estante de las pilas. Esto son los artículos navideños, enfrente de las bolsas de patatas. Ahí, ahí está la leche. Un montón de cajas, eso si. Casí tantas como bollos que tenían. Busca que te busca, a ver si hay un lote sano, o limpio por lo menos. Quito cajas y quito cajas, esperándome no encontrar un mendigo durmiendo detrás de la pila, que era lo que me faltaba ya. ¡Excelsior! ¡Una caja entera! A pagar, a pagar, vámonos rápido. El remate era una cinta kilométrica como no he visto nunca. Se podía decir que era la autopista de las cintas de cajas. Pago, salgo, guardo la compra en el coche; dejo el carro y el maldito aún se resistía a devolverme la moneda, como queriendo que mi alma y mi euro permanecieran allí para toda la eternidad, reteniéndome. Conseguí vencer y me piré con una sensación de alivio y desconcierto.
En mi vida he visto supermercado igual. Ni siquiera los de barrio, por fulleros que sean. Era una especie de "Todo a cien" chino, pero con comida. En fin, no quisiera despedirme sin antes darle un premio a esa magnífica cadena, tan barata que hasta da asco.
Y por si hubiera tenido poco surrealismo, volviendo de Logroño al pueblo, en la carretera, un vejete que estaba paseando, se gira hacía la cuneta y se pone a mear. Y me toca verlo a mí. No se, me pasa cada cosa.