Hará ya algunos meses, di por casualidad con un título que me sorprendería por su agradable puesta en escena, sus simpáticas voces y animaciones y su sencilla jugabilidad, que no hacían sino adornar un título que prometía engancharme peligrosamente a la consola. Su nombre:
Kurupoto, en japonés, del bueno.

A pesar de que no me enteraba ni un pijo de la historia (el nipón no entraba ni como optativa en mi plan de estudios...), me hizo especial gracia, sobretodo por las voces gritonas del comienzo de cada nivel, así como la simpática voz infantiloide (qué pervertidotes que son estos japos) que anunciaba el título del juego. El juego era un puzle, sin más, de esos de ir colgando piezas por ahí. Pero entre los dibujitos y las voces, se hacía querer.

Hace poco más de un mes, me enteré de que, por fin, los Estados Unidos de América habían, de nuevo, tomado una decisión que cambiaría el rumbo de la Historia: cogieron
Kurupoto y lo transformaron a su imagen y semejanza, eliminándole las voces sin ni tan siquiera molestarse en traducirlas, y cambiándole el nombre por el de
Kurupoto Cool Cool Stars, que quedaba así como japo atontadete, pero en versión yanki. Lo único que me ofrecía el título fue que, por fin, podría enterarme de la simpática y mágica historia de los Kurupotos, así que... me hice con el título y lo jugué.

Y me reafirmo en mi primera impresión: las voces del juego eran la leche de graciosas, y sin ellas,
Kurupoto no es lo mismo.
Yankis go home... y que Dios bendiga a América.
