![]() Tingle dejó que el aire invadiese sus pulmones, cargándose de energía y optimismo. La tarde había caído fugazmente sobre los edificios de la gran capital, y ahora teñía los tejados con un suave tono anaranjado que reflejaba con hermosura los débiles rayos incandescentes de un sol que poco a poco se apagaba. El cerdo salió tras él con calma, taconeando sobre el asfalto con sus diminutas pezuñas negras, y moviendo su hocico en busca de algún jugoso rastro que seguir. El olor a comida y el bullicio del interior de la tasca desaparecieron con el último y decisivo portazo, sumiendo el callejón en la más profunda y relajante calma, aunque brindando un silencio más bien relativo. A lo lejos, aún se podía escuchar el ajetreo de la plaza del mercado, donde los comerciantes estarían cerrando sus puestos y preparándose para disfrutar de una deliciosa cena caliente. Fue dicho pensamiento el que hizo que se diera cuenta de que no tenía ni idea de dónde iba a pasar la noche. “Podría volver ahí dentro y pedir una habitación a cambio de una cantidad obscena de dinero” pensó con resignación, aunque lo cierto era que no le gustaba demasiado el ambiente de la taberna. Ni sus clientes. Y tampoco tenía muchas ganas de aligerar el contenido de sus bolsillos. Se sentó sobre el escalón de piedra, sólo para ser más consciente del suelo que pisaba. No había contado con esa clase de cosas al abandonar su país. Había supuesto que aquellas que le guiaban le darían instrucciones sobre su próximo destino con rapidez, sin darle tiempo a preocuparse de minucias como el hospedaje y los alimentos. “Si llegas vivo a la ciudadela, te embarcarás en una gran aventura”. Esas habían sido exactamente las palabras pronunciadas por la Gran Hada. ¿O había dicho algo más? Tingle no recordaba. La noche en la que se había arrodillado ante el resplandor de la fuente, gimiendo por su incapacidad de pagar el viaje, no era ahora más que un recuerdo borroso. Le habían empujado hacia Hyrule, le habían dado señas. Y, desde luego, le habían guiado hasta allí. La inexplicable transformación mágica del cerdo era una clara señal de que iba bien encaminado (o todo lo contrario). Y sin embargo, ahí estaba, completamente perdido y desorientado en la ciudad más grande y laberíntica de todo el continente, esperando algún tipo de señal divina. Casi sonaba estúpido. Casi. Sintió una perturbación. Un tintineo prácticamente imperceptible, que le erizó el vello e hizo que se le pusiera la carne de gallina. Tingle levantó la vista alarmado, y se golpeó la cabeza violentamente contra el escalón al verse sorprendido por un pequeño visitante. Ante él revoloteaba un minúsculo animal, presumiblemente un insecto, cuyo abdomen irradiaba calor y luz de manera extraordinaria, ocultando la mayor parte de su fisiología. Al batir sus alargadas alas membranosas emitía un interesante trémolo, un sonido que se asemejaba más al tañido de una campanilla que al característico zumbido de una mosca. Tingle contempló a la criatura completamente ensimismado. Incluso su adorable mascota observaba sin moverse lo más mínimo. ¿Era un hada aquella maravilla de la creación? Aunque él nunca había visto a ninguna directamente, se había formado una imagen mental gracias a las historias fantásticas que había escuchado a lo largo de toda su vida. Y dicha imagen mental no distaba mucho de la criatura que ahora se balanceaba juguetona a escasos centímetros de su nariz. Iba a decir algo, a preguntar. Pero la supuesta hada se alejó de él inmediatamente, casi con desconfianza. Tingle permaneció completamente quieto, pensando que volvería a acercarse si esperaba lo suficiente. Pero en lugar de ello, el diminuto ser voló lejos de él, en dirección a una oscura callejuela. El duende no se paró a pensar. Recogió a Cerdo Hucha y salió corriendo tras ella. ¡Esa era su señal! -¡Espera!-gritó desesperado-. ¡Vuelve aquí! La siguió como pudo a través de un callejón húmedo y tenebroso, cargado con un aire viciado, repulsivo y asfixiante. Cuando su pie se sumergió de manera inevitable en un charco, chapoteando en todas las direcciones a su alrededor, sintió cómo su estómago se contraía haciendo amago de vomitar una comida que todavía no había ingerido. Gracias a los grumos, dedujo que aquello de lo que se había empapado no era agua. Pero no dejó de correr, a pesar de que sus pequeñas piernas rechonchas no estuvieran diseñadas para salvar grandes distancias en poco tiempo. No dejó de correr porque no podía permitirse perder la única pista que la Gran Hada había tenido la bondad de dejar en su camino. “¿Por qué huye? ¿Por qué no se limita a decirme dónde tengo que ir?” pensó el desdichado, saltando por encima de una vieja carretilla cargada de heno mojado. “Quizá sea una prueba”. En caso de que eso fuera cierto, tendría que demostrar estar a la altura. A Tingle, que no era el gallo más inteligente del gallinero (ni el carnero más fuerte del rebaño, aunque eso no tenga mucho que ver ahora mismo), no se le ocurrió barajar la posibilidad de que el hada estuviera conduciéndole a algún lugar, y no huyendo de él. Ni siquiera se fijó en que no era mera casualidad que la ruta escogida por la misma atravesara las calles más pobres y vulgares de la ciudad. Las mismas calles en las que la poca luz que llegaba del cielo a la caída del sol se veía filtrada por los densos nubarrones de moscas y mosquitos que las sobrevolaban, y cuyos únicos ciudadanos dormitaban enfermos entre montones de basura, bajo el abrigo de dos o tres chaquetones roídos. Continuó corriendo por un sinfín de avenidas más, todas ellas con el mismo aspecto oscuro y desagradable, hasta que el asfalto embarrado se convirtió en barro asfaltado, y su cuerpo empezó a emanar tras de sí un sobrenatural rastro de olores nauseabundos y fétidos (algunos de los cuales, no obstante, ya le acompañaban desde antes). Fue entonces cuando el hada, que le sacaba una distancia considerable de ventaja, dobló una esquina y se perdió de vista. Apuró al máximo la carrera y trató de torcer en el mismo sitio, pero, sin que él pudiera verlo, alguien que venía corriendo desde el otro lado dobló la esquina en dirección opuesta, ocasionando una inevitable colisión. Sintió con un escalofrío el barro tibio y pringoso bajo su espalda y su trasero, y un agudo dolor en la frente. Furioso, levantó la vista con rapidez para identificar al imprudente individuo que se había chocado con él y soltarle algún improperio antes de que huyera. Cuando lo hizo, se topó con dos relucientes y cautivadores ojos amarillos que, a pesar de no contener pupila, con toda certeza le estaban observando con lo que parecía ser una mezcla de odio y sorpresa. Conocía de sobra el malvado resplandecer de aquellos ojos entornados, seña de identidad de una de las razas menores del continente con la que más había tenido la desgracia de tratar en su reino natal. Por eso no se sorprendió al descubrir que pertenecían a la mirada de un individuo pequeño, encorvado y completamente desproporcionado físicamente, cuyo nauseabundo hedor a humedad y hierba mojada lograba imponerse a la nada agradable peste que se respiraba en aquel suburbio, bajo la gran ciudadela de Hyrule. ![]() __________________________________________________________________________ Si habéis tenido la suficiente paciencia como para terminar de leer el fragmento, agradecería cualquier tipo de impresión o crítica. No espero al postear esto que os introduzcáis de lleno en la historia, porque es un capítulo intermedio y no uno inicial, sino simplemente conocer vuestra opinión acerca de lo que habéis leído. Y, por supuesto, si alguien está interesado en continuar con la lectura, no tiene más que decirlo. ¡Saludos a todo el mundo!
Como ya hace casi dos semanas desde mi última entrada y estoy en plena época de exámenes en la universidad, he decidido dejar los libros de lado un rato y publicar otra de mis entradas musicales, en las que, como algunos ya sabéis, reinterpreto famosos temas de videojuegos con mi querida melódica. Esta vez he preparado un especial de la saga Banjo-Kazooie (una de las franquicias más queridas de Rare), lo que significa que, por primera vez en la historia y sin que sirva de precedente, hoy os traigo tres melodías reinterpretadas de la saga, ¡y todo en la misma entrada! Los temas escogidos han sido el alegre Spiral Mountain (una de mis canciones favoritas por su tono desenfadado, que puede escucharse en el valle en el que viven Banjo y Kazooie), el clásico Gruntilda's Lair (una de las composiciones más célebres de la saga, que sin duda todos vosotros habréis oído alguna vez y suena en la guarida de Grunty, la malvada bruja que desempeña el papel de antihéroe en todos los juegos de la saga) y el frenético Klungo, Minion with a Mission (una canción rápida, animada y realmente difícil de tocar, que se puede escuchar durante las batallas contra Klungo, el esbiro de Gruntilda, en Banjo Tooie). Probablemente no sean mis mejores trabajos (ese título se lo concedo a Pollyanna, I Believe in You, tema que subí hace bien poco), pero estoy bastante satisfecho con el resultado final. Especialmente, teniendo en cuenta que los tres temas han sido realmente complicados de tocar por cuestiones de ritmo, velocidad y separación de notas. ¡Espero que os guste, no olvidéis dejar comentarios! Bueno, esta es mi primera entrada musical del año. Y para inaugurar la sección, nada mejor que una de las composiciones más maravillosas, a la par que populares, de la saga Mother (también conocida como Earthbound), que además fue reinterpretada especialmente para Super Smash Bros Melee (a algunos quizá os suene de ahí).
Estoy hablando, por supuesto, de "Pollyanna - I Believe in you", que esta vez ha sido interpretada con mi melódica nueva, del día de reyes Como de costumbre, el acompañamiento no es mío, sino que lo he extraído de internet. Creo que es, hasta la fecha, mi mejor trabajo. Espero que os guste, y no olvidéis dejar comentarios ^^Publicado: 22:09 05/01/2011 · Etiquetas: · Categorías:
Y no lo digo yo, lo dice Anibalsmith. Y esto es solo entre sus últimos 50 mensajes.
"Tampoco deberías haber opinado sobre estos juegos ya que tampoco demuestras tener mucha idea..." "Eso es una muestra de no tener ni repajolera idea de videojuegos." "O eso o es que una vez más opinas sin saber de lo que hablas" "Porque normalmente no tienes ni idea de lo que hablas." "Otro ejemplo de incapacidad para comprender un simple texto." "Sólo poner esas franquicias al nivel de Mario es no tener ni repajonera idea sobre vídeojuegos, pero ponerlas por encima ya pierde todo calificativo." "Tu lógica es la misma que la de un niño de cinco años" "Si piensas que la elección de las físicas en un juego tiene algo de azar es que no tienes ni idea del tema" "si reduces la masterización de NSMBW a eso es que no tienes ni repajonera idea de lo que hablas." Gracias por otra valiosa lección, Anibal. Hoy vinieron a pasar la tarde a mi casa mis primos pequeños, y después de un buen rato viendo Bob Esponja y otras series de animación que ya empezaban a cansarme, me pareció una buena idea enseñarles algunos de mis videojuegos.
El mayor, de cinco años, ya había estado un rato antes mirando cómo jugaba al Mario & Luigi 3: Viaje al Centro de Bowser en mi DS, pero no lo ha flipado en colores hasta que le he puesto el Donkey Kong Country original (en la consola virtual), y luego el nuevo Donkey Kong Country Returns. Siendo uno de esos niños que no van a ninguna parte sin un par de figuras de plástico de animales, se ha quedado alucinado. Y después de un par de partidas, han querido ponerse a dibujar. Así es como son las estrellas de Nintendo a los ojos de un niño ^^ ![]() ![]() ![]() ![]() |
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