Publicado: 23:10 01/09/2011 · Etiquetas: · Categorías:
Cariño:

Le he pedido a mi mejor amigo un billete a la ciudad. Voy a ver a un tipo, que tiene un trabajo para mí. Mucho dinero. Me encontraré con él en el bar acordado, a la hora señalada. Sé que lo que voy a hacer no es moral, pero también sé que lo moral y lo inmoral se diluyen y a veces, se hacen uno. Esta es una de esas veces.

¿El trabajo? Es simple. Yo, un tío al que no conozco y una pistola. Bang, bang, bang. Muerto. ¿El pago? Cinco mil dólares americanos. Los suficientes para escapar solos. Tú y yo. Quizá lo que haga esté mal, quizá no. Pero he buscado trabajo, cariño. No lo encontré. No hay trabajo ni de lavacoches. Y menos para mí. No acabé el instituto, ya lo sabes. Me echaron del anterior trabajo y la seguridad social ya no da más de sí.

Estoy cansado. Cansado de que este mundo gane siempre. Cansado de huir, de ir de trabajo en trabajo, de prostituirme para seguir comiendo. Porque yo soy una puta. Voy de mano en mano, de jefe en jefe y cuando los satisfago me echan. Por eso haré lo que voy a hacer. No debe ser muy difícil. Sé dónde va a estar, sé cuándo va a estar y sé cómo va a ser.

Tres disparos. Bang, al pecho. Bang, a las tripas. Bang, a la cabeza. Fin. Sé que nunca he hecho esto, pero su vida no vale más que la mía, ni que la de nadie. A veces pienso que, aunque él no lo sepa, tiene más suerte que yo. Yo tengo que cuidar de ti, de nosotros. Eres lo que me sujeta a este mundo. Él lo dejará esta noche.

No me busques, no sabes dónde iré. No trates de disuadirme, no sabes que no te haré caso. Lo hago por nosotros. Es dinero fácil, y me cansé de buscar trabajos honrados. Ahora he de irme, me esperan para darme el arma. Pero más bien no es un arma. Es una llave. La llave que abrirá la puerta hacia la libertad, escaparemos. Te lo prometo.

Te quiero.

Publicado: 14:27 11/08/2011 · Etiquetas: · Categorías: Mis escritos
La tercera copa ya, es lo único que tengo seguro al final. Que soy un borracho y adicto a la nicotina. El resto es tan estable como las volutas de humo que despiden mis cigarros al ser exhaladas. Todo se derrumba a mi alrededor, parece que es culpa mía y yo no sé qué puedo hacer para evitarlo, no sé cómo sujetar los retazos de una vida que se desploma a trozos y quedan de tal forma que son incapaces de volver a erigirse.

Miré a la chica guapa que está sentada un poco más a mi izquierda. Lleva lanzándome miradas furtivas desde que entré y haciéndome falsas promesas de seguridad y estabilidad. Pedí otra copa y encendí otro cigarrillo. Ella se acercó y me pidió un baile, que yo rehusé. Preguntó por qué y yo le dije que para qué quería bailar conmigo, si no me conocía ni sabía por qué estaba emborrachándome en un bar sin nombre. Ella me dijo que pudo ver que me llenaron el alma, una vez llena de Dios, de demonios, demonios y polvo, que ella también la tenía así, y que quería compartir ese dolor conmigo.

Le ofrecí una copa, pagué yo y me volví a casa. Brindamos por nuestra destrucción.

Publicado: 20:05 16/11/2010 · Etiquetas: · Categorías: Filosofía.
Acabo de escribirlo. Es, a grosso modo, un resumen de la Apología de Sócrates platónica. Espero que os anime a leerla.

La apología de Sócrates es el testimonio que Platón nos deja del proceso y condena de Sócrates. En el comienzo, Sócrates explica que no es en absoluto hábil hablando en público, como afirman sus acusadores (convierte el argumento peor en mejor) y que lo va a evidenciar, por lo que pide que los atenienses no se ofendan ni se escandalicen por lo que Sócrates diga, ya que sólo se limitará a decir la verdad.

Las acusaciones a las que Sócrates se enfrenta son de dos tipos: antiguas y nuevas.
Sócrates prefiere defenderse de los “antiguos” acusadores primero, ya que según él, son más malévolos y más difíciles de contraatacar. Al venir vertiendo acusaciones a los niños (que ahora son adultos) contra Sócrates, y decirles que Sócrates es un hombre ciertamente malvado, estos niños aprenden todo lo que les dicen. Además, Sócrates no está presente en esos momentos, por lo que no se puede defender de dichos ataques y estos niños crecen con el prejuicio hacia Sócrates, y ya lo consideran un hombre “malo”. Por ello dice Sócrates que son las peores acusaciones, al estar muy arraigadas en las personas. Estas acusaciones son: que Sócrates estudia los fenómenos del cielo y de la tierra. Son debidos principalmente a Aristófanes, que en su comedia Las Nubes pinta a Sócrates como un sabio que estudia dichos fenómenos, y que convierte en mejor el argumento peor. Sócrates sabe que debido al arraigo de dichos prejuicios, no puede rebatirlos en tan poco tiempo, y que necesitaría varios días para hacerlos.

A continuación, explica de dónde vienen dichos prejuicios: su amigo Querefonte fue al oráculo de Delfos a preguntar quién era el hombre más sabio. “Sócrates” es la respuesta del oráculo. Al enterarse, Sócrates se asombra, ya que se considera una persona profundamente ignorante, por lo que busca a alguien más sabio que él para demostrar su ignorancia. Para ello empieza a preguntar a políticos, poetas y artesanos. Su desilusión llega al comprobar que todos ellos eran sabios en sus materias, pero que debido a ello se pensaban que eran sabios en todos los aspectos externos a esas materias, cuando no lo eran. Sócrates, por ese matiz de reconocer su ignorancia, era más sabio. Una vez hecho eso, intentaba rebatir a sus interlocutores para que se dieran cuenta de su error, pero estos se enfadaban, por lo que así se fue ganando la fama de cotilla.
Los segundos acusadores, los nuevos, son principalmente Ánito y Meleto, siendo este último el que “formaliza” la acusación. Aquí Sócrates se defiende del cargo de corrupción de jóvenes, mediante un diálogo con Meleto en el que afirma que no corrompe a la juventud, y que si lo hace, lo hace inconscientemente: en efecto, Meleto sostiene que Sócrates corrompe a sabiendas, pero admite que nadie quiere recibir mal. Sócrates le rebate afirmando que si alguien corrompe a los jóvenes y estos se dan cuenta al crecer de que les han corrompido, querrán vengarse causándolo mal. Por ello, Sócrates demuestra que no lo hace conscientemente, ya que nadie quiere sufrir mal.  Después le demuestra que no es ateo, al llevar a Meleto a contradicción (afirma que Sócrates cree en cuestiones divinas pero no en dioses).

Lo que sigue es la justificación de Sócrates a su anterior conducta: juzga ineludible su deber para con el dios, antes que contentar a los humanos. Por ello, tiene poco tiempo para dedicarse a trabajar y es pobre. Asimismo, si ha elegido filosofar, no ha de moverse de esa postura por miedo a la muerte, ya que sería deleznable, porque nadie conoce a la muerte, y sería ser sabio cuando no se es, y además, promulgar el ateísmo, porque se desobedecería al dios. También Sócrates arguye que él mismo es un bien para Atenas, siendo la ciudad como un buey, y Sócrates como un tábano que lo aguijonea sin parar para que no se duerma en la opulencia. Así es, Sócrates se cuida de que los ciudadanos se preocupen primero de la virtud, y después del resto de las cosas.

Por último, afirma que, si corrompe a los jóvenes, ellos estarían en su contra en el juicio, pero lo cierto es que lo defienden, por lo que no son corruptos; además se niega a llorar o a subir a sus hijos para suscitar la compasión del jurado porque sería indecoroso ya que habiendo jurado ser objetivos, no se debería llorar para salvar la vida. El resultado es desfavorable a Sócrates.

Sócrates alega entonces que, si ha de proponer una pena tal que se ajuste a sus servicios a la ciudad, ha de ser su manutención vitalicia en el Pritaneo a expensas públicas, pero si tiene que pagar algo, propone pagar 30 minas, fiado por sus discípulos. No acepta el destierro porque para él, una vida sin filosofía no merece ser vivida, y eso sería peor que la muerte. Aún así es condenado a muerte.

En la parte final del diálogo, Sócrates advierte a los que le han condenado que serán reprochados en esta vida, acusados de asesinar a un hombre bueno. Asimismo, dice que no es por falta de argumentos, sino por la impudicia de los que lo condenan. Vaticina que detrás de él llegarán otros, más jóvenes, que los examinarán y criticarán con más fuerza, debido a que Sócrates los contenía. A los que no lo han condenado, Sócrates explica por qué no se ha detenido: la voz (el dios) que tiene y le persuade de hacer algo malo, no le ha dicho nada durante todo el proceso, por lo que Sócrates dice estar haciendo lo correcto. Tras esto, pasa a hacer dos consideraciones sobre la muerte: o bien se está como dormido sin soñar, con lo que no es un mal, o bien se llega al lugar donde todos los héroes y hombres justos llegan, por lo que puede pasar la eternidad filosofando con ellos, lo que para Sócrates es un gran placer. Por ello afirma que la muerte ha de ser buena. Por último, insta a los jueces a que cuiden de sus hijos, y los reprendan si se preocupan de otra cosa que no sea la virtud.

Publicado: 21:21 08/11/2010 · Etiquetas: · Categorías: Mis escritos
Lo siento, pero te dejo. No hay más, ni vuelta atrás, ni súplicas absurdas. Llevas meses matándome, llevas meses destrozándome. Y tú me prometiste que no, que ibas a ser buena conmigo. Prometiste que siempre serías tangible, pero me he dado cuenta estos mese que no eres más que una voluta de humo, que una respiración apagada. Y eso me mata. Ya no soy la envidia de todos mis amigos, sólo el hazmerreír. Ahora se ríen al verme contigo, a ver que aún sigo contigo. Me prometiste que te convertirías en adicta a mí, pero la realidad es que soy yo el adicto a ti. Te lo has montado muy bien. Tú y tus amigos, los que nos presentaron.
Pero te dejo, he encontrado a otra. Otra que me hace olvidar tu sabor, y por un instante, me hace sentir que ya no tienes ningún poder sobre mí.
Hola glucosa, adiós nicotina.

Publicado: 21:50 02/11/2010 · Etiquetas: · Categorías: Mis escritos
No quería decirlo expresamente antes de saberlo con certeza, pero este jueves me publican algunos de los relatos que teneis aquí en el blog. Para los manitos toledanos es a las 7 y media en el círculo de arte, y la revista en la que los publican se llama "Hermes" (es a nivel de Toledo nada más, pero que algo es algo XD)

Lo dicho, me apetecía compartirlo.

Publicado: 20:20 27/10/2010 · Etiquetas: · Categorías: Mis escritos
Y te diste la vuelta, y te fuiste. Y yo me quedé, embobado, viendo cómo cogías el tren y te ibas de la ciudad. Y paseé por las grandes avenidas, pensando en el lugar hacia el que te dirigías. Me habías dicho que no te siguiese, que ese tren no tenía espacio para mí. Que me seguías queriendo, pero que esta parte de tu camino habías de recorrerla sola, que yo no sabría recorrerla contigo. ¿Pero acaso no te sujeté cuando caías, y tú hacías lo mismo conmigo?

Me miré en los escaparates de las tiendas que solíamos visitar y pensé en el motivo de tu partida. Nada. No se me ocurrió nada por lo que tú quisieses seguir sin mí. También recorrí esos bares, donde tú y yo nos sentábamos y escuchábamos a los cantautores que cantaban a la soledad, el alcohol y la decadencia, pensando que no nos alcanzaría. Los cantautores tenían razón. No podemos vencerlas, como mucho huir. También tenían razón: es difícil ser santos en las ciudades, conservar nuestra inocencia. Quizá por ello te fuiste. Porque querías recuperarla.

Llegué a casa, me duché, y me metí en la cama. Sonó el móvil. Lo cogí, y una voz (tu voz) resonó dentro de mí: “me he equivocado, he llegado a nuestro antiguo pueblo y lo he encontrado igual que la ciudad. No puedo vivir así. Quiero recorrer todo el camino junto a ti.”

Al oír eso, me puse mi chaqueta y fui a abrir la puerta para coger el mismo tren que el tuyo, pero al abrir la puerta ya estabas en el umbral, con lágrimas en los ojos.

Y juramos recorrer juntos todos los callejones de la ciudad.

Publicado: 23:19 13/08/2010 · Etiquetas: · Categorías: Mis escritos
Se suponía que iba a ser su día más feliz, ¿sabes? El día de su boda. Todos, de alguna u otra forma hemos soñado con él. Rosas, flores, el vestido blanco de la novia mientras camina hacia el altar, derramando su gracia y belleza a través de la iglesia. La sonrisa del novio, que espera nervioso a su rosa de Mayo como si fuera el único rayo de esperanza en todo este mundo de barro y suciedad. La cabeza de todos los presentes se gira hacia la puerta de la Iglesia cuando ella entra, y las amigas rompen a llorar, no sabemos si de alegría o de celos.
Ese día en el que al fin los dos pasan a ser uno, y en el que por fin, se fundirán en el beso. El único beso puro que se puede dar en una Iglesia. Y esa noche donde los dos sellarán su amor.
Él esperaba ese día, tío. Lo que no sabía es que por esa puerta no entraría ella, sino un tío con sombrero, porra y pistola. Vestido de azul, con una mancha roja en sus muñecas. Silencio sepulcral, roto por los pasos de aquel hombre al acercarse. “¿Es usted el novio?”, preguntó, “Tengo que hacerle unas preguntas”. Él y el novio hablaron fuera de la Iglesia. Y el silencio, antes sagrado, se convirtió en un silencio maldito. El sacerdote dijo: “Posponemos la celebración”. Todos se quedaron en el sitio, como si esperaran que Jesucristo bajase de la cruz a aclararlo todo.
Llanto. El novio avanzó por el pasillo, no podía contener las lágrimas. Se acerca al altar y dice lo que nadie quiere oír: “La han asesinado, era un ladrón. Había matado a un dependiente al negarse a darle el dinero, y necesitaba un coche para huir”.
Todos se quedaron paralizados. El sacerdote dijo: “Dios perdone al ladrón”. El novio dijo: “Si Dios es misericordioso, que me mate a mí también, no es justo que me la robe el día de mi boda”.
Al poco tiempo, detuvieron al ladrón. Eso no le satisfizo, no le iba a devolver a su amor. A las dos semanas, tomó una decisión. Llamó a todos aquellos a quien quería y se despidió. Dijo que se mudaba, que se iba de esta ciudad.
Lo encontraron en su bañera, con el agua teñida de rojo.

Publicado: 16:54 18/07/2010 · Etiquetas: · Categorías: Mis escritos
Nosotros no tenemos esperanza. Somos los abandonados, los que vivimos en los suburbios, los que no tienen nombre. El nombre nos lo arrebató la ciudad, para ella somos una cifra, un dato estadístico más con los que engrosar las listas. No somos nadie. Somos los restos, los desesperanzados, los vagabundos, los tahúres y los drogadictos. Ellos nos desterraron aquí, después de aprovecharse de nosotros. Pero tú y yo… tú y yo somos distintos. No pertenecemos al mundo del lujo ni de la opulencia, ni pertenecemos completamente a estos suburbios. Sí, se han aprovechado de nosotros, y nos han arrojado a esta pocilga.

A mí me robaron los sueños, los ideales y la fuerza de la juventud. Yo antes era otro de esos que intentaban hacer de este lugar algo digno de la presencia humana. Me despojaron todo eso. Lo ahogaron con su dinero, sus estadísticas, su alcohol. Me arrebataron lo que les hacía falta y a cambio me dieron un billete de autobús y una palmada en la espalda. El billete era de ida. Estaba claro, no querían a alguien como yo entre ellos. Ellos aprendieron a vivir a costa de las esperanzas ajenas. Ellos son como vampiros en la noche, que se presentan en tu vida sin avisar, y te chupan la sangre. Y una vez te dejan seco, te tiran al pozo que ellos construyen para sus presas.

A ti te robaron la belleza, la alegría y el amor. Te hacían regalos y te decían todas esas cosas bonitas con un único propósito. Ambos sabemos cuál era. Para cuando te quisiste dar cuenta, era demasiado tarde. Estabas con poco más que una maleta en la estación de buses, llorando, porque lo que te habían arrebatado era difícil de recuperar. Estabas rezando para que algún ángel bajase del Cielo y te ayudase. Pero no bajó ningún ángel ni vino ningún salvador. Entonces te mudaste a los suburbios.

Allí tú y yo nos conocimos. Al verte, sentí lástima. No sabía como una chica tan bonita podía haber acabado ahí. Te ofrecí la redención. No me refería a la redención que sólo viene de arriba. Esa no es la que andábamos buscando. Estabas rota, herida y dolorida, pero yo no conozco a nadie que no esté así en este lugar. Aún así, te decidiste a salir. Ese fue mi rayo de esperanza, el estímulo que necesitaba para intentar escapar al dominio de esta ciudad. Decidimos luchar contra aquellos que nos robaron todo, que nos quitaron la vida poco a poco. Que nos hicieron renegar del amor, la esperanza y de los sueños, y nos convirtieron en buscavidas.

Entonces nos labramos nuestra redención. Tú sabías que yo no era el ángel por el que habías rezado en la estación, yo sabía que tú no tenías los sueños que a mí me habían quitado. Pero nos dio igual. Hicimos el juramento de matar o morir. De salir de este pozo, o morir en el intento, pero en ningún caso quedarnos ahí.

Y peleamos, peleamos contra los ejecutivos y hombres de negocios, los traficantes de almas y sueños. Porque tú y yo teníamos la fuerza para derrotarlos… A los tres meses, encontraron dos cuerpos con un disparo en la cabeza, tirados en una cuneta. Nuestros dos cuerpos. Nadie los reconoció. Y a nadie le importó.

Publicado: 17:39 11/07/2010 · Etiquetas: · Categorías: Mis escritos
-Hubo una vez una bonita ciudad. Las casas no eran muy grandes, pero tampoco muy pequeñas. No había grandes monumentos, pero tenía parques. Muchos parques donde los amantes echaban la tarde. Esa ciudad me encantaba tío.
-¿Sí? Llega el verano, ¿irás a visitarla o algo?
-Hace mucho tiempo que está en ruinas.
-No jodas. ¿Qué le pasó? ¿Alguna catástrofe natural o algo?
-No, nada de eso. Un tío decidió tirarla abajo.
-¿Toda ella? Venga ya, pero necesitaría ayuda, ¿no?
-Claro que tuvo ayuda, esa ciudad no se destruye sola.
-¿Y, qué vas a hacer?
Reflexioné. ¿Que qué iba a hacer? Joder, olvidarme de ella. O eso, o intentar reconstruirla. Imposible. Esa ciudad la levantaron dos personas. Dos personas. Un hombre, y una mujer. Construyeron un sitio apacible, donde se podía vivir. Donde no había muerte, ni dolor. Ellos construyeron una ciudad, que aunque estuvo a punto de venirse abajo en una ocasión, consiguieron impedir que se derrumbase. Consiguieron. Mentira, la salvó la mujer. Él estuvo a punto de irse de esa ciudad, y dejarla en manos de ella. Y una ciudad como esa es cosa de dos. No contesté a mi amigo. En lugar de eso, viajé a las ruinas de la ciudad.
Vi los parques, arrasados. Las casas, completamente demolidas, y paseé entre los edificios, una vez majestuosos. Ahora en ruinas. Fui a los bares donde la gente se tomaba sus copas antes de salir de noche, y también vi el ayuntamiento. Ese ayuntamiento no era el mejor, tenía sus fallos, pero era un buen lugar. Aún así, no pudo evitar el derrumbe de aquella ciudad. Muchos os preguntareis como una ciudad tan bonita, tan espléndida, pudo haber caído. Como alguien pudo haber ordenado su demolición. Quien sería ese alguien. Ese alguien, diréis, es un cabronazo. No pensó en la ilusión de los que la levantaron, ni de los que vivían en ella.

Sonreí. Encendí un pitillo. Me di la vuelta. Ya había paseado antes por esas ruinas. Pensé en que tiempo después de su demolición, intentaron reconstruirla. El chico. Se lo dijo a la chica, y ella, tras asuntos que ahora no vienen al caso, decidió no hacerlo. El chico se quedó destrozado. Aún se pasea por esas ruinas, fumando. Sí amigos, el chico que construyó la ciudad, junto a la chica, fui yo. El nombre de la chica… os da igual. Quienes me conocen saben cómo se llama.
¿Cómo permití que demoliesen mi ciudad? Es simple. Yo la demolí. Supongo que me cansé, me cansé de vivir ahí. Y la demolí sin preguntarle siquiera a la chica. Bang, adiós ciudad.
Me consta que la chica construyó otros pueblos, efímeros. También me consta que esta ciudad está muerta, es una ciudad fantasma. ¿Por qué quiero reconstruirla, si ella no quiere?
La esperanza es una hija de puta…

Publicado: 14:42 07/07/2010 · Etiquetas: · Categorías:
Apuré mi copa y encendí otro cigarrillo. Intentaba despejar mi mente, sobreponer mis pensamientos al barullo de aquel bar. Me había dejado. Había encontrado a otro que le hacía más feliz. Joder… y aquí estoy yo, en un bar, emborrachándome y fumando. No quería a nadie a mi lado. La única compañía que yo aceptaba era la de la nicotina y el alcohol. Ellos no me hablaban. No me decían que saldría del agujero, que ella no me merecía. Lo único que hacían era darme un poco de sabor.

Me fui a mi casa. Esa noche llovía. Hacía frío y el agua me calaba, pero me daba igual. Cuando recibí la noticia, cuando ella cortó todos los lazos que nos unían, no llovía. Llegué al bar bajo un cielo estrellado, y salí de él aguijoneado por la lluvia y el dolor. Tenía un nudo en la garganta, sólo pude deshacerlo llorando. Doy gracias a que llovía, porque los hombres fuertes no lloran. Es lo que nos enseñan, que no se llora. Una mierda. Llorando me probaba dos cosas: que la quería y que estaba vivo. Mi casa estaba a oscuras. Encendí la luz y fui al baño a ducharme. Seguía llorando. Las lágrimas se mezclaban con el agua caliente y el jabón me recordaba la suciedad que había en mi alma. Fui a la cama a dormir, no quería saber nada del mundo. Sólo quería dormir. “Por lo menos durmiendo no sufres”, me dije. Tardé dos horas en dormirme, no paraba de darle vueltas a la misma idea… ¿Por qué? ¿Qué es lo que hice mal? ¿Qué ha visto ella en el otro, joder? Nada. Ni una respuesta.

Desperté. Eran las diez y media. Encima llegaré tarde al trabajo, y el capataz me echará la bronca. Pasé de ir. No tenía ganas de soportar a ese tío, y menos después de lo de ayer. En lugar de eso, llamé a mis colegas y nos fuimos a comer, a echar el día en la calle. Les expliqué la situación, y ellos me dijeron que la enviara al cuerno. Yo les respondí que no podía, que la quería joder, que ella era la única a la que de verdad amé. Me dijeron que o la mandaba al carajo, o me iba a hundir más. Y no les hice caso. Preferí agarrarme al recuerdo de esos días maravillosos en los que sólo éramos ella, yo y la ciudad. Y me dolía. Tres meses después, ya desesperado, decidí hacer caso a sus consejos, y la borré de mi vida.

Y me costó. Poco tiempo después, volví a saber de ella. El otro tío la había dejado preñada y la había abandonado. Me llamó y me lo dijo, dijo que se había dado cuenta de que me quería, de que me necesitaba a mi lado. ¿Sabes lo que le contesté?

Yo aprendí a vivir sin ti. Aprende tú a vivir sin mi.

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